Fernando Torres y el vaso medio vacío

Fernando Torres y el vaso medio vacío

Publicado por el dic 5, 2014

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En el último post escribía que Fernando Torres (Fuenlabrada, 1984) es uno de los futbolistas más difíciles de valorar por los prejuicios que genera. A ello contribuye, claro, una trayectoria que parece discurrir como el río Guadiana: ahora aparezco, ahora desaparezco. Y si el otro día mostraba la cara de una carrera con indudables logros, hoy toca la cruz. El vaso medio vacío que en los últimos tiempos parece más vacío que nunca. Sobre todo si se analiza su nivel actual: con el Milán lleva un gol en 600 minutos de Serie A y el último choque, ante el Udinese, lo vio entero desde el banquillo.

Probablemente cuando Fernando se retire, muy pocos se acuerden de su paso por Italia. O quizás no, eso dependerá de su rendimiento. Sin embargo, cualquiera siempre identificará a Torres con el Atleti. Porque en el principio de todo (y quién sabe si en el final) está el Atleti. Entre sus logros de rojiblanco destaqué su debut con 17 años, su primer gol en Albacete o el que se hiciera tan rápido con el puesto en la etapa más dura de la historia reciente del club. El infierno de Segunda, vaya. Entre sus grietas pongo los cinco años que jugó en Primera División. No tanto por su rendimiento, que fue notable, al menos al nivel que se presuponía, sino porque nunca logró hacer del Atleti un equipo serio. No digo ya ganador como el actual, algo que sigue pareciendo (y entonces lo parecía también) casi imposible.

Es que el Atleti con Torres ni siquiera era un equipo meritorio. Lo más que consiguió fue dos séptimos puestos que le sirvieron para jugar la ya desaparecida Copa Intertoto. Pero en el verano de 2004 perdió la final con el Villarreal y se quedó sin acceder a la Uefa. Así de corto es el resumen del atlético Torres en Europa. Para ser justos, el «niño» estaba acompañado de jugadores muy pobres para el primer nivel. José Mari, Javi Moreno, Paunovic, Nikolaidis, Salva Ballesta, Kezman… delanteros de los que hoy nadie se acuerda por la metralla reciente que ha tenido el Atleti: los Forlán, Falcao, Diego Costa y el Kun Agüero, con el que Torres solo coincidió una campaña y al que entregó el relevo de líder del equipo.

balonmano-mforosY qué decir de los entrenadores que tuvo Torres en el Atleti. Luis Aragonés fue el de más talla aunque solo duró un año en Primera. Con Javier Aguirre el equipo acabó subiendo el escalón que tanto se le resistió, aunque para cuando lo hizo Fernando ya no estaba en el equipo. Pero es que también recibió órdenes de Manzano, de Ferrando, de Pepe Murcia y de Bianchi, que llegó con un halo de galáctico por escribir la historia con Boca Juniors (incluida aquella final de la Intercontinental ganada al Real Madrid) y salió estrellado cuando aún no había acabado la primera vuelta.

Las cifras de Torres en Liga estuvieron caracterizadas por la regularidad. Se movió entre los 13 y los 19 goles por año. De ahí que cuando salió (36 millones de euros pagó el Liverpool por su fichaje), la impresión era que más no podía dar. Era el equipo el que había fallado al «niño». Sin embargo, el tiempo parece que ha dado la razón a los que ya entonces pensaban diferente. A los que decían que quizás Fernando no tenía las espaldas tan anchas, ya que en sus cinco años en Primera el Atleti fue incapaz de salir de la media tabla. Porque hay un hecho: fue marcharse y en su primer año el equipo se metió en Champions. Y su sustituto, Diego Forlán, metió tantos goles que ganó la Bota de Oro. Y dos años más tarde, en 2010, llegó la primera Europa League. Y cada temporada, el Atleti avanzó un poquito más hasta llegar a lo que es hoy: Un equipazo.

En realidad, «el este año verás como sí»… para luego acabar con la misma decepción que el anterior encontró su perfecta metáfora en los derbis. Torres se pegaba una y otra vez con una pared llamada Casillas (solo le marcó un gol y fue en el último derbi) y el Atleti con Fernando nunca ganó al Madrid.

En su estancia en el Liverpool, en cambio, las luces son infinitas comparadas con las sombras. Estas últimas vienen, sobre todo, porque el equipo al que llega ya ha coronado la montaña y está bajando. El verano que aterriza (2007), los «reds» han perdido la misma final de Champions que dos años antes ganaron. Desde entonces nunca han vuelto a ese último partido y, es más, en la cuarta y última campaña de Torres en Anfield, el «Pool» ya ni siquiera juega la Copa de Europa al acabar séptimo en la Premier. Aquel era un equipo en desintegración del que ya no quedaba ni Rafa Benítez.

