El fútbol colombiano vuelve a estar de moda

El fútbol colombiano vuelve a estar de moda

Publicado por el Dec 12, 2014

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Atlético Nacional perdió esta semana la final de la Copa Sudamericana ante River Plate pero, más allá del título, su buen hacer confirma lo que ya se intuía: que el fútbol colombiano está de vuelta. Desde 2004, cuando Once Caldas ganó la Libertadores, ningún club cafetero llegaba tan lejos en un torneo continental. La proyección de los «verdolagas» se une a una selección que maravilló en el último Mundial. Hasta Brasil, la «tricolor» había ganado tres partidos entre todas sus participaciones mundialistas. Este verano despachó a Grecia, Costa de Marfil, Japón y Uruguay antes de caer con el anfitrión en cuartos. Nunca había llegado tan lejos. Además, ganó el premio al Juego Limpio por su respeto al oponente y ver solo cinco amarillas, lo cual no es baladí si se mira al pasado…

A Colombia siempre lo desacreditaron porque en su mejor época, finales de los ochenta y primera mitad de los noventa, no estaba claro donde acababa la droga y empezaba el fútbol. Resultaba imposible pintar la raya que los separara, sobre todo cuando había narcotraficantes que elegían sus equipos, cual quinceañeros juegan a las chapas, los montaban en avionetas y jugaban en algún lugar remoto del planeta mientras apostaban millones de dólares por ver quién ganaba. Para definir esta etapa se inventó una palabra, «narcofútbol», que hace unos años los hermanos Michael y Jeff Zimbalist reflejaron en el maravilloso documental «Los dos Escobar».

maturana-eluniversal«El narco es un pulpo y el fútbol no es una isla», dice en él Francisco «Pacho» Maturana, quien durante tres años (1987-1990) compaginó el puesto de entrenador en Atlético Nacional con la selección. «Los dos Escobar» habla de Pablo y de Andrés. Porque como todo fenómeno social, el narcofútbol tenía sus símbolos. A Pablo la cocaína le hizo uno de los diez hombres más ricos del mundo. Fue el líder del cártel de Medellín y, a la vez, «el patrón» del Atlético Nacional, el club más importante de la ciudad. Andrés era defensa de aquel equipo y uno de los capitanes de Colombia en el Mundial de Estados Unidos 1994.

El narcofútbol, que estaba lleno de sombras y dudas, dejó también una certeza: el país cafetero nunca había mirado tan por encima a sus rivales. «Hasta ese momento (la entrada del narcotráfico) Colombia no existía en el fútbol», dice otra vez Maturana. No obstante, la «tricolor» solo había participado en un Mundial, el de 1962, mientras que en los noventa jugó los tres que hubo. Lo mismo pasó con los clubes. Atlético Nacional sería en 1989 el primer colombiano en ganar la Libertadores y jugaría otra final en 1995. América de Cali quedó cuatro veces subcampeón entre 1985 y 1996. ¿En qué momento empezó el narcofútbol? No hay una fecha exacta, pero el 21 de octubre de 1983 lo que ya se pregonaba a voces, se hizo oficial. El entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, declaró: «Los equipos de fútbol profesional en poder de personas vinculadas al narcotráfico son Atlético Nacional, Millonarios, Santa Fe, Deportivo Independiente Medellín, América (de Cali) y Deportivo Pereira».

Seis meses después de pronunciar estas palabras, a Lara Bonilla lo descerrajaron a tiros, y todo el mundo sabía que Atlético Nacional era el equipo en el que Pablo Escobar metía la nariz (y la pasta); que América de Cali estaba controlado por los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, cabezas visibles del cártel de Cali; que Gonzalo Rodríguez Gacha, alias «El Mexicano», otro de los capos del cártel de Medellín, controlaba Millonarios… Si se es cínico, se puede pensar que todos estos mecenas fueron los precursores de los oligarcas rusos o jeques cataríes que pueblan el fútbol actual. Pero, ¿por qué el fútbol? «Los ‘traquetos’ (narcos) no tenían dónde pudrir el dinero que venía del ‘petróleo tropical’ (la cocaína). El fútbol y las muñecas de silicona eran sus juguetes favoritos», escribe Ezequiel Fernández Moores en un reportaje sobre el narcofútbol que se publicó en canchallena.com. Seamos claros: El fútbol servía para lavar el dinero del narcotráfico. Para Pablo Escobar, además, el fútbol era el vehículo con el que adoctrinaba al pueblo. El narco se hinchó a dar «ayudas comunitarias», que se tradujeron en la construcción de decenas/cientos de canchas. Y si estas ya estaban construidas, las iluminaba. Pablo donaba lo que necesitara la población más humilde y de esos campos de tierra de Medellín salieron Higuita o Leonel Alvarez.

