En el país de la inestabilidad, River amenaza con la dictadura

En el país de la inestabilidad, River amenaza con la dictadura

Publicado por el Sep 19, 2014

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La sonrisa ha vuelto al barrio de Núñez en Buenos Aires. River Plate, que hace tres años era el chiste principal en Argentina al arrastrarse por la Primera B Nacional, amenaza ahora con instaurar una dictadura. En el país que se pone como ejemplo de inestabilidad futbolística, con diez clubes ganadores del trofeo en los últimos ocho años y 16 ligas sin repetir campeón, «la Banda» destaca por su sorprendente regularidad. Al Torneo Final conseguido en mayo, River le ha sumado un inicio (casi) perfecto en el Torneo de Transición: llamado así porque será el último campeonato corto, a 19 jornadas; a partir de enero cambia el formato de competición y se jugará una liga de 30 equipos a una sola vuelta.

Aquí un repaso a los números de River en el primer mes y medio de juego: tras el empate inicial en la casa de Gimnasia y Esgrima (1-1), el equipo «millonario» acumula cinco victorias; es el más goleador con 15 tantos y el menos goleado con solo dos encajados; tiene al pichichi en el colombiano Teófilo Gutiérrez, que lleva seis goles en cinco apariciones; y sobra decir que es puntero en el campeonato. Con 16 puntos, le saca uno a Newell’s e Independiente, aunque estos han jugado una fecha más. El último domingo fue aplazado el partido que River tenía en la cancha del Arsenal de Sarandí debido a las fuertes lluvias caídas. El buen chance en el torneo local se amplía a las otras competiciones en las que anda. De momento, ya está en cuartos de Copa y ha eliminado a Godoy Cruz en la Copa Sudamericana dejando la puerta a cero. En resumen, lleva sin perder un partido desde la primera semana de abril cuando cayó ante Belgrano (2-1) y en 2015 regresará a la Copa Libertadores después de seis años de ausencia.

Ahora el contexto a esos números. Puede parecer que el enganchar dos torneos seguidos tan buenos se deba a la formación de un bloque sólido, madurado a lo largo de los años, con un entrenador asentado (en Argentina el cargo se conoce como director técnico) que lleva un tiempo prudencial sembrando y ahora recoge los frutos… vamos, una «máquina», si se permite el símil con aquel River de la década de los 40 y su delantera de leyenda: los Muñoz, Moreno, Labruna, Pedernera y Lostau. Bien, ya digo, esto es lo que dan a entender los impresionantes resultados del actual «millonario» y sin embargo la realidad es bastante diferente.

Un regreso al pasado nos lleva a finales de junio de 2011. El 26 de ese mes, el barrio de Núñez vive su día más triste al descender River por primera vez en su historia (precisamente fue Belgrano quien le ganó la promoción por no bajar). De un día para otro Matias Almeyda, uno de los ídolos de «la Banda», cuelga las botas y se pone a entrenar al equipo. Y en un año lo devuelve a la élite. Pero el regreso no es triunfal y lo largan antes de que acabe el Torneo Inicial de 2012, con River en media tabla.

river-descensoSu sustituto es Ramón Díaz, aún más mito que Almeyda. Si bien ambos debutaron como futbolistas y entrenadores en el «millonario», Díaz ya había pisado el banquillo en dos etapas anteriores y en las dos campeonó sin parar. De hecho, es el míster más laureado del club al conseguir nueve títulos, entre ellos la Libertadores de 1996 (donde por cierto jugaba Almeyda, el actual entrenador «muñeco» Gallardo» y el también actual manager Enzo Francescoli). Total, que Díaz arma el taco al instante: en su primer torneo, el Final de 2013, acaba subcampeón. Luego viene el bache y en el Inicial de 2013 acabe 17º.

Sin embargo, en su tercer torneo sale vencedor del Final 2014. Mejor todavía: le gana a San Lorenzo de Almagro la final entre los ganadores de los dos torneos del año y se proclama supercampeón. River está de vuelta y Díaz ha armado un once que en Núñez cantan casi de memoria: Barovero en el arco; defensa para Mercado, Maidana, Balanta y Vangioni; Carbonero, Ledesma y Rojas en el medio; Lanzini por delante, de 10; con Teo y Cavenaghi arriba. Para Argentina el equipo parece ir sobrado y, además, tiene de todo: la seguridad de un portero que resulta increíble que no haya debutado con la albiceleste, la experiencia de Maidana o Cavenaghi, los cojones de Mercado, los pulmones de Ledesma, el trabajo de Carbonero, el talento de Teo o la proyección de Balanta y Lanzini (cosecha del 93).

