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Otro feudo extranjero atacado en Kabul
15 Diciembre 2009, 12:07El Heetal atacado por un terrorista suicida. Ocho muertos y decenas de heridos, lo que ocurre es que como todos son afganos la noticia tampoco ha tenido gran relevancia. El último hotel en abrir sus puertas en Kabul ha recibido la visita de una insurgencia que ha vuelto a burlar los controles de seguridad en la capital para golpear en pleno barrio diplomático, en la zona en la que organizaciones como Cruz Roja tiene su cuartel general, también la agencia AP o donde están algunos de los restaurantes más frecuentados por los extranjeros.
Las guest houses de Kabul refuerzan sus entradas (octubre 2009).
Prácticamente cada casa de Wazir Akbar Khan tiene su guardia privada, lo que ocurre es que cada uno se ocupa de velar por sus cuatro paredes y las calles se la dejan a la seguridad pública, inexistente o bastante poco bien preparada y pagada para prevenir este tipo de acciones. El hotel, parece que propiedad de un hijo del ex presidente Burhanuddin Rabbani, no tenía el lujo del Serena (atacado en dos ocasiones) o el Intercontinental, pero estaba ganando popularidad entre los expatriados por su proximidad al centro y su supuesta buena seguridad. El precio de la habitación superaba los ochenta euros diarios, una fortuna en el país, y en su propaganda aseguraban que cumplían todos los requisitos exigidos (The hotel is United Nations, European Union Commission and approved by many Embassy security standards)
Desde que el pasado 28 de octubre un comando yihadista atacara una casa de Naciones Unidas todas las alarmas saltaron en una capital imposible de mantener bajo control. La ONU sacó a gran parte de su personal, ahora basado en Dubai, y al resto lo llevó a vivir a un campamento a las afueras. El resto de extranjeros que permanecen en la capital se arreglan como pueden para velar por su seguridad, pero ya apenas quedan casas de la ONU y las casas para huéspedes que empleamos en Kabul son muy vulnerables a este tipo de acciones. Así que la insurgencia lo tiene muy fácil para ahuyentar al extranjero, un par más de ataques de este tipo y los pocos que quedan terminarán saliendo.
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El padre periodístico de los talibanes
18 Noviembre 2009, 18:53Ahmed Rashid lleva toda una vida dedicado a la yihad. La publicación de ‘Los Talibán’ dio a conocer al mundo un problema que pocos meses más tarde estalló en las manos de Occidente y que ocho años después sigue vivo. Casi treinta años de especialización le convierten en una de las voces más respetadas del mundo sobre yihadismo y sus tres libros, especialmente ‘Los Talibán’, traducido a 26 idiomas, se han convertido en manuales básicos para entender el momento actual en la zona. Visitar su despacho, es como visitar el laboratorio donde las grandes firmas investigan sus medicamentos milagrosos. Lectores de medio mundo esperamos sus análisis y reflexiones para intentar encontrar la luz en la compleja situación que atraviesa la región. Las paredes llenas de libros, fotos y recuerdos de una trayectoria marcada por un tema del que Rashid ha hecho una forma de vida.
Ahmed Rashid, en su despacho de Lahore.
En una habitación cuadrada e independiente de su casa, recibe a su visita mientras trata de solucionar un problema informático. Además se ha ido la luz en su barrio y está nervioso porque necesita imperiosamente enviar un correo. “¿Cuántas preguntas tienes?”, pregunta mientras sostiene el teléfono en una mano y habla con la compañía telefónica que le proporciona Internet. “¿Café con leche, no?” Uno de los criados trae el café, el señor Rashid se sienta frente a su entrevistador y le pide que empiece.
Escribe tanto y concede tantas entrevistas que sus respuestas resultan mecánicas. Nada le sorprende. Sabe lo que los occidentales buscamos y cada testimonio es un titular en potencia. “¿Hablas pastún?”, le pregunto intentado romper el ritmo de respuestas. “No, ¿por qué lo preguntas?”, responde con una curiosidad que antes no había mostrado y matiza que “con el uso del urdu es más que suficiente, lo entienden bien en toda la región”.Dejando el idioma de lado, defiende el incremento de tropas en Afganistán para impedir que aquello vuelva a ser una amenaza para el resto del mundo, exige a las autoridades de Pakistán una mayor implicación ya que “los grandes líderes talibanes siguen siendo intocables” y se muestra “decepcionado” con la reelección de Hamid Karzai, un amigo personal que con el paso de los años se ha ido distanciado y que ahora se encuentra “en una encrucijada entre la presión de su pueblo y la de la comunidad internacional”.
