Jonathan Soriano y los cuentos que parecen (y no son) de hadas

Jonathan Soriano y los cuentos que parecen (y no son) de hadas

Publicado por el ene 14, 2015

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Jonathan Soriano Casas (Rocafort y Vilumara, 1985) ha sido el tercer máximo goleador de 2014 con 55 goles en 52 partidos, solo por detrás de los dos colosos Cristiano y Messi, pero la primera vez que el aficionado tipo oyó hablar de él fue el 17 de junio de 2005 cuando se jugó un España-Honduras, en apariencia intrascendente, que acabó por ser extraordinario. Mundial Sub-20 de Holanda, España había ganado cómodo sus dos primeros partidos a Marruecos y Chile, mientras que los centroamericanos ya estaban eliminados. Era el típico día, pues, en el que los suplentes dan descanso a los titulares (los Fernando Llorente, David Silva, Cesc Fábregas o Juanfran Torres) y justifican su presencia en el campeonato. Soriano, al que entonces apodaban «Jona», tenía por fin 90 minutos. Que dieron para ‘muuucho’: marcó un bonito gol de vaselina y con el partido agonizante el meta Roberto, que poco antes había sustituido a Manu, hizo penalti y le expulsaron. Sin poder hacer más cambios, «Jona» se puso los guantes y le paró el chut al pobre hondureño Ramón Núñez, al que «se le vino el mundo encima y marchó del campo llorando desconsoladamente». La crónica distribuida por Efe lo clavó: «¡Viva Honduras y Jonathan!».

Unos días después, España se despidió del torneo al caer en cuartos de final 3-1 con una brillante Argentina (a la postre campeona), liderada por un pequeño mocoso llamado Lionel Andrés Messi Cuccittini. A «Jona» le dieron cancha los últimos 15 minutos del choque y aquella fue también la primera vez que se cruzó su camino y el de Leo. Casi cuatro años después, el 29 de enero de 2009, otros cuartos de final pero de Copa del Rey, les volvió a medir. Messi era el mejor futbolista del mejor Barça de la historia y, de hecho, acabaría 2009 con el primero de una serie de cuatro Balones de Oro. Pero esta historia la sabe todo el mundo, qué voy a contar.

soriano2La de Jonathan, quizás no. Aquel día, victoria y pase a semis del Barça 3-2 con doblete de Bojan Krkic, portó por primera vez el brazalete de capitán del Espanyol. ¿La cima en una historia de éxito? Ni mucho menos. Porque ese partido también fue el último de Jonathan con los «pericos». Semanas después defendía la camiseta del Albacete en Segunda División. Tercera cesión en tres años (Almería y Polideportivo Ejido, antes), ninguna con un resultado positivo. Por cierto que en Albacete coincidió con Diego Costa, otro del club de amigos de las cesiones.

Cuando llegó el verano, el Espanyol le dio la baja y Jonathan tocó fondo. Había debutado con 17 años, el 1 de diciembre de 2002 en un partido de victoria fácil ante el Rayo (3-1); el 10 de abril de 2005 hizo su primer tanto en Liga (al Sevilla) y desde el primer momento se le colgó el sambenito de heredero de Raúl Tamudo. Al fin y al cabo, había maravillado con las inferiores, lo que le sirvió para ser internacional Sub-17, Sub-19, Sub-20 y Sub-21 (con esta selección hizo siete goles en cuatro encuentros, probablemente un récord).

