Diario de los Mundiales, 8 de julio: Alemania gana a Argentina en el juego de los penaltis

Diario de los Mundiales, 8 de julio: Alemania gana a Argentina en el juego de los penaltis

Publicado por el Jul 8, 2014

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La final de Mundial Italia 1990 fue el reflejo del campeonato: gris, insulsa, con poco fútbol, con pocos goles, con algunos pensando más en el reloj y en la picardía que en la meta contraria, decidida en los penaltis… en fin, que lo único bueno de aquel partido es que, por lo menos, ganó el que propuso más: la República Federal de Alemania.

Casualidad o no, en el país del «catenaccio» se celebró el Mundial con menos promedio de goles de la historia: 2,21. A ella concurrieron 24 equipos, con Argentina defendiendo título. Pero ¡ay amigo! la albiceleste era mucho menos que en México 1986. Mantenía a medio equipo campeón, sí. Sin embargo, el capitán del barco, Diego Armando Maradona, andaba muy mermado y ese capitán se demostró que era el 90 por ciento de Argentina. El «Pelusa» solo destacó en los octavos de final ante Brasil cuando agarró la pelota en los medios para iniciar una carrera en la que atrajo a cuatro defensores y eso posibilitó que Caniggia se quedara solo ante Taffarel.

En realidad, fue casi un milagro que Argentina ganara a Brasil y luego que llegara a la final. Su camino hasta ella era de un justísimo aprobado. Perdió el primer partido con Camerún, pasó como tercero de grupo y, tras eliminar a la «canarinha», se plantó en el encuentro más importante al eliminar a Yugoslavia e Italia en los penaltis. Sus dos héroes en el torneo fueron Sergio Goycochea, que en un principio partía como portero suplente,  y Claudio Caniggia, que también empezó en el banco y que se perdió la final por tarjetas.

Sin Caniggia y sin Giusti, que fue expulsado en las semis, Carlos Bilardo salió al Estadio Olímpico de Roma el 8 de julio de 1990 con Goycochea, Lorenzo, Sensini, Serrizuela, Ruggeri, Simón, Basualdo, Burruchaga, Maradona, Troglio y Dezotti. Mientras, el «Kaiser» Franz Beckenbauer, que se convertiría en la segunda persona (la primera fue Mario Zagallo) que ganaría el Mundial como jugador y entrenador puso a Illgner, Brehme, Kohler, Augenthaler, Buchwald, Berthold, Littsbarski, Hassler, Matthaus, Voller y Klinsmann.

El Muro de Berlín había caído el año antes y el Mundial de Italia fue el último campeonato al que los alemanes concurrieron como país no unificado. En este caso, solo participó la parte occidental. Alemania hizo una primera fase ilusionante con goleadas a Yugoslavia y los Emiratos Árabes y luego en octavos se cargó a la Holanda campeona de la Eurocopa dos años antes. En cuartos pasó gracias a un gol de Matthaus, de penalti, y en semis eliminó a Inglaterra, también desde los once metros.

Así que la final parecía destinada a decidirse desde la pena máxima. Una de las imágenes más famosas de aquel partido fue cuando la grada italiana silbó el himno argentino. Entonces Maradona jugaba en Nápoles y al enfocarle las cámaras masculló dos veces: «hijos de puta». Esa rabia del «Pelusa» no se vio durante el juego. Quién sabe si por su limitado estado físico, quién sabe si por falta de hambre. Al fin y al cabo, él ya había sido el rey en el anterior Mundial. O quizás por una mezcla de los dos.

El caso fue que Argentina no creó ninguna ocasión clara durante toda la final. Parecía fiarlo todo a los penaltis. Por su parte, Alemania fue de menos a más. En el primer tiempo los ¡uys!  llegaron por las botas de Rudi Voller. Al inicio del segundo, Littbarski y Berthold tuvieron acercamientos clarísimos. Aunque para claro el penalti de Goycochea a Augenthaler que Méndez no pitó. En cambio, Edgardo Colesal Méndez, uruguayo nacionalizado mexicano, sí vio a cinco minutos del final un penaltito de Sensini a Voller. Brehme lo ejecutó de maravilla, raso a la derecha de Goycochea, y Alemania era campeona para desesperación de los argentinos que acabaron con nueve por una entrada criminal de Monzón (que había entrado por Rugerri) y una agresión de Dezotti.

A pesar de las entendibles protestas por el penalti pitado, Argentina no mereció ganar aquel Mundial. Se la jugó a la lotería de los penaltis y le salió dos veces cara y una cruz. Para Alemania, aunque un Mundial siempre es lo máximo y aquello fue una explosión de alegría en un país que se reunificaba después de décadas de disputas, el torneo es el más pobre de los tres que ha ganado.

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