A los diecinueve minutos, Rashid corta la entrevista para saber cuántas preguntas quedan. Una más. 25 minutos, final. El autor de ‘Descenso al caos’, casado con una española, quiere saber dónde vivo y le respondo que en un pequeño pueblo del País Vasco donde, por cierto, se puede encontrar su último libro. “Magnífico, una buena noticia”, asegura mientras vuelve a su sillón y se dispone a enfrentarse a la batalla informática.
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Irak, las elecciones más reñidas del mundo árabe
15 Noviembre 2009, 10:01La posguerra iraquí avanza hoy más que nunca a la sombra de Afganistán y Estados Unidos parece tener prisa por salir del país árabe y centrarse de lleno en lo que Barack Obama define como su «prioridad» en política exterior. Tras unos años caóticos, Irak quiere iniciar el camino de la normalización y, si no hay cambios de última hora, el próximo 23 de enero acudirá a las urnas para elegir su Asamblea Nacional por segunda vez desde la caída de Sadam Hussein. Unos comicios que se celebrarán bajo la amenaza de la violencia y que estarán regidas por una nueva ley electoral aprobada 'in extremis' esta misma semana. Unas elecciones en las que tras el boicot de las principales formaciones suníes en 2005 se presenta como una batalla muy reñida entre los partidos y figuras de las distintas sectas y etnias del país que esta vez sí estarán presentes.
Después de varios meses de relativa calma, dos macroatentados devolvieron a Irak a las portadas. En agosto y octubre más de cuatrocientas personas perdieron la vida tras distintos ataques terroristas en la provincia de Nínive y en Bagdad. Dos acciones que sembraron las dudas sobre la capacidad del país de celebrar unos comicios y el futuro de su seguridad sin presencia de fuerzas americanas, cuya salida definitiva está marcada para finales de 2011. En medio de los atentados, el debate entre las diferentes fuerzas políticas buscaba un consenso para poder acudir a las urnas. Dos eran los puntos polémicos: la naturaleza cerrada de las listas, lo cual favorece al sectarismo según sus detractores, y el voto en la norteña provincia de Kirkuk, centro de disputas entre kurdos, árabes y turcomanos. Con tres semanas de retraso respecto al plazo inicial y tras la presión del embajador de Estados Unidos, Christopher Hill, y de la ONU, se solventaron las diferencias y los iraquíes se preparan para lo que Occidente califica de «las segundas elecciones libres de su historia».
«Los americanos quieren salir cuanto antes para centrarse en la misión afgana, estarían incluso dispuestos a acelerar los plazos marcados por el plan firmado por la anterior Administración», aseguran fuentes diplomáticas desde Bagdad. Pero, al igual que ha ocurrido en Afganistán con las recientes elecciones, un proceso democrático se presenta indispensable para ofrecer al menos la ansiada imagen de estabilidad y normalidad. «Se trata de un hito importante ya que los iraquíes siguen tomando la responsabilidad de su futuro», se apresuró a declarar Obama nada más conocer una noticia que le permite seguir soñando con reducir los 120.000 soldados actuales a los 50.000 que tienen previsto permanecer en el país a partir de agosto del próximo años.
Aunque su nombre no resulta tan familiar como los de Bagdad o Basora, Kirkuk se ha convertido en el centro de los problemas en el Irak del siglo XXI. Situada a menos de trescientos kilómetros al norte de la capital, turcomanos, árabes y kurdos se disputan la hegemonía sobre una provincia en cuyo subsuelo hay importantes reservas de crudo. En los años sesenta y setenta sufrió un proceso de arabización por parte de Sadam, pero en los últimos años han sido los kurdos los que han repoblado la zona para intentar convertirla en la cuarta provincia de su región autónoma.
