Tres mitos argentinos se retiran (3): Heinze, el «Gringo» que no paraba de correr

Tres mitos argentinos se retiran (3): Heinze, el «Gringo» que no paraba de correr

Publicado por el may 28, 2014

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El título de esta entrada y el de las dos anteriores lleva por título: «Tres mitos argentinos se retiran». Es un pequeño homenaje a Javier Zanetti, Juan Sebastián Verón y Gabriel Iván Heinze, ahora que ya no les veremos más de corto. Pero antes de elaborar un perfil del «Gringo», conviene aclarar que este no tiene el tamaño de Zanetti y Verón. Heinze no era el milagro de los siete pulmones de Zanetti, ni el talento de Verón, por mucho que en el último Clásico Newell’s Old Boys-Rosario Central pareciera Baresi o Beckenbauer.

Así está el fútbol argentino. Heinze (Crespo, provincia de Entre Ríos, 19-03-1978), con 36 años, jugando como un superclase. El típico mariscal, pero refinado. Cuando durante toda su carrera, como él mismo declaró en una entrevista en «Canchallena de La Nación, «casi ni tocaba la pelota… yo recuperaba y punto, se la daba a Giggs, a Cristiano… la pelota no iba a donde estaba yo. Cuando pasaba era porque tiraban una pelota larga y yo tenía que ir a correrla».

Es posible que dentro de un tiempo nadie recuerde a Heinze. Central o lateral zurdo, ni siquiera fue uno de los mejores defensas de su generación. Aunque sí tremendamente competitivo. Todo lo que consiguió fue sudor mediante. Y con eso le bastó para jugar durante un lustro en el primerísimo nivel del Manchester United y el Real Madrid. Jorge Bernardo Griffa, aquel defensa que estuvo una década en el Atleti, le fichó para Newell’s con 13 años. «Este ‘Gringo’ algo tendrá porque no para de correr», dijo entonces Griffa. 20 años después, en un Numancia-Real Madrid, a Heinze le pilló la televisión arengando a los Raúl, Sergio Ramos, Cannavaro, Higuaín, Robben y compañía antes de saltar al campo: «A romperse el ojete por el de al lado, chicos, eso siempre nos va a hacer grandes».

Nunca se escondió

El «Gringo» o «Sonri», como también se le conoce, nunca se escondió. Iba al choque en el campo y fuera de él. En 2010, un año después de dejar el Madrid y cuando todavía estaba caliente la eliminación de Argentina en el Mundial, declaró que el Balón de Oro tenía que ser para Iniesta. Ganó Messi, su compañero en la selección. También tuvo un charco en el verano de 2009 porque se dijo que por su influencia Maradona no llamaba para la albiceleste a Higuaín. El «Pelusa» tuvo que salir a desmentirlo.

Meses después de su salida del Madrid, cargó contra Valdano, entonces director general del club, por estar detrás de su marcha: «Me han chocado muchas cosas. Tiene pasaporte argentino y un argentino siempre defiende a un compatriota. Pero a veces la gente cambia el color del pasaporte y quizá le haya tocado a él». El año pasado, cuando regresó a Newell’s, se desahogó a gusto: «Es que el fútbol argentino va por un muy mal camino, volví después de 15 años y está peor. A nivel organizativo, porque todo estalla a la vista… pero también las economías de los clubes que muchas veces no pueden hacer frente ni al pago de los sueldos, o la violencia que la gente lleva a las canchas… ¿Y el juego?, cada vez más mediocre que bueno».

heinze-valladolidHeinze había debutado con la Lepra el 2 de octubre de 1997 en un partido ante San Lorenzo que acabó 2-2. Un par de meses después y con solo ocho partidos en la élite, «el presidente de ese momento (Eduardo López) me vendió sin conocerme». Se vino a España, al Valladolid, y apenas jugó en un año y medio (fue cedido al Sporting de Lisboa y la cosa tampoco funcionó). No fue hasta 1999, ya con 23 años, cuando empezó a entrar en el equipo. Aquel era un buen Valladolid con Bizarri en portería, Caminero, Eusebio… el «Gringo» formaba atrás con García Calvo de pareja y Marcos y Torres Gómez en los laterales.

