El otro Clásico que un día jugará Messi

El otro Clásico que un día jugará Messi

Publicado por el abr 10, 2014

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«Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Casale, yo sé»… «Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos. ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo esa, hermano! Yo elijo esa». Este es el principio y el final de 19 de diciembre de 1971, uno de los cuentos más conocidos de Roberto Fontanarrosa, quizás el mejor escritor sobre fútbol que ha habido. Era argentino y canalla. Así se les conoce a los hinchas de Rosario Central.

Hace unos días, el domingo, jugaron contra Newell’s Old Boys, la Lepra, el Clásico de Rosario. Ganaron los canallas a los leprosos, 0-1 gol de Franco Niell, un partido aparentemente más: anda el Torneo Final (antes llamado Clausura) por su mitad y la victoria de Central le sitúa 8º con 7 fechas por jugar. Sin embargo, cuando el árbitro pitó, los jugadores canallas hicieron una piña en el centro del campo y se pusieron a celebrarlo como si acabaran de ganar el campeonato o la Libertadores, qué sé yo.

¿Por qué este gesto? Porque no era una victoria más. Y eso lo explica el Negro Fontanarrosa en el citado cuento. Hay una frase delatora: «Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder». El 19 de diciembre de 1971 es una fecha que los canallas recuerdan por encima de la de los cumpleaños de sus hijos. Ese día se disputó en el Monumental de Buenos Aires, el campo de River Plate, la semifinal del Torneo Nacional entre Newell’s y Central. Por aquel entonces la liga argentina se dividía en dos grupos de 14 equipos y los dos primeros de cada uno disputaban unas semifinales y la final para ver quién era el campeón. Los dos enemigos de Rosario se tenían que cruzar en una de ellas. Y ese partido histórico es lo que le sirve a Fontanarrosa para explicar la rivalidad entre canallas, de amarillo y azul, y leprosos, de rojo y negro.

El relato, que es ficción, cuenta como un grupo de hinchas de Central piensan en los días previos al choque que tienen que hacer lo imposible para que su equipo gane ese partido. Porque perderlo significaría huir de la ciudad avergonzados. Total, que uno dice que el padre de un antiguo amigo, el viejo Casale, nunca ha visto perder a Central. Pero, caramba, hay un problema: Casale está muy mal del corazón y le tienen prohibido ir al fútbol. Así que no queda otra que secuestrarlo para llevarlo al Monumental. El caso es que el operativo sale casi perfecto, Aldo Pedro Poy hace su mítica «palomita» para Central y los canallas se clasifican para la final en la que conseguirían el primer campeonato nacional de su historia. La pena es que Casale muere cuando acaba el choque, la mejor manera posible de palmarla según Fontanarrosa: «¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo esa, hermano!».  Fontanarrosa

El otro día, en el estadio Marcelo Alberto Bielsa de Newell’s, llamado así, claro, por el míster argentino, había una gran pancarta: «Si muero que sea de lepra». La pasión que los hinchas de ambos profesan por sus equipos sobrepasa con mucho lo enfermizo. Y luego está el recochineo del vencedor al vencido, lo que en Argentina llaman «cargada». La mejor que ha dejado la resaca del último partido es una imagen de Heinze, el que fuera defensa del Madrid ahora en Newell’s, con el titular: «Virgen a los 40», ya que el Gringo se va a retirar sin vencer un Clásico.

Es curioso pero siendo mejor equipo ahora mismo los leprosos, los dos partidos de la temporada se los ha llevado Central, que este año ha vuelto a la máxima categoría tras pulular tres por la Primera B Nacional. Newell’s fue campeón del Torneo Final en 2013, alcanzó las semifinales de la Libertadores y en los últimos cuatro campeonatos no se ha bajado de la 4º plaza. Hasta el verano pasado estaba viviendo una segunda era dorada de la mano de Gerardo el «Tata» Martino, que en el estadio tiene una tribuna con su nombre puesto que jugó más de 500 partidos con la lepra, el que más. En Newell’s juegan futbolistas que hace no mucho eran «estrellas» en Europa: el mencionado Heinze, Banega, Trezeguet o Maxi Rodríguez, su líder, ausente el domingo por lesión. Practica un fútbol atractivo (67-33% fue la posesión el otro día) y llevaba sin perder en el también llamado «Coloso» casi un año, aunque nada de eso le valió. Perdió porque fue incapaz de generar grandes ocasiones, salvo la de Orzán en el 91’, y porque su rival se mantuvo ordenadísimo atrás, a la espera de una contra; que llegó al inicio del segundo tiempo cuando su lateral zurdo Delgado robó en su terreno, corrió con la bola medio estadio y se la puso al pequeño Niell para que la cruzara perfecta.

