Diario de los Mundiales: 29 de junio, la primera vez de Maradona y Pelé

Diario de los Mundiales: 29 de junio, la primera vez de Maradona y Pelé

Publicado por el jun 29, 2014

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La historia del fútbol quiso que el 29 de junio dos de los grandes jugadores de la historia, tal vez los dos mejores en ese debate infinito, alzaron su primera Copa del Mundo. Con 28 años de diferencia Edson Arantes Do Nascimento “Pelé” y Diego Armando Maradona se proclamaban campeones del mundo con sus selecciones. En el caso del primero, se trató de la aparición más espectacular que el mundo del fútbol ha visto. A sus 17 años Pelé llevó a Brasil hasta su primera Copa del Mundo en 1958. Era el inicio de su carrera, el inicio de la epopeya que el fútbol brasileño escribiría. El primer Mundial de hasta tres que lograría Pelé, el primero de hasta cinco que a día de hoy ha levantado Brasil. En el caso de Maradona, el Mundial logrado en 1986 llegaba en la plenitud de su carrera. Diego ya había ofrecido cosas al fútbol, no era un desconocido. Todas las miradas estaban ya sobre él. Le quedaría mucho que ofrecer, mucho bueno, pero nada tan delicioso como la obra que culminó aquellos días. Aquel fue el primer y único Mundial de Maradona, el segundo y hasta ahora último de una Argentina que debe la mayor parte de su grandeza histórica a la gesta de aquellos días.

1958. Suecia acoge el Mundial de fútbol en un intento de la FIFA por apostar por un modelo sostenible en lo económico. Apostando por la imagen que se proyectaría el torneo, en el que sería la primera Copa del Mundo televisada íntegramente, y descartando otros países pese a que tuviesen mayor tradición futbolística. Fue también el primer Mundial disputado sin el padre del torneo. El francés Jules Rimet había fallecido en octubre de 1956 a la edad de 83 años. Nuevos dirigentes, mayor distribución, el Mundial encaraba una nueva era. Y Suecia 58 no defraudó. La aparición en el panorama internacional de increíbles jugadores no se ciñó solo a Pelé, también a su compatriota Garrincha, pero también al portero ruso Lev Yashin, en el que era el primer Mundial que disputó la URSS. También se dejó ver Boby Charlton con Inglaterra o Raymond Kopa y Just Fontaine con Francia. En el Mundial en el que Pelé revolucionó el fútbol, el astro brasileño anotó seis goles, dos decisivos en la final ante Suecia. Pero Fontaine logró en esos mismos seis encuentros un total de 13 goles, que valieron a Francia el tercer puesto. A día de hoy, el francés sigue siendo el máximo goleador de la fase final de un Mundial. Pelé no fue lo único eterno de aquel Mundial sensacional.

Como sucedería con el Brasil de 1970, Pelé estuvo escoltado por un ataque sensacional. Entonces él era el referente, en Suecia fue el factor sorpresivo, diferencial, en un equipo ya de por sí letal con Vavá, Didi, Garrincha o Zagallo. En la final contra Suecia fueron los anfitriones quienes se adelantaron en el marcador a los cuatro minutos. La reacción de Brasil fue inmediata. Cuatro goles seguidos. Cuando los suecos quisieron hacer el segundo tanto allá por el minuto 80 el partido estaba ya más que definido. El resultado final de 2-5 convertía a Brasil en el primer país que lograba la Copa en un continente diferente al suyo. Todavía hoy sigue siendo el único sudamericano en ganar en Europa. Y solo otras tres selecciones se han proclamado campeones en otro continente diferente al suyo. Aquel Brasil del 58, el mismo Brasil en Corea y Japón en 2002 y España en Sudáfrica 2010. Aquel día la historia del fútbol brasileño, y por tanto del fútbol en sí mismo, cambió para siempre. Dos leyendas nacieron aquel día. Llamadas a retroalimentarse en sus inicios. Una perdurará siempre, de la otra un día quedará solo el recuerdo. Pero las dos serán eternas: Pelé y Brasil. Suecia 58, el principio de todo.

1986. México acoge el Mundial por segunda vez en menos de dos décadas. La de 1970 cerró el círculo virtuoso de los tres mundiales del Brasil de Pelé en solo 12 años. El de 1986 cerraría el de Argentina, campeón ocho años antes y por fin peleando cara a cara entre los grandes. Todos los Mundiales se recuerdan por un nombre en particular. Un futbolista emerge  por encima del resto. Pero pocos tuvieron una incidencia tan alta en el juego, mejoraron tanto el nivel de su propio equipo como lo hizo Diego Armando Maradona. “El Pelusa” culminó su gran obra. La firma que permanece viva en la leyenda y que le otorga un hueco de privilegio en la pelea por el trofeo, inexistente trofeo todo sea dicho, de mejor jugador de todos los tiempos.

Argentina venía de ganar con Mario Kempes al mando el Mundial de 1978. Pero en España 82, la albiceleste sucumbió en segunda ronda ante el mágico Brasil de Zico y Sócrates y ante la Italia de Paolo Rossi. Lo último que hizo Maradona en ese Mundial fue ser expulsado por una tremenda patada a un jugador brasileño. Cuatro años después todo iba a ser distinto. La selección había completado la transición de aquel equipo campeón ocho años antes. Maradona había asumido los galones, acto escenificado en su nombramiento como capitán del equipo. Y Maradona cumplió con las expectativas como nunca antes se había visto.

El 29 de junio fue el día en que contra Alemania Occidental los argentinos se proclamaron campeones. Pero en aquel Mundial hay otra fecha que merece ser recordada. El 22 de junio. Cuartos de final contra Inglaterra. Aquel día Maradona traspasó las fronteras de lo humano. Desde el punto de vista futbolístico aquel muchacho había hecho algo inalcanzable para ningún otro hombre. Un hombre solo derrotó a un país. Un gol ilegal, sí con la mano, pero la “mano de Dios”, un jugador pícaro como pocos. Al límite como ninguno. Y luego la obra maestra del 2-0. Un gol para la historia. Driblando ingleses desde el centro del campo, burlando a todo un país. El Mundial terminó aquel día. Argentina ganó ahí su Mundial. Estaba escrito que siete días después alzarían la Copa. Solo faltaría poner la rúbrica. Maradona alzo la Copa y al hacerlo llegó al cielo. Donde siempre tendrá un sitio, aunque el destino le tendría preparado una visita a los infiernos.

Pelé y Maradona. Dos mitos. Dos épocas. Dos caminos, no opuestos pero sí diferentes. Dos naciones rivales. Un mismo objetivo. Una misma pasión. Y un mismo día que los convirtió en leyenda.

 

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