Sus ciudadanos acudirán por primera vez a las urnas y sus votos serán seguidos de cerca por un comité especial de Naciones Unidas que intentará velar por el equilibrio interétnico. Una «solución temporal», según los principales medios iraquíes, que los kurdos han recibido como una primera gran victoria para su causa ya que el censo utilizado será el realizado en 2009, no el de hace cinco años, tal y como reclamaban los líderes árabes.
Guerra civil
El fantasma de la guerra civil sigue muy presente en la sociedad y se espera que con el cambio a las listas abiertas se favorezca un sistema alternativo al de los grandes bloques religiosos y étnicos que mantienen polarizado al país. Las alianzas y pactos no cesan en Bagdad, unos de marcado carácter laico como el Movimiento Nacional del ex primer ministro Iyab Alaui, otros con la religión como bandera como la Alianza Nacional formada por los grupos chiíes en torno al Consejo Supremo Islámico, y otros con las reivindicaciones nacionalistas en primer lugar como los integrantes del bloque kurdo.«Se trata de las elecciones más reñidas y divertidas de todo el mundo árabe; el proceso será muy disputado», destaca un diplomático europeo que además de los normales juegos políticos internos piensa que la clave estará en «la postura que tomen los grandes agentes extranjeros en el país: Estados Unidos, Arabia Saudí y, sobre todo, Irán».
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Los últimos judíos de Afganistán
13 Noviembre 2009, 11:17“Los últimos judíos se fueron hace muchos años y nunca han vuelto, pero aquí les esperamos con los brazos abiertos”. Mohamed Nader tiene “más de setenta años” y nació en la muhalla-yi-musahiya de Herat, en la judería de esta ciudad del oeste del Afganistán en la que hasta 1978 había presencia judía. La creación del estado de Israel en 1948 supuso la salida de esta mítica ciudad de la Ruta de la Seda de la mayor parte de las 280 familias judías de Herat con destino Tierra Santa. La situación de inestabilidad previa a la invasión soviética supuso el adiós definitivo a los últimos judíos que emigraron primero a la vecina Irán y de allí a Canadá.
La rehabilitada sinagoga de Yu Aw de Herat.
Cuatro sinagogas y un baño son la huella arquitectónica dejada en este lugar, unos edificios que gracias a la labor de la fundación Agha Khan están siendo restaurados ya que después de tres décadas de guerra, como el resto de la ciudad vieja, estaban en ruinas. La sinagoga de Yu Aw ha sido la primera en recobrar su forma original, aunque de templo judío ha pasado a convertirse en madrasa para los niños del barrio. “Se trata de combinar rehabilitación y desarrollo social, que los edificios tengan vida y la gente los utilice en el día a día”, explica el responsable de la oficina de la fundación, Jolyon Leslie, de origen surafricano y con larga experiencia en el país.Más de doscientos niños acuden cada día a clase en la sinagoga en turnos de mañana y tarde. En la plataforma donde antes se leía la torá ahora hay unas sillas de plástico en las que los pequeños aprenden canciones y colorean sus cuadernos. Nada recuerda al uso pasado del templo y una de las maestras asegura que “sabemos que es un edificio histórico, pero nada más”. Versos del Corán cuelgan de las paredes en pequeños marcos dorados. El buen trabajo de rehabilitación ha permitido la conversación de la decoración de la bóveda central con enrevesados dibujos azulados. El patio donde antes se reunía la comunidad judía antes del rezo es ahora el lugar de recreo, y donde vivía la familia del rabino, está la oficina del Centro Cultural Soorosh donde ofrecen té a los escasos visitantes que se acercan para ver el lugar.
Salajuddin es el arquitecto que ha dirigido las obras de reconstrucción y está orgulloso de su trabajo. Formado en Ucrania durante los años ochenta, allí tuvo contacto por primera vez con el pueblo judío con el que se ha reencontrado a través de su trabajo. “Es extraño, pero no hemos recibido ningún tipo de ayuda o colaboración por parte del estado de Israel. Los edificios estaban en muy mal estado y ver ahora esta sinagoga así es un milagro”, defiende este arquitecto que no piensa que con la presente situación en Afganistán la comunidad judía se anime a regresar.