El de los 15 minutos

Pero los años pasaban y Jonathan no terminaba de asentarse en el primer equipo. Cesiones aparte, desde 2002 hasta 2009 solo una temporada, la 2007/08, jugó un número de partidos aceptable: 27 en Liga, aunque solo ocho de titular. «Pasé muy buenos años en el Espanyol, allí me formé como futbolista. Pero en el momento de dar el salto me faltó esa persona, ese entrenador que me diera la confianza que necesitaba. No la tuve, no tuve a nadie que me diera esos partidos en Primera y me hiciera disfrutar, y está claro que un jugador con segundas partes, veinte o quince minutos, lo tiene muy difícil para explotar», declaró el susodicho en una entrevista con Panenka en noviembre. Miguel Ángel Lotina y Ernesto Valverde fueron los entrenadores que no le dieron esa confianza. Y Jonathan, aquel verano de 2009, pensó que tal vez no era tan buen futbolista como le habían cantado a la oreja desde chico. «Cuando terminó la última cesión en el Albacete, me vi muy mal. El Espanyol me dio la baja y en aquel momento me encontré sin ofertas. Me sentí muy solo, únicamente apoyado por la familia. Estaba mal. Ya pensaba en abandonar, en buscar un trabajo lejos del balón, en colgar las botas. Entonces se interesó el Barça y ni me lo pensé», le contó a El Periódico en junio de 2011.

soriano1 La única pega es que no era el Barça de Pep Guardiola, sino el filial. A punto de cumplir los 24, jugar en Segunda B podía entenderse como una humillación o como una oportunidad. Jonathan prefirió pensar en positivo y pensó bien. Por supuesto llegó gratis y con un crédito limitado: un año de contrato. No defraudó. En un equipo que hoy podría ser perfectamente una plantilla competitiva en Primera (estaban Montoya, Fontás, Bartra, Sergi Roberto, Oriol Romeu, Thiago Alcántara o Nolito), marcó 22 goles y el filial ascendió. La siguiente temporada fue aún mejor: 32 goles y pichichi de Segunda División con un filial que quedó tercero, la mejor clasificación de su historia. El entrenador que sí le dio confianza a Jonathan fue Luis Enrique. Curiosamente el mismo que ahora se dice que polemiza con Messi. Otra vez los caminos que se cruzan. ¿O es el karma?

Así que en el verano de 2011 la partida había vuelto a empezar. Jonathan Soriano era un proyecto de gran futbolista, aunque ya no tenía 17, sino casi 26. Además no era el Espanyol, era el Barça. El Barça que meaba colonia. Jonathan empezó la pretemporada con el primer equipo, pero como el destino dicen que es inescrutable a finales de julio se lesionó el ligamento de la rodilla derecha en un partido amistoso de la Copa Audi ante el Bayern de Munich. Tres meses de baja. Adiós primer equipo, hola de nuevo señora angustias.

Por qué los cuentos pocas veces son de hadas, por mucho que así los contemos los periodistas, el mismo Soriano aclaró en Panenka: «en ningún momento pensé en ir al Barça B para tener un futuro con el primer equipo». En realidad, era más sencillo. «Este año ha sido el del convencimiento de que yo puedo vivir de esta profesión. Que no, que no dejo el fútbol, que valgo para esto», le dijo a El Periódico antes de ese verano de 2011. Otra vez la confianza, vaya. Cuando volvió a jugar, la gente ya iba al campo con abrigo y enseguida llegó el mercado de invierno. Era el momento de partir. Salzburgo, el destino por una cantidad que no llegó al millón de euros (entre 500.000 y 800.000 depende de la fuente).

Para entender esta decisión de Jonathan, cambiar el Barça por Austria, primero hay que conocer el contexto…

Un par de ovnis en la campiña austriaca

Durante los últimos 250 años Salzburgo ha sido la «ciudad de Mozart»y es probable que los próximos 250 sea la ciudad de Red Bull. La sede central de la compañía de bebidas energéticas se sitúa en Fuschl am See, un pueblecito de 1.500 habitantes al este de la ciudad. «Esto parece como si un par de ovnis hubiesen aterrizado en la campiña austriaca», escribió el Der Spiegel alemán en un extenso reportaje titulado «Un imperio con alas». Porque Red Bull, queda claro a estas alturas de velada, no es solo una empresa que vende bebida. También es sinónimo de patrocinio deportivo. No obstante, se gasta en ello alrededor de 300 millones de dólares anuales. Dos ejemplos: el récord de Félix Baumgartner al tirarse desde la estratosfera costó 30 kilos, mientras que buena parte de los cuatro campeonatos de Fórmula 1 que ha ganado Sebastian Vettel habría que dárselos a la compañía pues financió su carrera desde que tenía 11 años. Y son solo las dos caras más visibles de entre los más de 400 deportistas de numerosas disciplinas a los que mete pasta. Entre ellas, no podía faltar, el fútbol.

