Esmerine: música de cámara del siglo XXI

Esmerine: música de cámara del siglo XXI

Publicado por el Mar 17, 2018

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Cuando Bruce Cawdron y Rebecca Foon formaron Esmerine en 2000, lo único que tenían claro es que les gustaba «la manera en que los sonidos de la marimba y el violonchelo se asociaban entre ellos». «No nos molestó, ni nos molesta, que la música que hacemos suene como los otros proyectos en los que estamos involucrados. Ambos formamos parte del comienzo de esa escena y nuestras voces continúan contribuyendo a ella», explica la chelista canadiense sobre sus otras bandas: él en Godspeed You! Black Emperor y ella en Thee Silver Mt. Zion Memorial Orchestra y Saltland.

Grupos surgidos en Canadá, entre mediados de los 90 y comienzos del siglo XXI, para —a falta de una definición mejor— ponerle banda sonora al fin del mundo. Una especie de música de cámara contemporánea que se ha colado en la (cansina) etiqueta de post-rock, echando mano del folk, la música barroca, el jazz, el rock, el minimalismo o la música para cine. En palabras de Cawdron: «Esmerine es el sonido de las enredaderas del rock trepando como una vid por las paredes de la música clásica». ¿No se hacen una idea? Pues imagínense instrumentos como la marimba, el chelo, el glockenspiel, el piano, una caja de música amplificada, una guitarra, arpas y violines sonando en perfecta sintonía en bonitas canciones instrumentales que, a veces, superan los siete minutos.

La idea surgió después de que Foon y Cawdron se conocieran en otro de los proyectos paralelos de este colectivo: Set Fire to Flames. Su debut llegó en 2003 («If Only a Sweet Surrender to the Nights to Come Be True») y continuó con «Aurora» (2005). Fue entonces cuando llegó el primer parón, que se prolongó hasta que, en 2010, volvieron a las andadas con la incorporación de la harpista Sarah Pagé y el multiinstrumentista Andrew Barr (The Barr Brothers), ambos procedentes de la banda de Lhasa de Sela. Ficharon por Constellation y grabaron «La lechuza» (2011) a las órdenes del cantautor Patrick Watson, contando con las colaboraciones de Sarah Neufeld (Arcade Fire) y el increíble saxofonista Colin Stetson. ¿Pueden caber más instrumentos en un grupo de rock? «Es muy divertido comprobar cómo pueden interactuar todos ellos. Tener tantos elementos a tu disposición hace que haya una variedad más amplia de canciones y de partes dentro de estas», explica el percusionista canadiense.

Sus últimos refuerzos —Jamie Thompson y Brian Sanderson— trajeron consigo la que hasta ahora ha sido su mayor aventura: una impactante gira por Turquía. La impresión que causaron allí fue tan Grande que, poco después, fueron invitados a establecer una residencia artística en Estambul. A raíz de aquella experiencia, la musical tradicional de Oriente Medio invadió sus composiciones y, junto a numerosos artistas locales, dieron forma a «Dalmak», su cuarto álbum. Mañana aterrizan en Alicante (y continuarán después en Barcelona, Madrid, San Sebastián, Bilbao y Vigo) para presentar «Mechanics of Dominion» e invocar a la resistencia y la esperanza con sus nuevas se canciones.

—¿Te resultó difícil encontrar al principio, Rebecca, un hueco con un instrumento tan poco común como el chelo en formaciones de rock como Thee Silver Mt Zion?

Rebecca: Fue muy refrescante para mí mudarme de Vancouver a Montreal y comenzar a tocar el violonchelo en bandas en las que, a veces, interactuaban bailarines. Fue una forma de liberarme de mis raíces clásicas. Tuve la suerte de encontrarme en una comunidad de músicos afines que estaban interesados ​​en romper las fronteras de ciertos estilos y explorar nuevos territorios. Y también tuve la fortuna de conocer a otros intérpretes de cuerdas que tocaban en bandas con guitarras eléctricas, bajo y batería. Me encanta estar rodeada de músicos llenos de talento y con una mente muy abierta que me inspiran a diario para crear música de diferentes maneras.

—A pesar de ser música instrumental, también tenéis una dimensión política. ¿Es el caso de las dos canciones tituladas en español del último disco: «La lucha es una sola» y «Que se vayan todos»?

Bruce: Los dos títulos de estas canciones surgieron del movimiento anticapitalista que se produjo en Argentina a principios de este siglo. Y sí, tienen un enfoque político, en el sentido de que abogan por un cambio de dirección, para que los negocios no beneficien siempre a los inversores y apoyen más a las comunidades. Creo que es un factor importante para cambiar nuestra forma de ser, si queremos superar la crisis del cambio climático en la que estamos inmersos.

—Los problemas del cambio climático inspiran a otras muchas bandas de Canadá. Es un rasgo muy común en vuestro país…

Rebecca: Creo que mucha gente está profundamente preocupada por el estado de nuestro mundo. Y esto afecta en cómo nos sentimos y en la música que componemos. Como artistas que se comunican con un público, creo que tenemos la responsabilidad de trasladar este debate a la audiencia.

—¿También es importante eso en «Mechanics of Dominion»?

Rebecca: Sí, por supuesto. Este último disco nació de una serie de discusiones entorno al actual antropocentrismo que vivimos, donde el ser humano es la medida y centro de todo lo que ocurre. Es decir, de la idea de que nuestra era geológica actual es un período en el que la actividad humana ha sido la máxima responsable del clima climático y de nuestro medio ambiente.

