Cuando el fútbol derriba fronteras

Cuando el fútbol derriba fronteras

Publicado por el mar 2, 2015

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«Realmente debe odiar este trabajo, Salapu», dice el comentarista en un momento dado del partido que enfrenta a Nueva Caledonia y Samoa Americana en los Juegos del Pacífico 2011. Un partido que acaba 8-0 y en el que Salapu es Nicky Salapu, portero de Samoa Americana. El partido no tiene nada de especial. Es una más de tantas derrotas de los samoanos, que en los mismos Juegos también pierden con Islas Salomón, Vanuatu, Tuvalu y Guam. Sin embargo aparece en «Next Goal Wins» (algo así como: «el que marque el siguiente gol gana»), un documental estrenado el año pasado, poco antes del Mundial, que en su adaptación al español se renombró como «El peor equipo del mundo». Porque, efectivamente, en el momento de empezar el rodaje (2011) Samoa Americana tenía tal honor. Un reconocimiento ganado con todo el rigor que dan 17 años perdiendo todos los partidos. Apología del pagafantismo de manual.

Hasta que Mike Brett y Steve Jamison decidieron rodar «Nex Goal Wins», a Samoa Americana solo le habían prestado atención una vez fuera de su casa. Sucedió el 11 de abril de 2001 en el International Sports Stadium de Coffs Harbour, Australia, y ocurrió lo mismo que si a Andrés Pajares le dejas un autobús lleno de suecas en la playa de Benidorm: 31-0. Los «socceroos»  lograron la mayor goleada de la historia y eso que se tomaron diez minutos para hacer el primero. Aquello fue tan gore que provocó un seísmo futbolístico cuyas consecuencias llegan hasta la actualidad: Australia no habría ganado la última Copa de Asia sin el bukkake de 2001.

Aquel partido pertenecía a la fase de clasificación del Mundial 2002 y ni samoanos ni australianos contaron con sus mejores futbolistas. En el segundo caso por tener una pequeña deferencia con el contrario; en el primero por pura falta de logística. Los mejores samoanos (los menos malos, se entiende) tuvieron problemas con los pasaportes y no viajaron a Coffs Harbour. El cuerpo técnico tampoco pudo tirar de la generación sub-20 porque era época de exámenes, así que se reclutó a tres chavales de 15 años y Samoa Americana formó un equipo con 18 años de media. No había más donde elegir.

archie-thompsonMientras en Australia, solo Kevin Muscat, Craig Moore y Tony Vidmar repetirían en el once que siete meses después se quedaría a las puertas de acudir al Mundial de Japón y Corea del Sur. Ese 11 de abril Archie Thompson, un delantero cuyo mejor bagaje en Europa fueron los 11 tantos con el Lierse belga en la temporada 2004/05, estableció el récord Guinness de goles al marcar 13 de los 31. Thompson, que en realidad nació en Nueva Zelanda (Otorohanga, 1978), aún juega en la liga australiana y es su pichichi histórico.

Temarii llevaba razón

El Australia-Samoa Americana fue el Big Bang que sacudió al mundo, pero en realidad toda aquella fase de clasificación oceánica era un botarate. Algo así como encender la play y echar un campeonato al FIFA en modo amateur. Además del 31-0, Australia humilló a Tonga (22-0) y a la otra Samoa (11-0). En cambio los teenagers de Samoa Americana volvieron a su isla con un zurrón de 57 goles: a la paliza australiana se sumaron las que les dieron Fiyi (13-0), Samoa (8-0) y Tonga (5-0). Australia luego ganaría fácil a Fiyi y Nueva Zelanda para estrellarse, como casi siempre, cuando ya veía la meta: en la repesca con el quinto del grupo sudamericano, que en 2001 fue Uruguay. Otra vez a las puertas del Mundial. Otra vez a una sola eliminatoria que, no nos engañemos, era como el Muro de Berlín. Como pasar de repartir pizzas en moto a ser uno de los frikis elegidos para colonizar Marte. Más chungo aún: como jugar en campos de tierra con olor a panceta y ese sudor frío que te entra cuando te presentas sin acostarte y ser el nuevo maromo de Irina Shayk. Una utopía. Ficción solo reservada para los sueños más húmedos.