Red Bull es propietario de cinco clubes en cuatro confederaciones distintas. Está el New York Red Bulls, que es el antiguo MetroStars y que antes compartía estadio con los Giants de la NFL, yardas incluidas. En cambio, ahora juega en el Red Bull Arena, pagado por la multinacional, por el que en los últimos años han estirado sus carreras Rafa Márquez o Thierry Henry. Está el RB Leipzig (oficialmente RasenBallsport por aquello de que Alemania prohíbe los patrocinadores en el nombre del club), que en cinco años ha pasado de estar en quinta división a pelear por subir a la Bundesliga. Al parón invernal, el RB Leipzig ha llegado séptimo, a cuatro puntos del segundo y siendo el equipo menos goleado de la categoría. Está el Red Bull Brasil FC, ubicado en Campinas, 90 kilómetros al norte de Sao Paulo, y que en 2014 subió a la primera división del campeonato estatal paulista. A partir de febrero pasará a competir con Botafogo, Coritiba, Palmeiras, Santos o Sao Paulo. Está el Red Bull Ghana, donde más que el primer equipo, el objetivo es ser una de las mejores canteras del país.

estadioY está la joya de la corona: el Red Bull Salzburgo. En abril de 2005, la multinacional compró el cien por cien de las acciones del Austria Salzburgo y a sus aficionados no les debió sentar muy bien porque unos meses después, en septiembre, fundaron su propio S. V. Austria Salzburgo, ahora en categorías regionales. Iñaki Bea, aquel defensa del Valladolid o el Murcia que igual jugó en Austria (Wacker Innsbruck), lo explicaba hace unos años en El País. «El club tiene muchísimo dinero y se nota en un montón de detalles. El estadio, por ejemplo, es un espectáculo. Los focos iluminan una barbaridad, la hierba está cuidadísima…», peeero «la gente no se identifica con ese equipo, le ven como algo soso, insípido. Están más volcados con el Austria Salzburgo, que recoge el espíritu del club histórico de la ciudad».

El Red Bull es Goliat, el Barça o el Madrid de Austria, el que está obligado a ganar siempre, ya que si no la temporada es un fracaso (hay que ver con que ligereza se utiliza esta palabra en el deporte). Un dato: los dos últimos entrenadores, Ricardo Moniz y Roger Schmidt, abandonaron el equipo después de conseguir los dos únicos dobletes de la historia del club (2012 y 2014). Aunque bien es verdad que Schmidt lo hizo para dar un salto: ahora entrena al Bayer Leverkusen. Desde la llegada de Red Bull, Salzburgo ha celebrado cinco Bundesligas y nunca se ha bajado del segundo puesto. El año pasado batió un récord al ganar el título con ocho jornadas de margen: al término de la fecha 28, el Red Bull sumaba 70 puntos por los 43 del Grodig.

Este año la diferencia sin ser tan abrumadora, vuelve a ser destacada. En pleno parón invernal (en Austria, una liga de diez clubes a cuatro vueltas, se para dos meses: desde mediados de diciembre a mediados de febrero), el Red Bull suma 38 puntos por los 30 del Wolfsberger y el Altach. Y si hablamos de goles, casi dobla al segundo: 57 por los 31 que acumula el Rapid. La desigualdad con el resto se expande por toda la estructura deportiva. En la cúspide de la pirámide aparece Gérard Houllier, ex del Liverpool y director deportivo de los cinco equipos Red Bull. Justo debajo Ralf Rangnick, ex del Schalke 04, que solo se encarga de la dirección en Europa. La actual plantilla del Salzburgo tiene futbolistas de 13 países. Futbolistas más que interesantes que se anudan la servilleta al cuello y se frotan las manos para ponerse las botas cada vez que saltan al césped (Alan Carvalho, Massimo Bruno o Martin Hinteregger, entre los más destacados), y otros cuyo paso por el club les valió un buen fichaje: Sadio Mané al Southampton o Kevin Kampl al Borussia Dortmund.