—Rebecca, ¿cómo surgió la idea de involucrar a estrellas como Joan Baez, Patti Smith, Michael Stipe o Flea en aquel concierto que organizaste para concienciar sobre el cambio climático?

Rebecca: «Pathway to Paris» surgió a raíz del Acuerdo de París [que estableció, en 2016, y en el marco de las Naciones Unidas, medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero]. Y luego se concretó con el objetivo de resaltar la importancia de convertir este acuerdo en un plan de acciones reales inmediatas. Mientras organizábamos estos conciertos, mi compañera Jesse Paris Smith [hija de Patti Smith] y yo nos dimos cuenta de que muchos otros músicos, escritores, activistas y artistas estaban tan profundamente preocupados y comprometidos como nosotras en la lucha contra el cambio climático. Todos quieren conseguir un mundo más habitable para las generaciones futuras. Algunos de ellos eran amigos del pasado y a otros no los conocíamos.

—El cine parece también importante en vuestra trayectoria. Y, de hecho, la música de Esmerine parece muy cinematográfica…

Bruce: ¡Definitivamente! Y ese es uno de los aspectos más importantes de nuestra música instrumental. Las canciones que hacemos tienen una profundidad tan grande que aportan dimensiones extra a las imágenes que proyectamos durante los directos. De hecho, recibimos muchas peticiones para componer bandas sonoras y siempre andamos buscando más. ¡Por favor, póngase en contacto con nosotros!

—¿Cómo trasladáis todo eso al escenario? ¿Recreáis las canciones tal y como suenan en el disco o dejáis que vuelen libres?

Rebecca: Nos estamos divirtiendo mucho tocando las nuevas canciones en directo, la verdad. Algunas suenan bastante fieles, pero en otras dejamos mucho espacio y libertad para explorar otros sonidos.

—¿Y las componéis improvisando directamente en el local de ensayo?

Rebecca: A veces una persona crea una estructura suelta y luego improvisamos sobre ella para que evolucione orgánicamente hasta convertirse en una canción. Otras veces, alguien arroja una idea para una instrumentación y luego comenzamos a improvisar dentro de este marco. Siempre hay un componente orgánico que se despliega cuando nos dejamos llevar y jugamos.

—En esas creaciones, vosotros mismo habláis de influencias tan dispares como Steve Reich, Rachel, Kronos Quartet, Neil Young o Nina Simone, por citar algunas. Muchas de estas resultan difíciles de percibir. ¿Vosotros reconocéis, por ejemplo, a Neil Young o a Steve Reich en Esmerine?

Bruce: La influencia de Neil Young, por ejemplo, no es tan evidente. ¡Pero Steve Reich está en todos nuestros discos! Esmerine se comporta como una especie de grupo de cámara. Componemos y tocamos con instrumentos acústicos muy asociados con la música clásica, pero intentamos derribar algunas de las fronteras asociadas a ella. ¿Qué pasa si formas una orquesta y pones a sus componentes a tocar mediante amplificadores y pedales de efectos? ¿Y si, además, esos mismos músicos hubieran aprendido a tocar esos instrumentos clásicos por su cuenta, sin pasar por el conservatorio? Nosotros, de hecho, tocamos principalmente de oído. ¡Ahora eso es considerado algo innovador!

—Y por último, una curiosidad, Rebecca. Como instructora de yoga, ¿pones música cuando estás practicando con tus alumnos?

Rebecca: Me encanta enseñar yoga con música de fondo. Me conmueve y me ayuda a soltarme y sumergirme por completo en el momento. Y también, a inspirar a los otros a hacer lo mismo y abrir sus corazones y cuerpos. Concretamente, me gusta dar clase mientras suena Olafur Arnolds, Garth Stevenson y Brian Eno.

CONCIERTOS EN ESPAÑA:

Alicante. Teatro Arniches. Domingo, 18 de marzo.
Barcelona. Caprichos de Apolo. Lunes, 19.
Madrid. El Sol. Martes, 20.
San Sebastián. Dabadaba. Miércoles, 21.
Bilbao. Kafé Antzokia. Jueves, 22.
Vigo. Radar Estudios. Domingo, 25.

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Otras entrevistas:

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– Ainara LeGardon: «Para redefinir la SGAE, primero tiene que desaparecer».

– Bonnie ‘Prince’ Billy: «Nunca leo las críticas de mis discos».

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Pedro Iturralde: «En los 50 nadie conocía a Miles Davis en España».

– Pablo Und Destruktion: «Estoy petado de líneas rojas».

– Matt Elliott: «En las giras vivo altibajos emocionales».

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– Santi García: «La primera vez que escuché a Fugazi, pense: ¿pero qué mierda es esto?».

– Steve Gunn: «Hasta el año pasado no me consideré músico profesional».

– Geoff Farina: la delgada línea entre Minutemen y «Mississipi» John Hurt.

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– Ian Williams (Battles): «Vivir en Malawi coloreó mi visión de la música».

– Alan Sparhawk (Low): «Todos los ingresos de Low son de tocar en directo».

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Un poco de silencio, por favor… © DIARIO ABC, S.L. 2018

Sólo de pensar en las etiquetas me canso: post rock, post punk, power pop, emocore, slowcore, nü jazz, neofolk, indie, britpop, trip hop, new wave, lo-fi, math rock, kraut-rock, speed metal… ¿Pero a alguien le importan? A este blog, por lo menos, no. Más sobre «Un poco de silencio, por favor...»

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