Último superviviente
La presencia judía en el país se remonta a hace dos mil años, pero en el presente sólo queda uno, Zabolon Simantov, el guardián de la sinagoga de Kabul. En 1967 quedaban cuatro mil judíos en Afganistán, en 1969 había trescientos y en 1979 sólo treinta. Hoy queda Simantov, que nada más cerrar la puerta de la sinagoga que cuida en la Calle de las Flores se agacha para recoger una especie de hucha metálica que estira hacia sus visitantes para exigirles una aportación que le ayude a “sobrevivir”. -
La ONU abandona el barco afgano
05 Noviembre 2009, 08:36Historia acabada. Abdulá Abdulá dio ayer su última pataleta ante los medios de medio mundo que poco a poco empezamos a dejar Afganistán en busca de nuevas coberturas. Atrás quedan una locura de proceso electoral, jornadas de mucha violencia y días de tensión e incertidumbre. Tengo la sensación de dejar atrás el peor panorama que nunca he vivido en Afganistán desde que llevo trabajando en este país. La noticia de la evacuación de más de la mitad del personal de Naciones Unidas es el último síntoma de la enfermad terminal que sufre este país y que ocho años de medicina occidental no ha sido capaz de curar.
Rueda de prensa en casa de Abdulá Abdulá.
La ONU trasladará a unos 600 de sus cerca de 1.100 funcionarios internacionales, lo que supone un 12% de todo el personal. La decisión se produce menos de una semana después del asalto contra una guest house de la organización en el que murieron cinco de sus trabajadores. La misión de Naciones Unidas está pendiente también de la renovación de su mandato, un mandato político y parcial que le impide ser un mediador útil en el conflicto. En esta guerra hay dos bandos muy claros y la ONU ha tomado parte por uno de ellos. La consecuencia directa es que ocho años después es objetivo directo de la insurgencia. ¿Quién puede hacer ahora esa labor de mediación?
La comunidad internacional cierra filas en torno a un Karzai cuyo poder apenas traspasa los muros de su palacio. Un presidente sin ningún tipo de autoridad moral y ahora habla de luchas contra la corrupción y de tender la mano a los talibanes. Un presidente que en los últimos meses ha echado la culpa de todos los males del país a los mismos extranjeros que le convirtieron en lo que es y a los que necesita para seguir manteniendo esta fantasía democrática que no hay por donde cogerla.
Casa de la ONU atacada.
Ahora llegará la investidura, con presencia de ministros extranjeros, la formación de gobierno y paripés varios para perpetuar en la cúpula del poder a los mismos que llevan ocho años llenándose los bolsillos sin pudor. Los afganos por un lado, y la comunidad internacional por otro. Juntos, pero no revueltos, bien separados por los muros de hormigón y coches blindados.
Esperaremos nuevas estrategias, planes de cambio de Obama, refuerzo de contingentes como el español… pequeñas gotas de agua que seguirán llenando el vaso de los despropósitos de la misión afgana. Ocho años después de llegar a este país el hombre blanco sigue sin remangarse los pantalones para poder caminar a pie de calle y mancharse sus zapatos en los charcos que estos días inundan Kabul. A todo el mundo se le llena la boca hablando de Afganistán, pero aquí nadie se sienta a comerse un kebab en un restaurante afgano. La distancia se ha ido agrandando y ya somos una especie de astronautas que, en la mayoría de casos, llegan, se forran y vuelan. Hasta que llegue un día que todos volemos, pero por los aires.
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El teatro afgano renace de sus ruinas
05 Noviembre 2009, 07:46“La última obra que se representó fue una adaptación de ‘La madre’ de Máximo Gorki, todo un éxito de público”. Farid pasea entre las ruinas del antiguo Teatro Nacional de Kabul y recuerda con detalle ese año 1992. Hijo de director de orquesta y actriz, siempre ha vivido en este teatro. En los años gloriosos, cuando la entrada costaba “cincuenta afganis de aquella época” y mil personas abarrotaban el aforo, y en los tiempos terribles de la guerra civil, cuando los muyahidines bombardearon el lugar y el general Dostúm –que recientemente ha regresado al país para apoyar a Hamid Karzai en las elecciones- usaba el foso de músicos para amontonar los cuerpos de sus adversarios fusilados. Este hombre enjuto y de rostro serio lo ha vivido todo en primera persona y ahora trabaja como guardia de estas ruinas a cambio de un salario de 3.000 afganis al mes, 42 euros al cambio. Al menos le permiten vivir en lo que en su día fue el palco de autoridades.
