Animal Collective: el pop raruno que miró a África

Animal Collective: el pop raruno que miró a África

Publicado por el Jun 19, 2018

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Cuenta David Portner, más conocido por su seudónimo artístico, Avey Tare, que el año anterior a la publicación del «Sung Tongs» (2004) fue «muy estresante» para Animal Collective. «Necesitábamos un descanso», recuerda. Acababan de fichar por Fat Cat, pero ni mucho menos eran una banda conocida ni vivían bien de su música. Tampoco habían tocado fuera de Estados Unidos, pero el ritmo que llevaban les estaba consumiendo. «Fueron días muy duros. Noah estaba trabajando en las canciones de su primer disco en solitario, “Young Prayer”, que compuso en respuesta a la muerte de su padre y que decidió grabar en la misma casa donde se produjo. Yo, por mi parte, estaba metido en cosas más electrónicas, dando conciertos con Eric Copeland. Y luego el grupo entero nos metimos de lleno en la gira de “Here Comes the Indian” (2003), un disco con demasiado volumen y mucha electrónica en la que siempre se rompía todo. No tuvimos ningún descanso, estábamos siempre en la carretera, hartos de ir detrás de gente que nos pagaba con cerveza y no hacíamos apenas dinero».

Hasta ese momento, los de Baltimore habían sido como cuatro planetas distantes que entrelazaban sus trabajos en solitario y sacaban discos, juntos o por separado, pero manteniendo siempre sus nombres artísticos: Panda Bear (Noah Lennox), Geologist (Brian Weitz) y Deakin (Joshua Caleb), además de Avey Tare. Así es cómo habían funcionado desde que se conocieron en el colegio y empezaron a colaborar antes de la adolescencia. «El año 2003 fue tan estresante que llegó un momento en el que pensamos que Animal Collective podía pasarle factura a nuestra amistad y no queríamos. No nos gustaba cómo nos estábamos tratando. Éramos amigos desde hacía mucho tiempo y eso era lo más importante. Esa amistad era anterior a Animal Collective y al hecho de estar en una banda famosa. Necesitábamos alejarnos los unos de los otros», explica por teléfono desde Londres, primera ciudad de su reciente gira mundial, en la que están desempolvando y tocando el mítico «Sung Tongs» que salió de aquella crisis: Barcelona, martes 19 de junio, en la Sala Apolo; y Madrid, miércoles 20 de junio, en Joy Eslava.

El álbum se gestó después de que los motores principales de la banda, Noah Lennox y David Portner, estuvieran más de un año separados cada uno componiendo por su cuenta. Pasado ese tiempo, decidieron colocar de nuevo las piezas del puzzle en su sitio, con la lección de la convivencia bien aprendida. Brian y Josh no se subieron al carro esta vez. «Noah y yo hablamos de simplificar las cosas, pensando en cómo sería salir de gira tocando canciones nuevas solo con las guitarras acústicas. Todo debía ser mucho más sencillo que antes para darle un aire fresco al disco en términos de creatividad», relata el multiinstrumentista.

Para muchos críticos el resultado fue sobresaliente, uno de los discos de música independiente más influyentes de la pasada década. En él se escuchaban «las melodías más originales de los últimos 10 o 20 años», aseguraban. Y en un intento inútil por encasillarlo, le pusieron etiquetas tan absurdas como freak folk o música experimental psicodélica. Al mismo Portner le cuesta durante esta entrevista, que por momentos habla de música electrónica hecha con guitarras acústicas, en otros de pop «sin copiar a nadie ni hacer las cosas típicas del estilo» y hasta de punk. «Creo que lo que lo hizo especial para la gente fue la libertad que desprendía –añade–. Algunos hablaron de un sonido infantil, puro e inmaduro, que era otra forma de decir libre. Usamos un montón de sonidos diferentes y las estructuras de las canciones no tenían límites. De alguna forma, quisimos hacer algo diferente de lo que habíamos hecho antes».

«Sung Tongs», en definitiva, no era otra cosa que un compendio de canciones de pop raruno, muy raruno, pero bonito, salido de escuchar durante aquellos años –«aunque pueda sorprenderte»– mucha música tribal africana, discos psicodélicos clásicos y todas las referencias de su sello favorito de entonces, Kompakt Records, especializado en minimal techno. Un universo muy particular con el que acertaron en la diana: «Está claro que “Sung Tongs” fue punto de inflexión en nuestras vidas en el sentido de atraer a un tipo diferente y mucho más amplio de público a nuestros conciertos. Con él pudimos ir a tocar a Europa por primera vez en nuestra vida. Giramos por Inglaterra y Portugal en un momento en el no teníamos trabajo. Yo estaba cansado de currar en tiendas de discos y ese tipo de cosas, así que contactamos con gente y empezamos a pagar las facturas con los nuevos conciertos», señala.

Solo en Estados Unidos vendieron 27.000 copias y su canción «Winters Love» hasta se hizo un hueco en Los Simpsons, además de en otras bandas sonoras. Ahora, con el mismo formato con el que Animal Collective ascendió al podio del indie aquel 2004, vuelven David y Noah para tocar «Sung Tongs» al completo: dos guitarras acústicas, un bombo, percusiones electrónicas, teclados y efectos varios para trasladar al escenario aquella sensación de experimentación casera del disco. Un ascenso que lograron arriesgando mucho más que la mayoría de la bandas de la época, para iniciar un camino –los cuatro juntos de nuevo en los siguientes discos– que culminaría en 2009 con «Merryweather Post Pavillion»: más de 200.000 copias vendidas y el número dos en la lista de los álbumes independientes realizada por «Billboard».

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Otras entrevistas:

– Avishai Cohen: «Supe que tenía talento para el jazz a los diez años».

– Esmerine: música de cámara del siglo XXI.

– Lidia Damunt: «Siempre he querido dejar la música».

– Ainara LeGardon: «Para redefinir la SGAE, primero tiene que desaparecer».

– Bonnie ‘Prince’ Billy: «Nunca leo las críticas de mis discos».

– Sr. Chinarro: «Yo ya no salgo a tocar si no voy a traerme dinero a casa».

– Residente: «Calle 13 se había convertido en algo irritante».

Pedro Iturralde: «En los 50 nadie conocía a Miles Davis en España».

– Pablo Und Destruktion: «Estoy petado de líneas rojas».

– Matt Elliott: «En las giras vivo altibajos emocionales».

– Refree: «¿Miedo al flamenco? Los guitarristas de Pepe Marchena eran unos punkis».

– Forastero: «Es triste que Spotify te dé toda la música del mundo por el precio de una copa».

– Isasa: «A Room With A View fue un grupo muy intenso para mí».

– Santi García: «La primera vez que escuché a Fugazi, pense: ¿pero qué mierda es esto?».

– Steve Gunn: «Hasta el año pasado no me consideré músico profesional».

– Geoff Farina: la delgada línea entre Minutemen y «Mississipi» John Hurt.

– Rick Froberg (Drive Like Jehu): «Vendí mis vinilos para comer».

– Ian Williams (Battles): «Vivir en Malawi coloreó mi visión de la música».

– Alan Sparhawk (Low): «Todos los ingresos de Low son de tocar en directo».

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Un poco de silencio, por favor… © DIARIO ABC, S.L. 2018

Sólo de pensar en las etiquetas me canso: post rock, post punk, power pop, emocore, slowcore, nü jazz, neofolk, indie, britpop, trip hop, new wave, lo-fi, math rock, kraut-rock, speed metal… ¿Pero a alguien le importan? A este blog, por lo menos, no. Más sobre «Un poco de silencio, por favor...»

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