Pero cuando todo son risas, llega una real broma. Tan real que es la tercera vez que ocurre. Tres días después de ganar a San Lorenzo, ¡ay amigo! esto es Argentina, Díaz dice que abandona el equipo. El motivo oficial que expone el club es «haber cumplido el objetivo». ¿Hay algo más? ¿Temor a que los mejores futbolistas se marchen o a no estar a la altura y salir por la puerta de atrás? Puede que sí. O puede que no. La realidad es que la directiva de «la Banda» no cambia la política de los últimos años y apuesta para el banquillo por otro ser querido: Marcelo, el «muñeco» Gallardo, que como entrenador solo tiene una experiencia. Aunque esta fue un éxito: en 2011 pasó del verde a la caseta del Nacional de Montevideo uruguayo y acabó saliendo campeón.

Por tanto, la apuesta no es segura (¿cuál lo es?), pero tiene lógica. Más aún si se descubre que el organigrama de River está lleno de viejas glorias. Por poner unos ejemplos, el mencionado Francescoli es el manager o secretario técnico, el «burrito» Ortega es ayudante en el equipo de reservas, el «pato» Fillol es el responsable de porteros en las inferiores, Amadeo Carrizo es presidente de honor y Norberto «Beto» Alonso asesor presidencial. Tras Díaz salen del equipo algunos puntales: Lanzini, Ledesma, Carbonero… o el prometedor Villalba. River obtiene por las salidas casi seis millones de euros y, aunque existe cierta base, al «muñeco» Gallardo le toca trabajar mucho si quiere estar a la altura…

No tocar lo que funciona; mejorar lo que se ha ido

El resto es historia. El «millonario» empata con los «lobos» de Gimnasia en la primera fecha del campeonato y desde entonces no ha parado de ganar. ¿Cómo es posible? Potenciando lo que funcionaba y mejorando las ausencias. Del once tipo de River hace seis meses ahora solo queda la mitad. En la parte de atrás se mantiene casi intacta la estructura, salvo por Balanta que ha perdido el sitio. Mientras de medio campo para adelante solo siguen Rojas y Teo.

A cambio, el «muñeco» se ha sacado, por lo menos, cinco conejos de la chistera. Dos de ellos, el central Ramiro Funes Mori y el medio Kranevitter, de 23 y 21 años respectivamente, son futbolistas que con Díaz no tenían los galones que ahora les ha dado Gallardo. Pese a que Funes Mori, por ejemplo, hizo hace unos meses el gol de la primera victoria en diez años de River en La Bombonera de Boca. Ahora el 10 es Pisculichi, que llegó gratis de Argentinos Juniors y del que sinceramente nadie esperaba un rendimiento tan bueno tras pasar sin pena ni gloria por el Mallorca y jugar en Catar y China. Las otras dos revelaciones son los uruguayos Carlos Sánchez y Rodrigo Mora, cedidos hasta este verano por no ser del gusto de Díaz. Ahora son claves. El primero ocupa el puesto que dejó el colombiano Carbonero, que marchó con billete al Cesena italiano. Mora es el sustituto de Cavenaghi, que lleva meses sin jugar por una bursitis. El perfecto complemento de Teo, cuando este no las enchufa, Mora coge el testigo. Ahí están sus últimos dobletes a Tigre en liga y a Godoy Cruz en la Sudamericana.

Aparte de los considerados titulares, el «muñeco» maneja un amplio banquillo. Los defensas Balanta (en cualquier momento será titular) y Pezzella, Ferreyra y Ponzio en el papel de veteranos, y una hornada de jóvenes que ilusionan: los Lucas Boyé, Tomás Martínez, Sebastián Driussi, Augusto Solari (primo de Santiago) o Giovanni Simeone (sí, el hijo del «cholo»). Con estos mimbres, a River le ponen por las nubes y no dudan al decir que este equipo es una versión mejorada del anterior. Según Alberto Cantore, de Canchallena, «Gallardi ensaya su primera experiencia y renovó al campeón, que tiene más brillo y vértigo, respecto a la versión que condujo Ramón Díaz. Presión alta, combinación de ataques directos y tenencia de la pelota… algunos de los sellos distintivos del líder». Para Beto Alonso «son dos River distintos. El otro ganaba por un gol y este está muy bien física, mental y futbolísticamente. Este River juega mucho mejor que el campeón del campeonato pasado y es el mejor equipo de la Argentina».

En cualquier caso, en el fútbol el glorioso pasado no sirve de nada y al «millonario» le vienen partidos de aúpa que servirán para confirmar sí es o no el favorito número uno en el Torneo de Transición. El domingo recibe a Independiente, segundo en la tabla. Luego jugará en la casa de Lanús, el superclásico ante Boca en el Monumental y viaje a Rosario para chocar con Newell’s, tercero a un punto. En las otras dos competiciones, el camino parece más sencillo: en octavos de la Sudamericana espera el Libertad paraguyo y Tigre o Rosario Central en cuartos de Copa. 

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