Adiós a los intelectuales

Adiós a los intelectuales

Publicado por el 09/01/2018

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¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte! Así se encaró Millán-Astray con Unamuno al inicio de la Guerra Civil, haciendo apología de sus propias mutilaciones (y de su falta de grandeza espiritual, según dijo el escritor al compararle con Cervantes, otro célebre mutilado). Unamuno no se achantó y le respondió lo que pensaba, improvisando un célebre discurso: “este es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote”; si no llega a ser por Carmen Polo, se lo habrían cargado entre los tropecientos falangistas que estaban ahí reunidos. Acababa de soltar aquello de “venceréis pero no convenceréis”.

 

Bastantes décadas después, las salves necrófilas de Millán-Astray suenan casi cómicas, pero la muerte de la intelectualidad va cobrando tintes de certeza. ¿Qué es el intelectual sino un baúl molesto? Su presencia es nula en el espacio público, su pensamiento no interesa y su doctrina resulta indigesta en la era del everything now ¿Siguen existiendo? Y si la respuesta es afirmativa, ¿siguen siendo relevantes?

 

¿Qué hay de intelectual en los medios públicos? ¿Qué hay de intelectualidad en la política? La Constitución de 1978 la supervisó gramaticalmente Camilo José Cela. En 2018, muchas veces se hace apología de la falta de preparación y de experiencia como vínculo de empatía con el pueblo (cuando muchas veces el pueblo está más preparado que sus representantes).

 

La intelectualidad también implica libertad, y hoy la sociedad es menos libre, y mucho más puritana, pacata y conservadora. Todo ofende, todo hiere, todo es susceptible de censura por la policía del pensamiento. Por las redes pululan inquisidores sin sotana que dicen lo que se puede y no se puede hacer.

 

¿Quiénes son los resentidos que discuten con otros resentidos en la sección de comentarios del periódico? Al final siempre acaba en un enfrentamiento ortográfico porque uno de los dos escribió gilipollas con y griega. La victoria ortográfica es la snitch dorada de la discusión online: invalida todo lo anterior y garantiza el triunfo del que la detecta.

 

Este artículo empieza citando a un fascista para que se vea lo que es un fascista. La degradación de la intelectualidad supone también la degradación del lenguaje. Antes un fascista era un seguidor de Mussolini, Hitler o Franco. Ahora un fascista es simplemente cualquiera que no esté de acuerdo contigo. Esto, querido amigo, nos empobrece a todos.

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Escribo por necesidad, sobre cultura y sobre la vida. Lo demás es secundario y no me importa mucho.Más sobre «Sonajero»

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