“Es mi casa, cada día sueño con que alguien volverá a devolverle su esplendor, pero pasa el tiempo y nadie le presta atención. Afganistán tiene mayores urgencias que su teatro”, lamenta mientras guía al extranjero por las entrañas del escenario y muestra los restos de la máquina que se usaba para cambiar de escenarios con rapidez y que era la envidia de los países vecinos.
El esqueleto de este edificio es una de las muchas cicatrices que quedan en la capital de la época de la guerra civil entre los diferentes señores de la guerra que reclamaban su cota de poder tras la ocupación soviética. Muchos de ellos ocupan puestos importantes en los ministerios con el visto bueno de Occidente, pero con la condena muda de los ciudadanos de a pie que les tienen tan poca simpatía como a los líderes talibanes.
Teatro de los Niños
Al lado del gran teatro se ha levantado un edificio más modesto presidido por un cartel que anuncia ‘Teatro de los Niños’. Allí trabajan ahora los grandes actores de este país que tuvieron que exiliarse en los años de guerra y de control talibán. Desde hace tres años Qader Farukh dirige esta renacida Compañía Nacional que ya ha representado una decena de obras en una pequeña sala, coronada por una cúpula de cristal azul, y donde las sillas se colocan en función del público que vaya llegando. “Es teatro casi amateur y gratuito, el sueldo medio no sobrepasa los seis mil afganis mensuales, 84 euros, y vivimos gracias a segundos trabajos y ayudas internacionales”, asegura Farukh, cuyo hijo acaba de graduarse en Bellas Artes y también se ha incorporado al mundo del espectáculo.En la mayor parte de ocasiones trabajan por encargo de organizaciones internacionales y su público lo forman los niños de los diferentes colegios de Kabul. Ahora preparan una obra sobre la paz que ha encargado la misión de Naciones Unidas en Afganistán, UNAMA. Sesenta y cinco personas trabajan en el teatro, de ellos 25 actores y cinco actrices, “una profesión de alto riesgo para las mujeres en este Afganistán”, asegura Farukh, que durante siete años vivió exiliado en Pakistán donde trabajó para el canal en persa de la cadena BBC.
Farukh, otro mago del suspense.
Pese a la creciente presión fundamentalista en el país, considera que en la capital se respeta la libertad de expresión y por ello han podido trabajar en obras como ‘Parlamento’ o ‘Los recuerdos de un muyahidín’, donde se critica a la política actual y a los que destrozaron el país durante la guerra civil. “En Pakistán es bastante peor, allí presenté un proyecto titulado ‘La libertad de las mujeres’ y recibí amenazas de muerte”, destaca.
No corren buenos tiempos para el teatro en este país, pero la violencia y las malas condiciones laborales no nublan la genialidad de artistas como Farukh. Con mucha discreción se retira hasta uno de los camerinos y allí, lejos de la mirada del resto de compañeros, enciende un cigarro sin importarle romper con el ramadán. Aspira con fuerza y habla de política, el monotema estos días de recuento electoral en Afganistán, “las elecciones son una especie de teatro en el que la comunidad internacional tira de los hilos y los políticos y pueblo afganos no son más que simples marionetas”, reflexiona en voz alta antes de seguir fumando y recordando épocas mejores.
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Karzai, el hombre de Bush y Obama
03 Noviembre 2009, 06:55Proceso electoral terminado. Hamid Karzai presidente y que el desastre electoral se olvide cuanto antes. Un nuevo parche a ocho años de parches en la misión afgana. El problema es que a diferencia de 2001, se ha perdido la confianza de los afganos y los talibanes han pasado de ser un grupo en plena huída a los dueños de buena parte del territorio. Occidente felicita al ganador y ya empieza a encargarle una serie de tareas para intentar mejorar la marcha del país. Se repite la misma escena de hace cinco años, pero con diferente protagonista por parte americana. Obama ha recogido el testigo de Bush, pero tendrá que seguir confiando en la misma persona que la anterior administración elevó a los altares presidenciales en Afganistán.
Trío de ases para las elecciones afganas.