Una magnífica generación

Solo que la inversión de dinero por sí misma no garantiza el éxito. También hacían falta buenos futbolistas. Y ¡qué casualidad!, Colombia alumbró una magnífica generación que no necesitó emigrar porque en su país le garantizaban mucha plata. Lo que explica que uno pudiera encontrarse a René Higuita, Andrés Escobar, Leonel Alvarez y Faustino Asprilla en Atlético Nacional; al «Pibe» Valderrama en Deportivo Cali; al «Tren» Valencia en Santa Fe; a Freddy Rincón en América de Cali y también en Santa Fe… Entonces el fútbol colombiano era como una montaña rusa. Por ejemplo, el año que Atlético Nacional gana la Libertadores la liga local se suspende porque asesinan al árbitro Álvaro Ortega. Hace poco, Jhon Jairo Velásquez, alias «Popeye», uno de los hombres más cercanos a Pablo Escobar en el cártel de Medellín, confirmó que el capo había ordenado su muerte. «El año de (Atlético) Nacional es también el año de Pablo Escobar. Su cártel de Medellín asesina en 1989 al precandidato presidencial Luis Carlos Galán, hace explotar 100 kilos de dinamita en el diario El Espectador y derriba un avión de Avianca con 107 personas creyendo que entre ellas estaba el también candidato César Gaviria. Son asesinados otros políticos. Y también jueces, periodistas, sacerdotes, policías y sindicalistas… Medellín sufre en 1989 un total de 4.052 homicidios, casi el doble que en 1988. Años de carros-bomba, masacres y magnicidios. De quince homicidios diarios. De un atentado cada dos días», se lee en otro reportaje de Ezequiel Fernández Moores titulado «El Cartel».

colombia-tiempoAdemás de la citada Libertadores, el culmen del narcofútbol llega el 5 de septiembre de 1993 cuando Colombia le gana a Argentina 0-5 en el Monumental y logra la clasificación para el Mundial del año siguiente. El peor momento llega con el Mundial. Colombia aterriza en Estados Unidos como favorito y sale esquilado al perder los dos primeros partidos. El primero ante Rumanía 1-3. Antes del segundo, contra el anfitrión, el equipo recibe amenazas y a Maturana le prohíben alinear a Barrabás Gómez. Comienza el choque y Andrés Escobar se mete un gol en propia puerta. Colombia acaba perdiendo 2-1 con Estados Unidos y está eliminada. Diez días después de aquello, el 2 de julio de 1994, a Andrés lo abaten a tiros a la salida de una discoteca. La sociedad se indigna. Adiós al narcofútbol. «La muerte marca el fin de la mejor época del fútbol colombiano», dice Jaime Gaviria, primo de Pablo Escobar, en el documental. «Todo el mundo asocia que a Andrés lo mató el fútbol. Creo que Andrés era uno del fútbol al que mató la sociedad», sentencia Maturana.

