Diario de los Mundiales, 18 de junio: Cuando El Buitre dinamitó a Dinamarca

Publicado por el Jun 18, 2014

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El 18 de junio de 1986, en el estadio La Corregidora de Querétaro, México, el mundo entero vio como un Buitre se abalanzó sobre su presa y no paró hasta devorarla. Aquel delantero rubio, menudo, que cuando le llegaba el balón al área daba al botón del «pause» y se iba a la terraza a fumar un cigarro, se llamaba Emilio Butragueño Santos. Estaba cerca de cumplir los 23 y llevaba dos años y medio en el primer equipo del Real Madrid. El 5 de febrero de 1984 había tenido un debut fulgurante: dos goles suyos remontaron un partido que los blancos tenían perdido en Cádiz.

Lideraba, pues, una generación muy prometedora que el periodista Julio César Iglesias acertó al llamarla en un artículo «La Quinta del Buitre». Y desde el 18 de junio de 1986 fue el primer espada de una España que perdería como siempre pero que ese día, en Quéretaro y con una gran pancarta en la que se leía «Asturias con La Furia», jugó como nunca. 1-5 a Dinamarca, que entonces era una de las selecciones más fuertes, en los octavos de final de un Mundial. Cuatro goles de Butragueño, más la provocación del penalti que marcó Goicoechea. Sí, aún hoy, 28 años después, aquello impresiona.

A aquel Mundial, España había llegado tras el fracaso del anterior, en el que además ejerció de anfitrión, y el éxito de la Eurocopa de 1984. Se jugó la final y, aunque el fallo de Arconada en la falta de Platini es lo que más se recuerda, España hizo un buen torneo. En semis se había cargado precisamente a Dinamarca en los penaltis y la buena estela ante el país nórdico no acabaría ahí. En 1993 fue el rival en uno de los partidos más recordados de la Selección. Se jugaba la fase de clasificación para el Mundial de Estados Unidos y España necesitaba ganar. A los 10 minutos expulsaron a Zubizarreta. Sin embargo, «La Furia», como entonces se la conocía, aguantó como un jabato, y en la segunda parte Hierro, de cabeza, hizo el único gol del choque.

Disgresión aparte, aquella Dinamarca de 1986 era ya la «Dinamita Roja». Un equipo respetado que, seis años más tarde con otra generación, sería campeón de Europa cuando unas semanas antes sus futbolistas estaban en la playa de vacaciones. En el Mundial de México había hecho una primera fase de escándalo. Tres partidos, tres victorias. 0-1 a Escocia, 6-1 a Uruguay y 2-0 a Alemania Occidental. A España, por su parte, aún le coleaba el gol fantasma de Míchel que el árbitro no concedió en el primer partido ante Brasil. Había perdido ese choque, además, con un gol de Sócrates en dudosa posición y eso hizo que tuviera que ganar los dos partidos restantes, ante Irlanda del Norte y Argelia, para clasificarse. Los ganó con más y menos facilidad: 1-2 a los europeos, 0-3 a los africanos.

El 18 de junio, Miguel Muñoz formó el once con Zubizarreta, Tomás, Goicoechea, Julio Alberto, Camacho, Víctor Muñoz, Gallego, Calderé, Míchel, Julio Salinas y Butragueño. Por Dinamarca salieron Hogh, Busk, Morten Olsen, Nielsen, Bertelsen, Andersen, Lerby, Jesper Olsen, Berggreen, Laudrup y Prben Elkjaer Larsen. El partido empezó soso, con dos equipos que se  sabían fuertes y que no querían que la III Guerra Mundial estallase tan pronto. Pero en el 33’ se desató la caja de los truenos. Un penalti a favor de los daneses, que miles de repeticiones no dejan claro si fue o no, hizo que Jesper Olsen pusiera el 1-0. Y entonces la «Dinamita Roja» creyó que estaba todo hecho. Se confió, obviamente, para regocijo del Buitre.

La jugada del 1-1 es la que mejor lo explica. Hogh se empeña en sacar en corto pese a la presión española. Se la da a Bertelsen en la posición de lateral diestro y este, en vez de pegar el pelotazo, la cede otra vez al área para que Butragueño chute a puerta vacía uno de los goles más fáciles de su carrera. Era el minuto 43 y a la vuelta de vestuarios no hubo color. En el 56’, el Buitre cabeceó a la red un córner que previamente le habían peinado. En el 68’ se escapó y solo le pararon cuando entró en el área. Gol de penalti de Goicoechea. En otra contra llegaría el cuarto, también a placer. Y ya al final, la manita, cuando Butragueño detuvo la pelota y el reloj en el área. Él mismo transformaría la pena máxima que le hicieron. España estaba en cuartos. Cuatro días después, se despediría del Mundial desde la tanda fatídica… pero esa es otra historia.

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