El (no) Mundial de Clubes España 2001

El (no) Mundial de Clubes España 2001

Publicado por el Dec 18, 2014

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La Intercontinental o el Mundial de Clubes, no siendo lo mismo, a los españoles siempre nos ha parecido una cosa exótica. Ya sea por aquello de celebrarse en Japón o los Emiratos Árabes (ahora es en Marruecos); o por los horarios que implicaba, sobre todo el país nipón. Uno aún recuerda bajar corriendo del colegio un martes de diciembre y llegar justo a tiempo para ver el «aguanís» de Raúl al Vasco de Gama. O llevarse los cascos y una pequeña radio a clase para escuchar el Real Madrid-Olimpia de Asunción ante el fallido intento de fingir lesión y lograr quedarse en casa. Pero hubo un tiempo en el que se creyó que España iba a organizar el torneo. Es más, aquello estaba tan cerrado que hasta se celebró el sorteo y allí que se presentó toda la farándula del momento. Luego el torneo se cayó porque, entre otras razones, hubo un iluminado que propuso que se jugara entre el 28 de julio y el 12 de agosto como si el torneo fuera un Teresa Herrera o un Ramón de Carranza cualquiera.

Para entender aquel estrambote hay que revisar la historia de lo que despectivamente se ha venido a llamar el «Mundialito». El diario francés L’Équipe, que había impulsado la Copa de Europa y el Balón de Oro, se ofreció en 1973 para patrocinar una Copa Mundial de Clubes que disputarían los campeones de Europa, África y las dos Américas. La idea era jugarla en París entre septiembre y octubre de 1974, pero aquelló no funcionó por la negativa de Europa. En 1975, L’Équipe lo intentó de nuevo. Propuso que participaran los cuatro semifinalistas de la Copa de Europa, los dos finalistas de la Libertadores y los campeones de África y Asia, pero tampoco salió adelante. Otra vez Europa. El entonces presidente de la UEFA, Artemio Franchi, se resistió. No sería la última: en 1983 la Asociación de Fútbol inglesa planteó para 1985 una Copa Mundial de Clubes que la UEFA también rechazó (la historia completa se cuenta en centrodeartigo.com).

Sin embargo, la idea no desapareció. Al fin y al cabo la Intercontinental, que se jugaba desde 1960, no definía al campeón del mundo. Había muchos territorios que quedaban al margen y si las selecciones tenían su Mundial, ¿por qué no iban a tenerlo los clubes? Así que era cuestión de esperar. Esperar hasta que la FIFA se tomara en serio el asunto. Cosa que ocurrió en diciembre de 1993, cuando Joseph Blatter (ahora presidente pero en esos momentos secretario general de la entidad) habló de ello en la Comisión Ejecutiva de la FIFA celebrada en Las Vegas, EEUU. La escapada que tantas veces se había intentado, por fin cuajó. A organizar el torneo se presentaron nueve países: desde Arabia Saudí o China hasta la extraña Tahití. La FIFA, no obstante, eligió en 1997 a Brasil. Una sede más lógica.

El primer Campeonato (ahora se llama Copa) Mundial de Clubes de la FIFA estaba previsto para 1999, aunque finalmente se hizo realidad en enero de 2000. Fueron ocho los participantes: Manchester United (campeón de Europa en 1999), Vasco da Gama (campeón de la Libertadores en 1998), Necaxa (campeón de la Copa de Campeones de la Concacaf en 1999), Al-Nassr (campeón de la Supercopa asiática en 1998), Raja Casablanca (campeón de África en 1999), South Melbourne (campeón de Oceanía en 1999), Corinthians (campeón del Brasileirao en 1999 y representante del país organizador) y Real Madrid (campeón de Europa y de la Intercontinental en 1998 e invitado por la FIFA).

anelka-reutersEl sistema de competición era el de dos grupos de cuatro equipos en el que los dos primeros se clasificaban para la final y los dos segundos jugaban el tercer y cuarto puesto. Los estadios eran el Morumbí de Sao Paulo y el mítico Maracaná de Río de Janeiro. Aquello que parecía de una gran solemnidad y prestigio, los clubes europeos lo entendieron como una oportunidad de hacer dinero. No nos engañemos, esa fue la principal razón por la que fueron a Brasil. De hecho, si uno lee qué ambiente había en los días previos al torneo, descubre indignado a Juan Onieva, entonces vicepresidente económico del Real Madrid. El 4 de enero de 2000, un día antes del primer partido, aparece en la prensa: «Una y no más. Nos han tomado el pelo. Resulta que los clubes, que somos los que jugamos y venimos 15 días a Brasil, en proporción somos los que menos cobramos. Primero, que no me resulta lógico que el Real Madrid o el Manchester United tengamos el mismo trato económico que los campeones africanos, asiáticos o de la Concacaf, con todos mis respetos; y segundo, que las Federaciones nacionales con un equipo representado y las Confederaciones se reparten 16 millones de dólares cuando entre los clubes por premios se reparte un total de 28».

