La insignificancia de ser un cualquiera en Milán

La insignificancia de ser un cualquiera en Milán

Publicado por el mar 12, 2015

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Debe haber pocas ciudades en el mundo donde los amantes del postureo disfruten tanto como en Milán. Ciudad del Duomo y de la Scala, pero sobre todo lugar para fardar con un Ferrari o, si el faranduleo (perdón, el dinero) no da para tanto, un buen traje de Emidio Tucci que dijo Ramón “El Vanidoso” a la salida del Metro o simplemente unas gafas de sol lo más grandes posibles para así disimular la cara de panoli. Claro que por mucha apariencia y muy digno que uno se ponga, siempre debe existir algo de sustancia por si al viento le da por soplar, levanta las faldas y se quedan al aire las vergüenzas. 

Algo así ha pasado con el AC Milan y el Internazionale. Tanto tiempo presumiendo de pasado para tapar la mediocridad del presente que la ilustre alta sociedad italiana acabó por descubrir el pastel y ahora ya nadie cuenta con ellos para las fiestas a las que acudía Jep Gambardella en La Gran Belleza de Paolo Sorrentino. Lo más grave no es que estén instalados en la media tabla, sino que hace tiempo que dejó de ser noticia que el Inter sea 9º y el Milan 10º.

gambardellaPor ejemplo, este fin de semana a los rossoneri les empató el Hellas Verona en el descuento de San Siro y ningún tiffosi se sorprendió demasiado. A 15 minutos del final, Pippo Inzaghi había retirado a un delantero, Pazzini, para meter a un defensa, Bocchetti, y aguantar un 2-1 que se fue a la mierda. El año pasado se escribió que ambos se quedaban fuera de Champions. Lo mismo ocurrirá este a no ser que el Inter gane la Europa League. Es más: podría ser la primera vez desde la temporada 1970/71 que Milán no tuviera representantes en Europa.

Crisis del fútbol italiano

Milán e Inter acumulan 10 Champions y 36 Scudettos, y son dos de los equipos con más afición del mundo: 6º el Milán con 99 millones, 8º el Inter con 49, según elgoldigital.com. Verdades igual de irrefutables que mirar la clasificación y verles codearse con el Genoa, el Torino o el Palermo. Lejos de la Roma, el Nápoles, el Lazio o la Fiorentina, no digamos ya de la Juventus (a 25 y 26 puntos). Si esto ya sonroja, el pobre nivel del fútbol italiano lo hace más sangrante. Hace años que Alemania les pasó en el tercer puesto del ránking UEFA, quitándoles una plaza de Champions, y tiene pinta de que así se quedará el asunto una buena temporada. Ahora mismo, solo la Juve sigue viva en la Copa de Europa y esa mancha es imposible de disimular por mucho que haya cinco italianos en los octavos de final de la Europa League.

La comparación de la Serie A con la Liga española y la Premier (los otros dos grandes campeonatos de 20 equipos) da idea del nivel de los mejores equipos de cada casa:

- Italia: el Lazio es 3º con 46 puntos en 26 jornadas.

- Inglaterra: el Arsenal es 3º con 54 puntos, aunque en 28 jornadas, y el Southampton es 7º con 49.

- España: el Atlético es 3º con 55 puntos en 26 jornadas y el Villarreal es 6º con 48.

La pasada temporada:

 - Italia: el Nápoles fue 3º con 78 puntos.

- Inglaterra: el Chelsea fue 3º con 82 puntos.

- España: el Real Madrid fue 3º con 87 puntos.

Pero quizás hay dos datos que hablan muy claro de la crisis del fútbol italiano. En la temporada 2006/07, la última en la que un equipo transalpino (el Milán) ganó la Champions, los seis máximos goleadores de la Serie A fueron nacionales. Eran Francesco Totti (26 goles), Cristiano Lucarelli (20), Christian Riganò (19), Rolando Bianchi (18), Gionatha Spinesi (17) y Nicola Amoruso (17). Además, solo cinco de los 20 primeros en la tabla del pichichi eran extranjeros. Hoy sucede al contrario. Los cinco primeros son extranjeros (Carlos Tévez, Mauro Icardi, Gonzalo Higuaín, Jérémy Menez y Paulo Dybala) y el mejor italiano es un joven que en un par de meses cumple 38 años: Luca Toni. El segundo dato, en realidad, es una anécdota. Según una información publicada en enero por La Gazzetta Dello Sport, Carles Puyol, ya retirado del fútbol, tiene más seguidores en Twitter que los 20 equipos de la Serie A.