Ahora puede parecer obvio que el 31-0 no era un domingo cualquiera y, sin embargo, no fue más que la constatación de algo evidente. La diferencia entre Australia y sus rivales en el continente era abismal. La geografía, aunque exagerada, sirve para hacerse una idea: Samoa Americana, un territorio no incorporado de Estados Unidos (como Puerto Rico o Islas Vírgenes), tiene 200 kilómetros cuadrados y 55.000 habitantes; más de 38.000 samoas (y unas 15 españas) hacen falta para completar los 7.692.024 kilómetros cuadrados australianos.

australia-emolA priori estas grandes desigualdades son una ventaja porque siempre ganas, pero ocurría lo contrario. Australia estaba estancada. De nada le servía arrasar en Oceanía si la FIFA no asignaba al continente una plaza fija para el Mundial. No podía mejorar porque no podía competir con selecciones de su nivel. Oceanía era demasiado poco, Sudamérica era mucho. Así que tras el 31-0 y la  posterior decepción al perder con Uruguay, Australia pidió cambiar de confederación e irse a jugar a Asia. Sorprendentemente, la cosa cuajó. Los asiáticos aceptaron y la confederación oceánica incluso le allanó el terreno al entender que el cambio «ayudará a desarrollar más el fútbol en Australia» y «al mismo tiempo abrirá muchas oportunidades para otros miembros», dijo en abril de 2005 Reynald Temarii, entonces presidente de la confederación oceánica. Y efectivamente el 1 de enero de 2006 Australia pasó a Asia.

Ahora, casi diez años después, resulta que Temarii llevaba razón. Australia ha estado en los tres últimos Mundiales (bien es cierto que para el 2006 todavía hizo la clasificación en Oceanía), y en las tres Copas de Asia en las que ha participado ha ido «in crescendo»: cuartos en 2007, final en 2011, campeón en 2015. Quizás sus mejores jugadores de ahora (Tim Cahill, Mathew Leckie, Robbie Kruse o Massimo Luongo) no son tan conocidos como hace diez o quince años lo eran Mark Schwarzer, Harry Kewell o Mark Viduka, pero parece claro que el nivel de la selección ha subido. 13 de los 23 futbolistas que estuvieron en la reciente Copa de Asia, celebrada por cierto en Australia, juegan en Europa. Y la liga local se profesionalizó con el cambio de confederación. Ahora se llama Hyundai A-League y tiene un sistema como el de la MLS americana. Hay 10 franquicias (una de ellas, los Wellington Phoenix, de Nueva Zelanda), no existen ascensos ni descensos y la temporada, que va de agosto a abril, se estructura en 27 jornadas de liga regular y play-off con los seis mejores. De momento, de la Hyundai A-League solo se habla cuando capta a una gran estrella. La última, David Villa. Pero antes también estuvieron Dwight Yorke, Emile Heskey o Alessandro Del Piero.

Historias románticas que no venden

Australia ha ido a mejor y el resto de equipos oceánicos también. Nueva Zelanda jugó el Mundial de Sudáfrica 2010 y Tahití la Confederaciones 2013, aunque conviene matizar: el mejor de Oceanía ya no se cruza en la repesca con el quinto de Sudamérica; en 2010 fue con el quinto asiático y Nueva Zelanda ganó a Bahréin, en 2014 fue con el cuarto de la Concacaf y Nueva Zelanda perdió con México.

A raíz del 31-0, el sistema de competición oceánico igual se modificó. Esa fase de clasificación era la primera pura, sin jerarquías, en la que todos los aspirantes al Mundial debían ganar los mismos partidos para clasificarse. Vistos los resultados, fue primera y última. Hasta entonces a los dos gigantes, Australia y Nueva Zelanda, se les había agrupado en Asia; de forma un tanto sui géneris con países repudiados o no reconocidos en su zona, casos de Israel y China Taipéi; o se les había eximido de la primera ronda. Tras el fracaso de 2001 y la salida de Australia, la confederación oceánica volvió a ese sistema. En la última fase de clasificación, la del Mundial Brasil 2014, hubo tres rondas y en la primera solo participaron los cuatro peores equipos del continente y quizás del mundo. Samoa Americana entre ellos, por supuesto.

