Diario de los Mundiales, 24 de junio: Branco, de este agua no beberás

Diario de los Mundiales, 24 de junio: Branco, de este agua no beberás

Publicado por el Jun 24, 2014

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Que en un Mundial vale todo por ganar lo experimentó Branco la calurosísima tarde del 24 de junio de 1990 en el estadio Delle Alpi de Turín, Italia. Al borde del descanso del Brasil-Argentina de octavos de final, Ricardo Rocha hizo una falta a Pedro Troglio que necesitó de asistencia médica. Empezaba la trampa que nunca ha reconocido el seleccionador albiceleste, Carlos Bilardo. Entraron al terreno de juego el médico y el fisioterapeuta argentino, Miguel Di Lorenzo, alias Galíndez. Mientras el médico atendía a Troglio, Galíndez repartía bidones de agua entre los futbolistas de ambos equipos que se acercaban exhaustos por la temperatura. Los bidones eran de dos tipos, transparentes y verdes, y no era casualidad. Los verdes llevaban Rophynol disuelto en el agua. Un tranquilizante con el claro propósito de mermar el rendimiento de los brasileños. Por eso ningún argentino bebió de un bidón verde, aunque alguno fingió que lo hacía. Estaban destinados al enemigo. A Branco, por ejemplo, que se lavó la cara y después se enjuagó la boca con lo que creía agua limpia.

Aquello pasó desapercibido y el partido siguió con normalidad. Argentina ganó 0-1 de manera injusta, si bien la treta montada por Bilardo no tuvo nada que ver. Brasil dio un baño a la albiceleste y fue un milagro que Goycoechea no recibiera ningún gol. Dunga, Careca y Alemao estrellaron tres balones en los palos, pero Argentina tenía a Maradona. El «Pelusa» no era el de México 1986, estaba muy mermado físicamente, pero conservaba el talento. Y con eso le bastó para, a diez minutos del final, coger el balón en el medio campo, arrancar en línea recta hacia la portería, atraer a cuatro defensores brasileños que no querían verse en las portadas de todo el mundo como testigos del poder de Dios en la tierra, y filtrar un pase a Caniggia, que regateó con habilidad a Taffarel para echar a la «canarinha» del campeonato.

Aquel Brasil era un equipo más solvente que preciosista. Más en la línea de lo que se ha visto desde entonces que del Brasil del 70 ó del 82. Sebastiao Lazaroni jugaba con una línea de cinco atrás, tres por delante y dos delanteros tanque arriba. El once ante Argentina era Taffarel en portería; Ricardo Gomes, Ricardo Rocha y Mauro Galvao de centrales; Jorginho y Branco, laterales; Dunga, Alemao y Valdo, en el centro del campo; Careca y Muller. Por donde iban los tiros, en cuanto a estilo, lo define el que Bebeto y Romario esperaban en el banquillo. Con eso le valió para ganar los tres partidos de la primera fase a Suecia, Costa Rica y Escocia… y para estrellarse con Argentina en octavos.

En la albiceleste seguía Bilardo y seguía siendo un Maradona y diez más. Era un 3-5-2 en el que se mantenía casi medio once del equipo campeón en el anterior Mundial. Estaban los Ruggeri, Burruchaga, Giusti y Olarticoechea, y habían entrado Monzón, Simón, Basualdo, Troglio y Caniggia. Y Goycoechea por el lesionado Nery Pumpido. A los argentinos les había costado mucho superar la primera fase: perdieron con Camerún, ganaron a la URSS, empataron con Rumanía. De hecho, avanzaron siendo terceros de grupo. Y tan negro lo tuvo que ver Bilardo que comprometió a Galíndez  en lo de las botellas envenenadas. La historia del masajista merece ser contada. Era el utillero de Argentinos Juniors cuando Maradona debutó siendo un crío. Entonces se hicieron inseparables y el «Pelusa» se lo llevó a Nápoles y Barcelona, donde aprendió el oficio de fisioterapeuta. Hace años, en un reportaje del diario Olé, Galíndez diría de Diego Armando: «Es tan grande que en España, en lugar de pagarme un hotel me dio una habitación en su casa. Es un monstruo al que Dios tocó con la varita mágica».

Volviendo al relato, con frecuencia algo que no se habla en el momento luego queda para la historia. Es lo que pasó con Branco. Después del partido declaró que tras beber de esa botella verde se había sentido muy mal, «atontado». Y así quedó más o menos la cosa hasta que hace unos años Maradona y Basualdo confesaron. El «Pelusa» dijo: «Nunca sufrí tanto en una cancha como en ese partido. No podíamos cruzar la mitad de la cancha. Ellos llegaban siempre antes que nosotros. El único que no llegaba era Branco… Cuando algunos fueron a tomar agua, casi la toma Olarticoechea. Yo le dije: ¡No, Vasco, no! En cambio a Valdo le decía: Andá, Valdito, tomá que hace un calor bárbaro. Se dieron cuenta, pero Branco se la tomó toda, pateaba los tiros libres y se caía, veía nublado. Alguien picó un Royphnol en el bidón y se pudrió todo». Y Basualdo añadió: «Después de una lesión, nos acercamos y Galíndez nos dio unos bidones. Yo tomé de otro, pero Branco se llevó el que tenía la sustancia somnolienta. Justo él que ejecutaba los tiros libres».

Después de que las sospechas del lateral zurdo de Brasil fueran ciertas, Branco lo calificó como «una total irresponsabilidad», ya que «si hubiese tenido que hacer el control antidopaje, podría haber recibido una durísima sanción sin posibilidad de defensa». Por su parte, el entonces seleccionado Lazaroni pidió «una sanción ejemplar para Bilardo y para el masajista». Pero la FIFA no movió un dedo.

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