El mejor símbolo de la travesía por el desierto de Milan e Inter son sus dirigentes. Después de 18 años como mandatario, a finales de 2013 Massimo Moratti se hartó de ser el capitán del barco nerazzurri y le vendió el 70 por ciento de las acciones del club a Erick Thohir, un multimillonario indonesio que también es propietario del DC United de la MLS y los Philadelphia 76ers de la NBA. Moratti fue nombrado presidente de honor, pero solo aguantó un año. En octubre de 2014, dimitió. El dinero se esconde tras la venta, obviamente. Hace una semana se conocía que la UEFA ha amenazado con sancionar al Inter, que solo en las tres últimas temporadas acumula una deuda de 180 millones de euros, por incumplir el Fair Play Financiero. La multa, divulgó la prensa italiana, sería de siete millones, prohibición de hacer fichajes y reducción de 24 a 21 fichas para competiciones internacionales. 

berlusconi¿Y qué decir de “Il Cavaliere” Silvio Berlusconi? Constructor ricachón con sonrisa profident “y tendencia a delinquir”, según la sentencia del caso Mediaset, acabó por comprarse un club de fútbol y fundar un partido político. Vamos, como cualquier español de postín. Bajo su presidencia el Milan ha ganado cinco Champions y los italianos le han convertido tres veces en primer ministro. Pero desde hace unos años, no todo parece ser “bunga bunga”. Condenado en 2013 a cuatro años de cárcel por fraude fiscal, finalmente cambiados por un año de servicios a la comunidad, la sentencia le costó su expulsión del Senado. En Milanello, la sequía de buenos resultados deportivos ha hecho que se resientan las cuentas y rulen los rumores sobre una posible venta de Berlusconi. A finales de enero el club fue el hazmerreír en Italia por vender el autobús del primer equipo para obtener “cash”: 150.000 de la transacción más 200.000 de ahorro en mantenimiento. En febrero la hija de Silvio, Barbara Berlusconi, presentó el proyecto de un nuevo estadio que estaría listo en 2018. Con techo plegable, hotel, restaurantes y capacidad para 48.000 personas, costaría entre 300 y 320 millones de euros. Pero hace unos días, La Gazzetta dello Sport contaba que Silvio habría aceptado una oferta de 250 millones de euros del empresario tailandés Bee Taechaubol por el 30 por ciento del club. Veremos. 

Desde luego, poco o nada queda de las últimas plantillas de éxito de ambos equipos. Del último Scudetto ganado por el Milan en 2011 solo hay cuatro: Abbiati, Abate, Bonera y Pippo Inzaghi, ahora entrenador. Peor es el Inter: de los 14 futbolistas que jugaron la final de Champions en 2010 ya no sigue ninguno. La retrospectiva es un buen punto de partida para entender el ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

AC Milan: Una decadencia progresiva

- Máxima explotación de una generación de oro: el Milan jugó tres finales de Champions entre 2003 y 2007 (ganó esas dos y perdió la de 2005) con una columna vertebral que cualquier aficionado al fútbol repetía de memoria. Futbolistas extraordinarios que los rossoneri explotaron hasta el final de su carrera deportiva. Cuando abandonaron el equipo Costacurta tenía 41 años, Maldini 40, Inzaghi 38, Cafú 37, Dida, Seedorf y Nesta 36, Ambrosini 35 ó Gattuso 34.