De aquella primera ronda también se nutre «Next Goal Wins». Se organizó en Apia, capital de Samoa que no llega a los 40.000 habitantes, entre el 22 y el 26 de noviembre de 2011. Además del anfitrión y de Samoa Americana, estaban Islas Cook y Tonga. El documental cuenta la historia de Jaiyah Saelua, que bien podría calificarse como el primer transexual que juega una clasificación al Mundial; de Thomas Rongen, un holandés que fue el entrenador elegido al ser el único que presentó la solicitud a la oferta de trabajo que publicó la federación de fútbol estadounidense; o de Ramin Ott, que era «marine» en EEUU y jugó para el país de sus antepasados, en el que nunca había estado.

Pero sobre todo cuenta cómo el peor equipo del mundo al fin ganó su primer partido. Samoa Americana venció 2-1 a Tonga el 22 de noviembre, goles de Ott y Shalom Luani, y aquello tuvo menos revuelo internacional que el 31-0. Por cierto, que Nicky Salapu reescribe el «tócala otra vez, Sam» de Casablanca cuando al final del metraje suplica volver a jugar contra Australia. «Quiero retarlos, una vez más. Antes de morir», dice. El final de aquella primera ronda fue romántico de verdad, de esos en los que la chica muere justo antes de llegar al altar. Después de ganar el primer partido, Samoa Americana empató con Islas Cook y, como solo uno pasaba a la siguiente ronda, se jugó el pase en el último encuentro ante Samoa. Y perdió sí, pero en el minuto 89 con un gol que a Salapu se le coló entre las piernas y tras haber tenido una ocasión clarísima que rebotó en el poste. «Un final digno de Hollywood», tituló el portal de la FIFA y tampoco apenas tuvo eco porque las historias románticas con final triste nunca han vendido.

Más fronteras derribadas

El cambio de Australia a Asia no es el único movimiento sísmico del fútbol. Aquí otra serie de ejemplos:

- Israel: ha pululado por tres continentes y solo se ha clasificado para un Mundial, el de México 1970, desde que en 1948 jugara su primer partido. Los motivos de tanto meneo son políticos, claro. En 1964 organizó y ganó la Copa de Asia, pero en la década siguiente fue expulsado de esta confederación por el eterno conflicto árabe. De hecho, pasaría 20 años sin estar adscrito a ninguna confederación, aunque la FIFA le organizó un apaño en ese tiempo y varias clasificaciones al Mundial las jugó en un curioso grupo con Australia, Nueva Zelanda y China Taipéi. Desde las eliminatorias para el Mundial de EEUU 1994 juega y pertenece a la UEFA.
palestina-efe- Palestina: la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) dice que 135 países reconocen a Palestina como Estado. Entre ellos no está Estados Unidos y eso hace que la ONU diferencie a Palestina como Estado observador y no de pleno derecho. La selección de fútbol fue aceptada en 1998 por la FIFA. Sin embargo, no pudo jugar de local hasta 2008 en un partido ante Jordania que acabó en empate a uno y al que acudió Joseph Blatter. «Puedo decirles que el fútbol nos brinda esperanzas», declaró entonces el presidente de la FIFA. El 30 de mayo de 2014 fue un día histórico para Palestina, que ganó 1-0 la final de la AFC Challenge Cup a Filipinas. El torneo, que enfrenta a las ocho peores selecciones del continente, otorga una plaza para la Copa de Asia al campeón. Así que hace unas semanas, Palestina compitió con selecciones como Japón, Jordania o Irak. Perdió, eso sí, los tres partidos.

- Gibraltar: la carrera para ser reconocida por la UEFA empezó en 1997, aunque el organismo no aceptó su solicitud hasta 2013. En la decisión influyó que dos años antes el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) fallara a favor de Gibraltar. España no está de acuerdo con la UEFA y esta ha decidido que las dos selecciones no se puedan enfrentar. El primer partido de Gibraltar fue un amistoso contra Eslovaquia que acabó con empate a cero en noviembre de 2013. El 7 de septiembre de 2014 jugó su primer partido oficial ante Polonia (0-7) en la fase de clasificación a la Eurocopa de 2016. Ambos choques se disputaron en Farro, en el Algarve portugués, porque el Peñón no tiene ningún estadio que reúna las condiciones mínimas para este nivel. La FIFA aún no reconoce a Gibraltar.

- Kosovo: la FIFA reconoce a esta selección desde el 5 de marzo de 2014 cuando jugó un amistoso contra Haití en Mitrovica, al norte del territorio kosovar. El partido acabó con empate a cero y la FIFA prohibió a Kosovo izar su bandera y cantar su himno.

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