La operación para la enfermedad de Parkinson

La operación para la enfermedad de Parkinson

Publicado por el abr 10, 2015

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Este sábado 11 de abril conmemoramos el Día Mundial del Parkinson, una patología desconocida y estigmatizada aún en nuestra sociedad que afecta a 150.000 personas en España, según los últimos datos recabados por la Federación Española de Parkinson (FEP).

José Zalba es uno de ellos. Sus síntomas empezaron hace 11 años. Un temblor pequeño en el gemelo delató que su pierna izquierda era menos sensible. El problema comenzó a agudizarse hasta que, dos años más tarde, le diagnosticaron la enfermedad. “Se me cayó el mundo encima. Lo que delató mi enfermedad fue, sobre todo, el gesto de mi cara… No tenía expresividad, estaba como irritado y de mala uva, pero yo no me daba cuenta. En casa y en el trabajo, todos me decían: ‘Josetxo, a ti te pasa algo, tienes la cara rígida, como si estuvieras enfadado’, pero no era así. Después vino el temblor…”, apunta José Zalba.

Tras someterse a la medicación, este comercial bilbaíno consiguió controlar algunos de sus síntomas y trató de hacer una vida normal. Pero a sus 67 años, la enfermedad de Parkinson estuvo a punto de ocasionarle un accidente de tráfico por la somnolencia derivada de esta enfermedad. Su progresivo empeoramiento hizo que buscara alguna opción terapéutica que le permitiera retomar el control de su vida.

Tras consultar otras alternativas, se puso en contacto con el doctor Jorge Guridi, director del Departamento de Neurocirugíade la Clínica Universidad de Navarra, quien le propuso realizar una intervención quirúrgica denominada estimulación cerebral profunda. Aquella operación prometía acabar con el temblor y el resto de trastornos que llevaban acompañándole durante los últimos once años.

Los resultados obtenidos con esta intervención quirúrgica son realmente satisfactorios, ya que viene a mejorar el 80% de la medicación que suelen tomar y hay una reducción del 60% de la misma. Es decir: existe una drástica mejoría de los pacientes y disminuye bastante la medicación. Pionero en la introducción en España de esta técnica, el doctor Guridi la ha aplicado ya a 500 afectados por esta enfermedad, una cifra que lo convierte en uno de los neurocirujanos con más experiencia de España.
La estimulación cerebral profunda se compone de dos intervenciones quirúrgicas distintas:

  • Colocación de electrodos en los núcleos subtalámicos: se trata de una estructura anatómica que está hiperactiva en la enfermedad de Parkinson. Para ello, se colocan 2 electrodos en dicha localización con ayuda de imagen y ayuda de registro fisiológico. El paciente está despierto y sin medicación, por lo que está en situación OFF desde el punto de vista motor y ayuda a la buena colocación de estos electrodos a nivel intracraneal.
  • Colocación de la batería: siete días después, en esta intervención se duerme al paciente para colocarle la batería, que es como colocar una pila o marcapasos, para dar una corriente continua a los núcleos subtalámicos, la diana quirúrgica. Una vez realizada la intervención, el paciente sólo tendrá que cambiar la batería cada 4 o 5 años, aunque ya existen nuevos modelos de larga duración de 8 años. En este infográfico se puede apreciar su mecanismo.

infográfico operación de parkison

En cuanto al perfil de pacientes candidatos quirúrgicos, destacan:

  • Pacientes que no responden bien a la medicación: pasan mucho tiempo en situación OFF, de bloqueo o con poca movilidad. Se trata de pacientes muy complejos, con operaciones severas.
  • Pacientes que llevan poco tiempo con la enfermedad, pero que presentan temblores muy acusados: presentan temblores incapacitantes que la medicación no consigue quitar.
  • Pacientes jóvenes cuya enfermedad comienza a los 30 años: se trata de casos poco frecuentes y por anomalía genética. Con esta intervención se garantiza que pueden vivir perfectamente con un sistema de estimulación colocado.
  • Pacientes con trastornos cognitivos, de tipo de personalidad.

Siete meses después de esta operación, la vida de José Zalba ha cambiado por completo.Nada más programarlo por primera vez, el temblor continuo que tenía desapareció de forma automática. Así, hasta hoy. Ahora me siento mucho más relajado y con ganas de hacer de todo”, asegura el empresario bilbaíno.

Los únicos resquicios de la enfermedad que le quedan a José son los dos elementos externos que lleva incorporados en su cuerpo: “Noto los electrodos cuando me toco la cabeza o me veo en el espejo. Los llevo como mis dos orejas, con la única diferencia de que estas me dejan oír y los electrodos me quitan el temblor”. Y concluye: “No puede ser que en el siglo XXI haya una enfermedad incurable en todos los aspectos. Yo me aferré a que tenía que existir una solución y la encontré, por eso se lo aconsejo a todos los que padecen esta enfermedad”.

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