- Fichajes pasados de vuelta: la retirada de la generación de oro fue una oportunidad para rejuvenecer el plantel y volver a armar un equipo competitivo a medio plazo. No se aprovechó. Se optó por fichar a futbolistas veteranos que, por muy “estrellas” o “estrellados” (caso de Robinho) que fuesen, ya habían dado su mejor nivel. Estos son: Ronaldinho, Beckham, Van Bommel, Cassano, Yepes o los más recientes De Jong, Essien o Álex. Incluso caben Shevchenko y Kaká, que después de ser Balón de Oro e irse con un traspaso millonario al Chelsea y el Real Madrid, donde no estuvieron a la altura, emborronaron su imagen de rossoneri con un regreso que acabó por ser una decepción. 

- Nulo acierto con las promesas: no se caracteriza el Milan por su buen ojo a la hora de reclutar futbolistas jóvenes acordes a la categoría del club. La lista de proyectos fallidos es conocida. Yoann Gourcuff, Kevin-Prince Boateng, Adel Taarabt, el español Dídac Vila… o Alexandre Pato, que si bien no dio mal rendimiento (su tope en Serie A fueron 15 goles), apuntaba mucho más de lo que ahora, en la plenitud de sus 25 años, es: un buen delantero del campeonato brasileño. En la actualidad Suso y Van Ginkel tienen la oportunidad de cambiar el mal fario histórico. Por detrás viene Hachim Mastour (1998), italiano de padres marroquíes que el año pasado, con 15 años, fue convocado por Seedorf para un partido ante el Sassuolo, aunque no debutó. 

shevchenko-kaka- Sin portero y sin delantero: las dos posiciones más importantes en el fútbol han estado pésimamente gestionadas por el Milan. Desde la marcha de Dida y hasta la llegada de Diego López (camino de los 34 años, conviene no olvidarlo), el portero que más ha jugado con los rossoneri es Christian Abbiati. En cuanto a los puntas, con la excepción de Ibrahimovic, el catálogo asusta: el mencionado Robinho, Gilardino, Borriello, Maxi López, Matri… La nómina actual reúne más talento (Cerci, Destro, El Shaarawy, Honda, Pazzini y Ménez) y sin embargo no deja de resultar paradójico que el máximo goleador, Ménez, no es un delantero puro. 

- Entrenadores de la casa no funcionan: desde la marcha de Ancelotti, que fue jugador milanista, el club se ha parapetado en la misma idea para repetir éxitos. Han pasado Leonardo, el interino Tassotti, Seedorf y ahora Inzaghi. Ninguno ha funcionado. Curiosamente Massimiliano Allegri, el único sin pasado rojo y negro, fue el que más aguantó en el cargo (tres años y medio) y el que ganó la única liga (2011) desde 2004. Tras su destitución en enero de 2014, Allegri fichó en verano por la Juventus y es líder destacado. 

- Hartazgo de los mejores de una plantilla mediocre: en los últimos años el Milan ha tenido a algunos de los mejores futbolistas del mundo, que acabaron huyendo viendo el erial que les rodeaba. Ibra y Thiago Silva cambiaron Milanello por París; Pirlo se fue a la Juve y va camino de su cuarto Scudetto seguido. Los rossoneri, salta a la vista, no acertaron con sus sustitutos: Mexes, Zapata, Bocchetti, Aquilani, Montolivo, Bonaventura… Pero menos se entiende aún que no hayan sido capaces de atraer a ningún buen centrocampista del Calcio: Pogba, Vidal, Pjanic, Hamsik, Biglia o Borja Valero. 

Inter: Una planificación lamentable

Al Inter siempre le ha acompañado cierto gafe, cuyo símbolo se relata el 5 de mayo de 2002. Última jornada de Serie A, los nerazzurri llegan líderes con un punto de ventaja sobre la Juve y dos sobre la Roma. Además el Inter visita a la Lazio en el Olímpico, con lo cual parece previsible que los locales no opongan mucha resistencia por aquello de poder dar el título al vecino y máximo rival. Y así parece discurrir el partido con el 0-1 y el 1-2. Pero justo antes del descanso Poborsky vuelve a empatar y en la segunda parte ocurre la hecatombe con el 3-2 de Simeone, un exinterista, y el postrero 4-2. La Juve gana cómodo en Udine (0-2) y acaba celebrando un Scudetto que no esperaba. El círculo lo cierra Héctor Cúper, entrenador del Inter, que aquel día perdió su quinta “final” en cuatro años, tras las dos de Champions con el Valencia y las de Copa y Recopa con el Mallorca. 

