Estatuas del centro

Publicado por el may 8, 2014

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Ada Colau, exportavoz de la PAH

Ada Colau, exportavoz de la PAH (AFP)

El primero que lo escenificó para dejarlo en mi memoria fue Paco Martínez Soria desembarcando en Madrid con las gallinas. Yo llegaba a la ciudad más adaptado porque tenía internet y redes sociales, que son el camino más corto para ser cosmopolita incluso en medio del monte. De las cosas que más me sorprendían de la capital era ese circo ambulante y caótico que se forma en el centro, manchado de estatuas humanas y demás personajes de animación hechos carne y hueso de marca blanca. Y eso que venía con un concepto del circo muy complejo, pues lo que más me sorprendió del primero en el que estuve fueron las flatulencias que escuché en el baño durante un descanso. El tipo en cuestión creía estar solo y me fui pensando que sería de tradición circense guardar a los animales con gastroenteritis en los urinarios.

Empecé a vivir en Madrid cuando la crisis ya tapaba las calles con manifestaciones diarias, y con el tiempo he observado un fenómeno generalizado (y previsible): estas han pasado a formar parte del mobiliario hasta tal punto, que ya nadie las mira. Una de las ideas más peligrosas que se ha instalado en la ciudadanía es que la política (y los políticos) son un mal a erradicar. Un discurso del que han hecho bandera buena parte de los que ahora se erigen como los nuevos salvapatrias, que van al Congreso pero les gusta quedarse en la puerta y si se deciden a entrar, se quedan en la tribuna de invitados, que es más del pueblo. Ada Colau, que acaba de anunciar que abandona su puesto como portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), sigue echando leña al asunto y ya ha dicho que no va a fichar por ningún partido político. Lógico (en su lógica). Participar de ese modo en el sistema e intentar cambiar las cosas desde dentro pierde ese cariz revolucionario que tanto vende y el marketing en política hay que cuidarlo.

Colau y tantos otros corren el peligro de formar parte del paisaje pseudorrevolucionario español y quedarse ahí o, como mucho, en los titulares, que van y vienen a una velocidad que de nada sirve si se tiene un proyecto. Al menos las estatuas humanas del centro atraen la atención de los turistas (porque yo ya ni las miro), y en realidad tampoco les han pedido nada más y, por supuesto, de su boca jamás salió una promesa que fuera más allá de unas monedas.

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