Costumbres por defecto

Publicado por el nov22,2015

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land rover en el monte recortadaDurante mi último año en la universidad accedí, junto con un compañero de curso, a una beca en prácticas para una industria de celulosa en Galicia. El trabajo requería desplazamientos continuos por la región, por lo que nos asignaron un Land-Rover destartalado para los dos meses que duraban las prácticas. El primer día nuestro responsable en la empresa nos explicó el trabajo y acto seguido entregó las llaves del coche a mi compañero, sin molestarse en preguntar si yo también conducía.

Por encima del disfrute de conducir un todoterreno por el monte cuando tienes veintitrés años, llevar el Land-Rover suponía tomar decisiones sobre el itinerario, la hora de salida y de regreso, y marcaba cierto “status” jerárquico ante los trabajadores forestales que habían puesto a nuestras órdenes. Aún siendo consciente de todo esto, nunca le pedí el coche y adopté una postura sumisa por defecto, por temor a un posible conflicto en una asignación profesional donde yo era la única mujer. Y él nunca tuvo la ecuanimidad o la cortesía de ofrecerme conducirlo. Era lo normal.

Hoy, muchos años después de aquello, tengo varios amigos a los que no calificaría en absoluto de  machistas y que valoran a las mujeres en el ámbito laboral, pero que se auto-asignan en exclusiva el coche familiar sin discusión. Sus mujeres conducen un coche “más práctico para la ciudad”, “más fácil de aparcar” y ni siquiera en un viaje de seiscientos kilómetros consienten que ellas les releven al volante durante una hora. Es lo normal.

Hay muchas costumbres “por defecto” similares a la de los coches en las parejas, que no nos cuestionamos ni siquiera hoy. Pequeños detalles que asignan a priori diferentes roles sociales a hombres y mujeres. Cuando mi padre tiene que tomar una decisión referente a sus ahorros, le pregunta sin duda a mi hermano. Cuando nos invitan a cenar, las mujeres nos ofrecemos para ayudar a recoger la cocina mientras el anfitrión ofrece las copas. Pequeños gestos en la oficina que otorgan en un momento a cualquier empleada el papel de secretaria (por ejemplo, hacer el acta tras una reunión). Y podría citar muchos ejemplos  en parejas en las que ambos cónyuges trabajan, respecto a la asignación tácita a tareas relativas al cuidado de los niños. Las cosas normales.

Quizá es esta misma cultura de diferenciación de género por defecto la que  a cambio ha privilegiado a las mujeres para la custodia de los hijos desde que se legalizó el divorcio, para tristeza de muchos buenos padres. Por eso creo que si entre todos ayudamos a cambiarla, el beneficio será también para todos.

Cuestionémonos lo que parece normal.  

 

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Tareas pendientes © DIARIO ABC, S.L. 2015

Puede parecer que las mujeres no encajamos en un mundo laboral que ha sido diseñado por ellos. En realidad, todos somos culpables de seguir los patrones establecidos, empezando por nosotras.Más sobre «Tareas pendientes»

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