Después del narcofútbol, a Colombia le ha costado mucho renacer. Con algún éxito aislado (la mencionada Libertadores de Once Caldas fue el principal), no ha sido hasta que se ha hecho mayor la generación nacida entre drogas y pistolas cuando los cafeteros han vuelto al mapa. Los mejores futbolistas colombianos del momento nacieron o bien en la segunda mitad de los ochenta o bien ya en los noventa. Ahora el contexto es diferente, claro. Por ejemplo: ¿Quién iba a pensar hace 25 años que el Gobierno iba a pasarse meses negociando con las FARC? Mientras, de Pablo Escobar solo queda su recuerdo, ahora presente en España por la proyección de una película, «Paraíso Perdido», que narra sus andanzas. En el terreno deportivo, hoy los mejores colombianos no juegan en su país, sino en las mejores ligas del planeta: España (James o Bacca), Inglaterra (Falcao), Alemania (Adrián Ramos) o Italia (Cuadrado o Ibarbo). Una diferencia más: Colombia ha pasado del gatillazo en los Mundiales a tener al pichichi del torneo, James Rodríguez con seis goles, y ocupar la tercera posición en el ránking FIFA. Y no deja de ser curioso que Radamel Falcao, el líder de la «tricolor», se perdiera el Mundial por lesión y ahora viva uno de los peores momentos de su carrera en el Manchester United con escaso protagonismo y peleas con Van Gaal.

Una liga con un sistema de competición único

Ante esas luces, la liga local se disputa en un segundo plano. Está patrocinada por Postobón, la mayor empresa de bebidas no alcohólicas del país aunque desde 2015 la compañía cervecera Águila le tomará el relevo, y sigue el sistema clásico de competición en Sudamérica. Hay dos torneos, Apertura y Finalización, que se juegan en el primer y segundo semestre de cada año y que se dividen en tres fases: liguilla entre 18 equipos a una vuelta y con un partido adicional para los derbis (por ejemplo Deportivo Independiente de Medellín-Atlético Nacional), cuandrangular entre los ocho mejores clasificados que se dividen en dos grupos y juegan seis partidos, y final a doble partido entre los campeones de cada grupo. La Liga Postobón tiene un reglamento por el cual solo puede haber cuatro extranjeros por equipo y aporta una pequeña cuota a la selección. Al Mundial fueron tres: Alexander Mejía (Atlético Nacional) y los porteros suplentes Camilo Vargas (Santa Fe) y Farid Mondragón (Deportivo Cali), que con 43 años se convirtió en el futbolista más veterano en jugar. En la última convocatoria, en noviembre, se cayó Mondragón y se unieron Andrés Castellanos (Deportivo Independiente Medellín), José Fernando Cuadrado (Once Caldas), Yimmi Chará (Deportes Tolima), Daniel Bocanegra y Edwin Cardona (ambos de Atlético Nacional).

Osorio y CardonaLos «verdolagas» son el mejor club del momento. Además de su gran Copa Sudamericana, han ganado los últimos tres torneos (los dos de 2013 y el Apertura de 2014) y con 14 ligas ya están empatados con Millonarios como el club más ganador del país. Atlético Nacional es un equipo en el que destacan Armani, Bocanegra, Mejía, Berrío, Ruiz y, sobre todo, Cardona. A este último, mediapunta de 22 años, segurísimo que pronto se le verá en Europa. Y en el banquillo, el también colombiano Juan Carlos Osorio. Un entrenador diferente. En un perfil escrito en el portal «ElPais.com.co», se cuenta que en los entrenamientos «Osorio aplica modelos de nombres tan extraños como sus códigos: morfociclo patrón. Es la manera como están organizadas las prácticas semanalmente, mensualmente, semestralmente. Sus equipos saben qué van hacer cada día del año». O que busca «simular las situaciones que podrían vivir sus jugadores en los partidos y les da cuatro opciones para resolverlas. La más adecuada se repite una y otra vez. Es una manera de enseñarle al cerebro a elegir bien y rápido».

En definitiva, la actual es una época bien distinta a la del narcofútbol. Unos años gloriosos que, sin embargo, no dejaron un buen recuerdo. Basta reseñar que en la web de Atlético Nacional es imposible relacionar al club con Pablo Escobar, pese a que la llegada del narco significó su despegue (antes de Escobar, los de Medellín solo habían ganado cuatro ligas). Con todo, Colombia no es un remanso de paz. Hace unos días, Faustino Asprilla amagó con irse de su ciudad, Tuluá, al recibir constantes amenazas de extorsión y muerte por parte de un grupo de delincuentes.

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