La «pureza» del hambre

Publicado por el dic 2, 2014

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Bajé este fin de semana al supermercado porque se me demandaron en casa unas pizzas determinadas y mandarinas para el postre, y cuando llegué a la tienda, voluntarios del Banco de Alimentos se afanaban en ofrecerte una bolsa que podías llenar con aquello que luego esta ONG distribuirá entre quien más lo necesita. Me pareció una iniciativa inteligente, directa, sin eslogan: aquí tiene el recipiente (te evitaban sufrir esa violencia pasiva que nos obliga a pagar las bolsas) y ahí la comida. Lo que pueda o quiera estirar el bolsillo, es cosa suya.

Yo colaboré (y no es que ambicione erigirme mentor de los solidarios porque, como la mayoría, soy bastante usurero) y salí del establecimiento con la misma conciencia con la que había entrado. Debo ser un hijo enmadrado del Sistema porque llevo tantas intrascendencias en la cabeza que ya ni busco los atajos dadivosos para mirarme en el espejo.

El fin de semana pasó entre una visita a Ikea, que es esa tienda donde todos podemos ser el fantasma de Dickens porque visitamos mil casas e ilusiones sin quedarnos en ninguna, y la consiguiente jornada de bricolaje. Una suma de circunstancias que, como la vida, te da muebles que no son perfectos, pero que son los tuyos y por eso los defenderás siempre.

Sin embargo, los lunes arden por costumbre y me encuentro con ataques a los Bancos de Alimentos. En esa aberración de hemeroteca breve y catalizada que es la prensa digital, una web me lleva a otra y de ahí a comentarios en noticias que critican a estas entidades porque, teóricamente, están gestionadas por el Opus Dei u otras no dejan inmiscuirse al 15M. Como si el hambre, la sed o el frío entendieran de ideologías o creencias, dinamita en el corazón de muchos salvapatrias (de este tipo, porque los hay de todos los colores y esquizofrenias) que quizá la pureza ideológica del ciudadano deba estar por encima de su solidaridad. A mí la única idea que me aborrece del altruismo es esa maldita “caridad” porque como dijo Galeano, esta es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; mientras que la solidaridad es horizontal e implica respetuo mutuo. De lo demás, como si Darth Vader habilita la Estrella de la Muerte como almacén y esclaviza a R2-D2 y a C-3PO para que vayan a hacer el reparto.

Caminamos hacia una esperanzadora sociedad cada vez más politizada (segunda acepción del término según la RAE: Inculcar a alguien una formación o conciencia política), en la que habrá que acostumbrarse a la voz creciente de los que se pasaron de vueltas. Está bien buscar enemigos porque sin ellos tampoco habría afinidades, pero si algo nos debería haber enseñado el terrible antropocentrismo occidental es que, dentro de nuestra parcela “primermundista”, de las trincheras ya se debe salir sin chaleco antibalas, y más si es para echar una mano a quien lo necesita, que suele ser ese que hemos acostumbrado a que hablemos por él.

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