Los resultados en Austria hacen que la IFFHS (Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol) les haya situado como décimo mejor equipo del mundo en 2014. Sin embargo, su actuación en Europa es francamente mejorable. Con el sello Red Bull aún no ha jugado la fase de grupos de la Champions (este verano estuvieron muy cerca, el Malmoe les echó en la última eliminatoria) y en la Europa League lo más reseñable son los octavos de final del último curso (les eliminó el Basilea). En cualquier caso, muy lejos de aquella final de la Copa de la Uefa en 1994 ante el Inter de Milán de Dennis Bergkamp.

Una estadística escandalosa: 112 goles en 126 partidos

Ahora sí ya podemos: sabiendo lo largas que debían hacerse las temporadas de banquillo y cuartito de hora al final, aquellas cesiones a destinos de Segunda donde lo más importante es el salvase quién pueda y, después, aquel renacimiento en Barcelona «donde todo era bueno y bonito, donde siempre jugábamos para ganar, independientemente del resultado, siempre íbamos para arriba», se comprende que Jonathan eligiera Salzburgo. «Yo quería algo por el estilo y el Red Bull Salzburgo me lo ofrecía. Iba a uno de los equipos punteros del país, disputaría competición europea… y eso me atrajo. Cuando siempre luchas para estar entre los primeros, los objetivos siempre son más motivadores», declaró hace semanas en una entrevista a Il Catenaccio.

Lo cual sirve igualmente para dar luz al por qué sigue en Austria. ¿Es que acaso marcar 55 goles en un año no sirven para tener un sitio en la Liga o la Premier? No, no es eso. Otra vez es más sencillo y el mismo Jonathan lo aclara en la citada entrevista: «prefiero luchar por ganar en una competición inferior antes que estar en una liga superior y estar siempre sufriendo. En el primer caso siempre sales al campo con la ambición de ganar. En el segundo, en muchos partidos sales a ver qué pasa».

sorianoEn un equipo medio de la Liga, Jonathan sería un delantero más y depende de la temporada. Quiero decir, y depende de las veces que viera puerta. En Austria le quieren nacionalizar (hacen falta cinco años de residencia en el país y solo lleva tres), el Salzburgo le nombró capitán en su segundo año y él corresponde con goles. Tantos ha marcado que ya es el máximo goleador de la historia del club. Desde enero de 2012, la suma es de 112 en 126 partidos. El curso pasado fue el pichichi de la Bundesliga con 31 y de la Europa League con ocho (11 si se cuentan las rondas previas). En tres años acumula nueve hat-tricks y un répoker (en un 8-0 al Grodig en agosto de 2014). Esta temporada vuelve a ser pichichi destacado: 19 goles en 16 partidos de Bundesliga (el segundo en Austria se queda en 13), 30 en 30 partidos en total. Ojo: ha sido uno de los 12 delanteros finalistas para entrar en el mejor equipo del año de la Uefa.

Ve puerta de cualquier manera, casi por castigo: de cabeza, desde dentro del área, desde fuera, de vaselina, desde el medio campo. Incluso es un excelso lanzador de faltas, da igual perfil diestro perfil zurdo, ahí están los vídeos en Youtube. Y su implicación total hacia el club se nota en los detalles. Como aquel día de abril de 2013 cuando vio nacer a su tercera hija y por la tarde se fue al estadio. Llegó en el descanso del partido que el Salzburgo empataba a dos con el Wolfsberger. Se cambió, salió en el segundo tiempo y marcó tres goles. El Red Bull ganó 6-2 y Jonathan, 26 a la espalda, vivió uno de los días «más felices» de su vida.

PD: Desde que en 2009 el Espanyol dio la baja a Jonathan Soriano, no ha tenido un delantero que haya marcado más de 13 goles en Liga (Osvaldo en la 2010/11).

 

Puedes seguirme en Twitter: @juananperez89

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