Y si el resultado económico no fue el esperado, el deportivo tampoco. Para empezar el Madrid tuvo que aplazar dos partidos de Liga, ante el Betis y el Valladolid, y la Federación le eximió de jugar una ronda de la Copa del Rey para entrar directamente en octavos de final (el Manchester United renunció a participar en la FA Cup). Un mes antes de viajar a Brasil, el Madrid era 17º en Liga con tres victorias en 14 partidos. Había caído Toshack y Del Bosque se había hecho cargo de un equipo que acabaría ganando la octava Copa de Europa, pero que en esos momentos era un desastre. El primer partido, victoria fácil ante el Al-Nassr por 3-1. El segundo, empate ante el Corinthians con dos golazos de un Anelka genio y figura que también falló un penalti a siete minutos del final con 2-2 en marcador. Y en el tercero, cuando el Madrid necesitaba marcar un gol más que los brasileños para meterse en la final, llega el ridículo. Gana al Raja Casablanca por 3-2, pero acaba el choque con ocho futbolistas tras ser expulsados Roberto Carlos, Guti (estos dos de una manera infantil) y Karembeu. Por un gol se queda fuera de la final que disputan Corinthians y Vasco de Gama. El Madrid juega el tercer y cuarto puesto ante el Necaxa y acaba perdiendo, esta vez en los penaltis.

A todo esto, la Copa Intercontinental se sigue jugando (se celebrará hasta 2004). Por ejemplo, el Manchester United-Palmeiras de 1999 se disputa solo unas semanas antes del primer Mundial de Clubes, del que no se puede decir que fuera un éxito. De ahí que se busquen otras fórmulas para la segunda edición. Y aparece España. El 3 de agosto de 2000 durante el 52º congreso de la FIFA reunido en Zúrich, Suiza, se anuncia que nuestro país acogerá el segundo Mundialito en el verano de 2001. Desde el principio, surgen las dudas. La primera por el calendario. El mismo día de la elección, miembros de la propia FIFA dicen que es «incongruente la fecha de celebración, a primeros de agosto, ya que en ese momento los clubes europeos se encuentran en plena fase de preparación». Por su parte, la Federación Española pide que se incluyan más equipos europeos en la competición para darla «mayor prestigio» y que las televisiones se interesen por ella. Cosa que no ocurrirá.

Hubo sorteo y todo

Pero la cosa sigue adelante, y el 6 de marzo se celebra el sorteo en el Palacio de Congresos de La Coruña con Pepe Navarro de presentador y Camacho, Zubizarreta, Amancio, Valdano y César Sampaio sacando los bolas. En esta ocasión se amplía a 12 el número de participantes. Están el Real Madrid y el Galatasaray (campeones de la Champions y la UEFA en 2000), Palmeiras y Boca Juniors (campeones de la Libertadores en 1999 y 2000), Los Ángeles Galaxy y Club Deportivo Olimpia (campeón y subcampeón de la Copa de Campeones de la Concacaf en 2000), Júbilo Iwata y Al-Hilal (campeones de la Supercopa asiática en 1999 y 2000), Hearts of Oak y Zamalek (campeones de la Liga de Campeones y la  Recopa africana en 2000), Wollongong Wolves (campeón de Oceanía en 2001) y Deportivo de la Coruña (invitado como representante del país organizador al ser campeón de Liga en 2000).

El sistema de competición son tres grupos de cuatro en el que los tres primeros y el mejor segundo se meten en semis. Las sedes son el Santiago Bernabéu, el Vicente Calderón y Riazor. Pero el mismo día del sorteo, el presidente de la Federación Española, Ángel María Villar, anuncia que también se jugará un partido en Santiago de Compostela. El asunto toma un cariz berlanguiano cuando Villar declara: «Comprendo que estén sorprendidos porque lo decidimos ayer por la tarde. Ya teníamos algo previsto, pero no era definitivo. Supongo que el presidente del Compostela estará contentísimo y aprovecho para decir que, aunque el equipo esté en Segunda, el estadio de San Lázaro es de Primera, es un gran estadio». El partido que designan para Santiago es el Boca Juniors-Wollongong Wolves. Los tres grupos quedan así:

– Grupo A: Boca Juniors, Deportivo de la Coruña, Wollongong Wolves y Zamalek.

– Grupo B: Galatasaray, Al-Hilal, Club Deportivo Olimpia y Palmeiras.

– Grupo C: Real Madrid, Júbilo Iwata, Los Ángeles Galaxy y Hearts of Oak.

El calendario establece que el torneo se juegue entre el 28 de julio y el 12 de agosto. Para contrarrestar el período vacacional, la Federación Española explica que, en comunión con los clubes que acojan partidos, va a hacer una campaña de precios baratos para atraer público a los estadios. Habrá entradas desde 1.000 pesetas (seis euros) y la más cara para la final del Bernabéu será de 5.000 (30 euros). Pero las dudas no desaparecen y dos meses después estalla la patata caliente. El 18 de mayo, se reúne el Comité de Urgencia de la FIFA y su presidente Joseph Blatter anuncia que se cancela la competición por tres motivos. «El período durante el que se disputa esta competición es particularmente desaconsejable debido a que otros campeonatos nacionales y competiciones internacionales están en marcha»; «la crisis económica que afecta a los países de algunos clubes participantes»; y sobre todo la quiebra de ISMM-ISL, la empresa que tenía contratos de mercadotecnia con la FIFA. Entre otras cosas, era la propietaria de los derechos de televisión fuera de Europa para los Mundiales de 2002 y 2006.

Después de la cancelación,  se propuso jugarlo en 2003. Algo que tampoco ocurrirá. Mientras, el lío por la no celebración se resuelve como el primer Mundial de Clubes y como casi todo en la vida: con dinero, claro. Como indemnización, cada club recibió 750.000 dólares y la Federación un millón por acondicionar las instalaciones del Bernabéu (se construyeron dos vestuarios y se remodelaron los dos que había), además del gasto en promoción de un torneo que ya no se volvería a jugar hasta 2005 y no en España, sino en Japón.

 

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