La anécdota viene porque dos años antes a la Vecchia Signora le había sucedido lo contrario: llegó líder a la jornada 34, perdió 1-0 en Perugia y regaló el título a la Lazio. Uno de los defensas del Perugia era Marco Materazzi, villano oficial del reino. En aquella tarde de Perugia, al parecer Materazzi habría actuado con “poco respeto” hacia los futbolistas de la Juve y Antonio Conte, hoy seleccionador italiano, se la guardó a fuego lento. Por eso en cuanto el 5 de mayo de 2002 a Conte le pusieron un micrófono, dijo: “Esto es para la decepción de Perugia y alguien que lo estaba observando…”. Materazzi se dio por aludido y respondió: “Conte debe comprarse una peluca con el bono del campeonato”. Y el juventino cargó de nuevo: “Me gustaría recordar al señor Materazzi que nadie usa ya pelucas. Usted puede tener ahora un trasplante de cabello, pero por desgracia para él todavía no existen trasplantes de cerebro“. 

En 2003, el cenizo continuó en las semis de Champions. Milan e Inter jugaron un doble “derbi della Madonnina” que se decidió para el Milan por el valor doble de los goles fuera de casa (0-0 y 1-1)… ¡a pesar de que los dos partidos se jugaron en el mismo estadio: el Guiseppe Meazza! Ya en 2006 el Inter rompió 17 años de sequía liguera, pero no lo pudo celebrar porque el campeonato se decidió en los despachos al estallar el “Moggigate” (había acabado 3º ese año). Eso sí, sería el inicio de una racha de cinco Scudettos seguidos. 

En cualquier caso y más allá de las ciencias ocultas, otras razones plausibles que explican el desconcierto actual son: 

mancini- Imposibilidad de juntar un bloque: desde 1995, cuando Moratti llegó a la presidencia, el Inter acumula 19 entrenadores distintos. La media es de casi uno por año y eso que Roy Hodgson, Luciano Castellini y Roberto Mancini han repetido. Obviamente, tanto cambio impide que el equipo tenga una identidad y un estilo definido. Por ejemplo, esta temporada empezó Walter Mazzarri y su innegociable 5-3-2. En noviembre le echaron, llegó Mancini y cambió el esquema. El que ahora parece más asentado es el 4-3-1-2 con Shaqiri por detrás de los delanteros. 

- Fichajes sorteados en una tómbola: la UEFA acecha al Inter por incumplir el Fair Play Financiero y si hubiera un premio a la indecencia deberían dárselo todos los años. En el verano de 2009, antesala de la temporada del triplete, se vendió a Ibrahimovic por 69,5 millones, que se invirtieron en cinco futbolistas clave: Diego Milito, Eto’o, Sneijder, Motta y Lucio. Desde entonces, su política de venta y compra es lamentable. La sensación es que no existe criterio. Los 37 millones que recaudaron el verano de 2010 por Balotelli y Burdisso se invirtieron en Ranocchia y Pazzini; se pagaron 12 kilos por Álvaro Pereira y 10,5 por Ricky Álvarez, que en dos años abandonaron el equipo, mientras que Nagatomo (4,5) y Kuzmanovic (1,2) llegaron a precio de saldo y hoy gozan de muchos minutos; se dejó ir a Coutinho por 10 millones, a Sneijder por 7,5 y a Maicon por 3,75. De las últimas compras, solo Mauro Icardi (12 millones) parece realmente un gran fichaje. 

Mourinho fue un accidente: el entrenador portugués solo estuvo dos temporadas en el Inter (2008/09 y 2009/10) y ganó cinco títulos, entre ellos la Champions 45 años después. Su periplo parece más un accidente (suceso imprevisto que altera la marcha normal o prevista de las cosas), que una consecuencia lógica del trabajo bien hecho por el club durante años. De hecho, cinco de los futbolistas que saltaron al césped del Bernabéu el 22 de mayo de 2010 habían llegado el verano anterior y seis de ellos (más Mou) ya no estaban en el Inter dos años después. 

 

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