Diario de los mundiales, 20 de junio: Auge y caída de la Hungría más mágica

Diario de los mundiales, 20 de junio: Auge y caída de la Hungría más mágica

Publicado por el Jun 20, 2014

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La Historia del fútbol nos ha regalado algunos equipos de leyenda. Combinados que por la calidad de su fútbol destacaron en su época, bien por su brillantez técnica o por incorporar nuevos patrones tácticos al juego. Especial nostalgia producen aquellos que pese a su grandeza deportiva no lograron alzarse con el triunfo. Las selecciones de Holanda en 1974 liderada por Johan Cruyff o la Brasil de 1982, con Zico, la que se dice última heredera del fútbol brasileño de finales de los 50 y primeros 70. Además de estas dos selecciones una más destaca entre las grandes de la Historia pero que se quedaron a las puertas del éxito: la selección de Hungría de 1954.

El que todavía hoy se conoce como «El Equipo de Oro» llegó a aquella Copa del Mundo con un bagaje espectacular. Venían de ser campeones olímpicos en Helsinki 1952 y llegaban al torneo después de 28 partidos invictos. Entre esa racha espectacular destacaban dos partidos que de solo nombrarlos helaban el cuerpo de cualquier rival: las dos victorias sobre Inglaterra, 3-6 en el estadio de Wembley y 7-1 en el partido que jugaron en Budapest.
El equipo estaba dirigido por Gusztav Sebes y contaba en la plantilla con jugadores como Zoltán Czibor, Gyula Grosics y, sobretodo, Ferenc Puskas. Cuando arrancó el Mundial de Suiza, Hungría apenas tardó unos minutos en dejar bien claro a lo que había venido. Despachó el primer partido por 9-0 ante Corea del Sur.
Llegó entonces el segundo partido del grupo. El rival era Alemania Occidental. El resultado final 8-3 en favor de Hungría. Otra paliza. Pero la clave de este partido está en la intrahistoria. Fritz Walter, uno de los mejores jugadores del fútbol alemán de siempre, contó una vez en una entrevista que se dejaron ir ante Hungría “como táctica para confiarlos de cara a la final”. El seleccionador alemán, Sepp Herberger, había sido de los privilegiados en asistir a la humillación que los húngaros infringieron a los ingleses en Wembley. Era aquel un tiempo en el que el análisis pormenorizado de los rivales no estaba a la orden del día. Uno solo podía analizar a sus rivales si lo perseguía por el mundo. Las grabaciones del fútbol eran todavía rudimentarias, pero Herberger se había hecho con una.
Alemania calculó que aunque perdiesen con Hungría podrían pasar a la siguiente fase después de jugar un partido de desempate contra Turquía. La confesión de Walter no es lo único que corrobora que aquel día Alemania compitió a medio gas. Hasta siete jugadores titulares en el primer partido se quedaron en aquella ocasión en el banquillo. Pero además de una humillante derrota, consentida o no, algo más sucedió aquel día: Ferenc Puskas cayó lesionado y no puedo jugar los siguientes partidos. Una dura entrada de Liebrich en la que Puskas se torció el tobillo de manera aparatosa.
Hungría llegaba al cruce con Brasil después de haber anotado 17 goles en dos partidos, recibiendo solo tres. Y con Sandor Kocsis anotando siete de esos goles. Junto a Puskas, Bozsik e Hidegkuti Hungría tenía unos atacantes sin parangón en ninguna otra selección. El partido con Brasil fue la conocida como “Batalla de Berna”, un partido áspero, duro en el terreno de juego y con enfrentamientos en los vestuarios y que terminó 4-2 a favor de Hungría.  En semifinales Hungría derrotó a la actual campeona, Uruguay, que iba luciendo por el mundo la chapa del maracanazo logrado cuatro años antes. Los hungaros infringieron a los campeones el mismo resultado que a Brasil: 4-2.
Llegaba la final. Otra vez contra Alemania Federal. Volvía Puskas tras la lesión. Y a los cinco minutos ya había anotado el primer gol. Poco después los húngaros hacían el segundo. Pero de repente todo cambió, el equipo de Herberger reaccionó y muy pronto logró el empate con tantos de Morlock y Rahn. En un partido marcado por la incesante lluvia, Rahn anotó un gol más cerca del final que rompió el sueño de Hungría, una selección que llegaba a aquella final con 32 victorias consecutivas. Alemania ganaba así su primer Mundial. Quedaban veinte años para que lo volviese a hacer. En aquella ocasión volvió a derribar a otro equipo mágico, la Holanda del 74. La Holanda de Cruyff, como la Hungria de Puskas, otro rey sin corona.

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