La última temporada del «niño» en Liverpool, que para ser exactos solo fue media, es la única en la que no estuvo a un gran nivel. Cuando el Chelsea le ficha el 31 de enero de 2011, previo pago de 50 millones de libras (más de 58 millones de euros, el más caro de la historia del club), Torres llevaba la mitad de goles (9 por 18) en Premier que el año anterior aun habiendo jugado más minutos (1.894 por 1.712).

«Atrapar ese sueño que tengo de ganar»

Por eso se entendió su marcha como algo natural. Del Atleti se fue porque no luchaba por los títulos. En el Liverpool dio su mejor rendimiento, pero le pasó lo mismo: el tren de las copas se había ido cinco minutos antes de que Fernando llegara a la estación. Y hombre, lo bueno de las resacas es haberlas vivido, no que te las cuenten. «Fue por una suma de factores. Una vez que salí de mi casa (el Atleti), lo hice para ganar… En este momento solo había un equipo que podía ofrecer eso porque quería seguir en Inglaterra. De repente el Chelsea aparece en el mercado de invierno cuando ya lo habían intentado en verano. Era el único posible y vuelve a por mí… El tren volvió a pasar y me subí para atrapar ese sueño que tengo de ganar», contó en una entrevista el propio Torres a El Confidencial.

chelsea-abcY, efectivamente, el Chelsea gana. Pero gana sin Torres. Cuando llega, tarda 14 partidos en hacer su primer gol (el 23 de abril al West Ham) y ya no hace más en esa media temporada. La siguiente se llena de inestabilidad: Abramovich confía en Villas-Boas como el nuevo Mourinho pero le sale rana, ficha a Di Matteo y este decide jugar con un solo punta… que no es Torres, es Drogba, camino de los 34 años. Pese a que el año en la Premier es un desastre (acaba 6º), el Chelsea gana la Fa Cup y la Champions. En la primera final, precisamente ante el Liverpool, Torres no juega. En la segunda entra en el minuto 84, justo cuando el Bayern acaba de marcar el 1-0 y si bien fuerza el córner del empate, al final el regusto es amargo. No por la victoria heroica del Chelsea en los penaltis de Munich, sino por su participación en el triunfo. «La temporada no ha sido para mí, era para otros. El Chelsea gana la Copa, pero no juego ni la semifinal ni la final. No sabe a nada. De la Champions me siento algo más partícipe, pero aun así no es la que quiero ganar. Quiero ganar otra y de otra manera», declara en una entrevista que le honra a La Razón en el verano de 2012. Y que sorprende, claro, porque es una rareza ver a un deportista hablar con tanta sinceridad.

Al año siguiente, con Benítez el vaso se vuelve a medio llenar. Pero el último curso regresa Mou y vuelven los fantasmas. Torres es el delantero que más minutos juega y solo logra hacer cinco goles en la Premier (nueve entre todas las competiciones). Meten más tantos que él Hazard, Eto’o, Oscar, Schürrle y Lampard. El momento más crítico llega en abril, ida de los cuartos de final de la Champions ante el PSG. El Chelsea pierde 3-1 en el Parque de los Príncipes y en la rueda de prensa posterior, Mou habla claro: «Hacen falta delanteros como los del PSG». Así que este verano, no sorprendió la cesión de Fernando al Milán, por mucho que Mourinho dijera el día de su marcha que era «un profesional fantástico» y que «le echaremos de menos».

«Berlusconi da muchos consejos»

En Milán, los números hablan solos y pese a todo hay declaraciones que sorprenden. Hace unas semanas, en la previa del derbi ante el Inter, a Torres le hicieron una entrevista en La Gazzeta dello Sport y dijo del propietario Berlusconi: «El presidente es increíble y le encanta hablar de fútbol. Da muchos consejos, te dice cómo ve las cosas en el campo. A nosotros los delanteros, por ejemplo, nos da indicaciones sobre los movimientos cuando tienen el balón los centrocampistas». Que Berlusconi dé consejos sobre fiestas bunga bunga, cual Julio Iglesias italiano que es, pues bien, pero que a un tipo que ha ganado dos Eurocopas y un Mundial le diga cómo debe moverse en el césped, pues oye suena más a peloteo al jefe que a otra cosa.

Del que debería aprender Fernando, en realidad, es de su entrenador: el gran Pippo Inzagui. Un nueve que metía goles como el gato caza moscas. «A Torres tenemos que dejarle tranquilo. Yo le veo todos los días en los entrenamientos y está en una gran condición. Claro que le necesitamos para llegar lejos en la clasificación. Espero que marque pronto porque es importante para un delantero». El mensaje, como el algodón, que no engaña: paciencia sí, pero espabila macho.

PD: La trayectoria de Fernando Torres con la Selección rebosa de éxitos y el vaso está mucho más lleno que vacío. Ahora bien, al «niño» siempre se le podrá negar argumentando que su compañero en el ataque español, David Villa, hizo 59 goles en 97 partidos por los 38 de Torres en 110 partidos.

 

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