Su último partido con el Pucela fue en 2001 en el Santiago Bernabéu. Ese día el Valladolid evitó el descenso a pesar de perder ante un Madrid ya campeón (bajó el Oviedo). Se marchó al PSG, previo pago de 3,5 millones de euros, y fue indiscutible en un club al que todavía no habían llegado los jeques. En Francia solo ganó una Copa en tres años. Luego, en 2004, Ferguson le reclutó abonando 10 millones, el triple de lo que les había costado a los parisinos.

Desobediencia a Ferguson

Aquel verano había Juegos Olímpicos en Atenas. Y Bielsa, que le había hecho debutar con Argentina un año antes en un partido ante Libia, le eligió como uno de los tres futbolistas mayores de 23 años para representar a la selección (los otros dos mayores fueron Ayala y el Kily González). Entonces, Sir Alex le dio un consejo: si iba, quedaría muy relegado en el Manchester. No le hizo caso Heinze y en Atenas contribuyó a conseguir la primera medalla de oro en fútbol para Argentina. Aquel equipo arrasó: seis partidos, seis victorias; 17 goles a favor, cero en contra. Aparte de los tres mencionados, Bielsa tenía a su disposición a Mascherano, D’Alessandro o Tévez, quien fue el pichichi de aquel torneo con ocho goles.

Con Argentina fue indiscutible siete años, desde 2003 a 2010. Jugó los Mundiales de Alemania y Sudáfrica. En ambos, la albiceleste se estrelló en cuartos ante la Mannschaft y Heinze fue titularísimo con Pekerman y Maradona. En el primero actuó de central zurdo con Coloccini, Ayala y Sorín, este más adelantado. En Sudáfrica, marcó el primer gol argentino en el torneo: de cabeza, al bote de un córner, dio la victoria a su selección ante Nigeria. Aquel Mundial, el «Pelusa» le puso en el lateral izquierdo de una zaga por la que pasaron Samuel, Demichelis, Burdisso, Otamendi o Jonás Gutiérrez. Tras el sonrojo ante Alemania, a la mayoría de futbolistas los corrieron a palos. El «Gringo» no fue una excepción y, aunque apareció en algunas convocatorias de Batista, su etapa en la selección había acabado.

heinze-realmadridVolviendo a 2004, después de los Juegos la relación con Ferguson, aparentemente, no se resintió. De hecho, de las tres temporadas que estuvo con los «diablos rojos», la primera fue en la que más jugó. Pero, al igual que hizo con Verón y haría con Tévez, el escocés pasó la factura a Heinze en su autobiografía: «Debo confesar que se me hizo muy difícil trabajar con jugadores argentinos, había mucho patriotismo… siempre tenían la bandera cerca de ellos. No tenía problemas con eso, pero a los que entrené no les interesó especialmente hablar inglés».

Al Madrid llegó en 2007 por 12 millones de euros. Estuvo dos años, fue titular y jugó mucho, sobre todo el segundo curso. En el primero ganó la Liga con Schuster a un Barça en descomposición. En el segundo vio en directo al mejor equipo que han tenido los culés en su historia. El del sextete de Guardiola y el 2-6 en el Bernabéu. En Champions, travesía en el desierto, octavos de final y a casa. Con su marcha del Madrid se acabó el mejor Heinze. En Marsella fue el capo del Olympique otros dos años y ganó cuatro títulos (Liga y Copa incluidos), pero Francia es otra cosa a España e Inglaterra. Su último año en Europa lo pasó en Roma y de ahí, en 2012, vuelta a casa, a Newell’s. Aguantó hasta hace unos meses. En marzo, cumplidos los 36, lo admitió: «No puedo contra la realidad de mi cuerpo».

PD: La próxima temporada Heinze será el segundo de Marcelo Bielsa en el Olympique de Marsella. Vuelve a Francia y se reencuentra con el míster que le hizo debutar con Argentina. Además Bielsa, como Heinze, es uno de los grandes ídolos del leproso.

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