Un nuevo trabajo: escribir un blog

Publicado por el Jul16,2015

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Como tantas personas que viven en este país de inmerecida fama de holgazanería, yo también trabajo diez horas al día. Trabajo y más trabajo es lo que ocupa mi mente cinco días a la semana. Así que preparo con entusiasmo cada fiesta, cada fin de semana, cada vacación, como si fuera la última de mi vida.

El verano me inspira especialmente. Cuando llega el calor adoro hacer planes de viajes, buscar una actividad especial con mis hijas (a las que normalmente dedico las sobras de mi tiempo), redecorar esa habitación que ofende a la vista, o hacerme algún tratamiento de belleza. Pero este año he decidido hacer algo nuevo que me libere de la rutina: ¡Voy a escribir un blog!

A primera vista, no parece una idea muy original; muchas personas escriben blogs ¿qué puede tener éste de especial?

Profesionalmente soy un culo inquieto, como vulgarmente se dice, y durante veinte años he cambiado de empleo digamos que… con cierta frecuencia. Y (casi) siempre han sido puestos interesantes, que he buscado cuidadosamente. Cada vez que empiezo un trabajo lo hago con la ilusión de un becario. Nueva función, nuevas caras, nuevos retos y oportunidades. Pero pasan tres años y me ahogo con esa función que ha dejado de motivarme, con las mismas caras cada día, con problemas en vez de retos y con escasas oportunidades. Y de repente, suena un “clic” en mi interior que me empuja a decir adiós y buscar un nuevo trabajo con la misma ilusión con la que empecé el que abandono sin pena.

Y eso ha sucedido desde que empecé con una beca de estudiante en una fábrica de celulosa, antes de incorporarme a una deslumbrante consultora multinacional como programadora, convertirme después en experta en diseño de procesos de negocio en una empresa auditora, más tarde directora de proyectos de organización y sistemas en un grupo de comunicación, especialista de ventas en el gigante del software por antonomasia, directora comercial en una pyme de servicios, hasta gerente de cuentas en mi puesto actual.  Desde la universidad, siete empresas diferentes han pagado mi nómina y todas han dejado poso en mi corazón. Y como a los novios de juventud, las recuerdo con cariño pero sin pena cuando alguna situación, alguna cara, algún flash vuelve fugazmente a visitar mi memoria.

Mis amigos se burlan cariñosamente cuando intuyen el “clic” del cambio. Me aconsejan que no busque más aventuras, que no debo tentar más a la suerte… Así que me repito que debo quedarme donde estoy. Pero no he perdido la ilusión, todavía espero la oportunidad profesional de mi vida, ésa que no hay que dejar escapar. 

Y mientras llega, para evadirme de diez horas al día de clientes, ofertas, viajes y reuniones interminables, escribiré en este blog mis experiencias y las de mis amigas, mujeres trabajadoras en diferentes ámbitos profesionales. Quizá os ayude con alguna idea que podáis aplicar en vuestros trabajos. O quizá este blog sólo sirva para divertirnos y compartir historias de ese lugar donde pasamos la mitad de nuestras vidas a cambio del dinero necesario para la otra mitad.

Así que hoy, al final de mi lista diaria de tareas pendientes, he apuntado con buena letra:

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Puede parecer que las mujeres no encajamos en un mundo laboral que ha sido diseñado por ellos. En realidad, todos somos culpables de seguir los patrones establecidos, empezando por nosotras.Más sobre «Tareas pendientes»

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