Poco dicen estos nombres en un equipo en el que su futbolista más conocido es el «Loco» Abreu. Su descenso a la «B» en 2010 le ha mantenido en un segundo plano, incluso en Argentina, donde los focos del infierno alumbraban a River. Obviamente, en Central han vivido épocas mejores, a pesar de que los dos triunfos en el Clásico llenan casi como un título. En los setenta, aparte del 71 también salieron campeones en el 73; en los ochenta, el torneo que abría década y el de la 86-87; y en los noventa, la Copa Conmebol de 1995, antecedente de la Sudamericana, es decir, una especie de Copa de la Uefa.

Aquella final a doble partido ante Atlético Mineiro es probablemente en la que se produjo la mayor remontada de la historia. 4-0 ganaron los brasileños en la ida e idéntico resultado se produjo en el Gigante de Arroyito una semana más tarde, siendo el título para Central en los penaltis. En aquel equipo jugaban Bonano (Abbondanzieri era el arquero suplente), Lussenhoff, Graff o Cardetti, que luego harían carrera en España. Y de «9», el que dio la Copa al meter el último penalti y trepar por la valla del estadio, Rubén Da Silva, que tuvo una breve estancia en el Logroñés. Todos entrenados por Ángel Tulio Zof, el Luis Aragonés argentino. Cuando era futbolista fue canalla, luego se pasó a los banquillos y entrenó en dos etapas a la Lepra, para terminar siendo nombrado ¡nueve veces! entrenador de Central a lo largo de más de 40 años. Es el ídolo absoluto en Arroyito, un club por el que pasó Kempes y del que salieron Juan Antonio Pizzi, el «Kily» González o el más reciente Ángel Di María.

Bielsa es un ídolo absoluto en Newell's

Por Newell’s también han pasado algunos de los más grandes como Batistuta o Maradona, quien estuvo solo cinco meses en el club, antes del Mundial de 1994 en el que dio positivo por cocaína. Pero sobre todo se venera al «Loco» Bielsa. Fue jugador, aunque pasó de puntillas, y como entrenador ascendió en 1990 de las inferiores al primer equipo. Ganó el Apertura de ese año, el campeonato de Primera División de la 90-91 (entonces los dos campeones del año jugaban una final a doble partido), el Clausura de 1992 y solo los penaltis le arrebataron la Libertadores. Aquel Newell’s jugaba como lo hizo el Athletic hace un par de cursos y por eso, además de por los trofeos, se recuerda. Hay una tercera razón: Bielsa, ese tipo que se llevó 7.000 vídeos al Mundial de Corea y Japón, juntó en la Lepra a una generación que venía de ser exitosa, los Scoponi, Sensini y Martino, con chavales de la cantera, los Pochettino o Berizzo. Con resultados inmejorables.

En fin, que se trata de un Clásico maravilloso. Los canallas presumen de haberlo ganado más veces, aunque las cuentas varíen; los leprosos de tener más títulos importantes. Hasta hubo lío antes del Mundial de 1978 porque los dos clubes querían que sus estadios, separados por siete kilómetros, fueran sede. Solo lo fue el Gigante de Arroyito, ubicado junto al río Paraná. El Coloso del Parque de la Independencia tendrá que esperar. Y ni siquiera se ponen de acuerdo en el porqué de sus apodos: la versión más extendida cuenta que allá por los años veinte la Comisión de Damas del Hospital Carrasco de Rosario quiso organizar un partido entre los dos a beneficio de los enfermos de lepra. Newell’s aceptó y Central no, de ahí lo de leprosos y canallas.

Todo esto para decir que algún día el mejor jugador del mundo, Leo Messi, jugará otro Clásico. Será en su ciudad natal y en el equipo, Newell’s, del que se marchó siendo un niño a Barcelona.

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