Los deberes de Occidente pasan ahora a un segundo lugar para un Karzai que debe empezar a repartir el pastel entre el selecto grupo de señores de la guerra que le ha arropado durante su mandato. Los hay de todas las etnias y con todo tipo de crímenes a sus espaldas, sólo hay que leerse el “Manos manchadas de sangre. Atrocidades del pasado en Kabul y herencia de la impunidad en Afganistán”, publicado en 2005 por Human Rights Watch. Bush hizo la vista gorda, y con él todos los países OTAN que usando la coletilla de ‘misión amparada por una resolución de Naciones Unidas’ dicen amén a todo. El Premio Nobel de la Paz se encontrará sentado a la derecha de Karzai al el ex ministro de Defensa Mohamed Qasim Fahim, su número dos al que diferentes organizaciones no gubernamentales acusan de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad durante la guerra civil afgana. Sólo un ejemplo de una larga lista.
Los dirigentes afganos, con Karzai a la cabeza, calificaron el informe de “incorrecto y poco creíble”, pero se apresuraron a aprobar una ley de amnistía por la que “ningún partido político o facción militar que participó en las dos décadas y media de guerra en Afganistán puede ser juzgado ni perseguido legalmente”. Pero esto ya no importa porque "hay que mirar adelante", como repite una y otra vez Kai Eide, el hombre fuerte de ONU en Kabul.
Así que a partir de ahora, cuando lean o escuchen eso de ‘misión bajo el paraguas de Naciones Unidas’, recuerden este informe y la ley de amnistía para estos warlords, y piensen en los millones de afganos que sufrieron su brutalidad durante la contienda civil y que hoy les ven sentados en los ministerios de esta nueva democracia forjada gracias a unas “elecciones históricas”, tal y como las calificó ayer la Embajada de Estados Unidos.
La legitimidad de Karzai está tan en entredicho como la de una misión internacional en la que las tropas mueren y matan para perpetuar en el poder a esta élite de señores de guerra. Injustificable ante los ojos de los ciudadanos de a pie en Afganistán, justificable ante los ojos de los ciudadanos occidentales porque, según nuestros dirigentes, es el peaje que hay que pagar para mantener la seguridad en nuestras fronteras. Esta no es forma de ganarse el corazón de un pueblo como predica la doctrina McChrystlal, esto sólo sirve para seguir con una política de parches que durará lo que duren los dólares. Después poco importarán las resoluciones de la ONU, los derechos humanos o el derecho al voto de los afganos.
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Abdulá, vencedor moral de la farsa electoral
02 Noviembre 2009, 06:46Sigue la tensión. Abdulá Abdulá se ha descubierto como un mago del suspense y ayer volvió a demostrarlo con su puesta en escena para anunciar su adiós definitivo a la carrera por la presidencia. Por encima del resultado final, que sigue en el aire pese a que sólo quede un candidato, Abdulá es el ganador moral de estas elecciones. No se trata de un monstruo de la política, ni de un Mandela afgano, pero aquí hace falta muy poco para destacar, muy poco. Le ha bastado un discurso coherente sobre el fraude electoral y unas exigencias absolutamente justas para tumbar a un rival como Karzai, con el agua de la manipulación al cuello desde el pasado 20 de agosto.
Abdulá, la figura de este proceso. Ver para creer.
Queda un candidato. Parece claro el resultado final. Pero siguen las conspiraciones, los rumores, los posibles pactos, la presión internacional y todo lo demás para intentar legitimar lo imposible de legitimar, unas elecciones en Afganistán. Y lo más hiriente es que, fuera de micrófono, nadie cree en el proceso. Nadie. Ninguno de los oficiales de las comisiones, organismos internacionales, embajadas… nadie con dos dedos de frente defiende estas elecciones. Otra cosa es cuando se encienden los focos y las cámaras están grabando. Entonces es el momento para alabar el espíritu democrático del pueblo de Afganistán y enviar un pésame a las víctimas de la violencia. Víctimas como los cinco funcionarios de la ONU, cuya muerte ha provocado la salida del país de mucho personal internacional.
Lo he dicho en anteriores ocasiones y lo repito. El proceso está podrido. ¿La solución? Hacerlo bien. No se puede elevar a los altares de la democracia a los mismos criminales de guerra que arrasaron el país durante la guerra civil, a la gente que los talibanes tuvieron que quitar del poder para que no terminaran de exterminar a sus compatriotas. Y ellos están hoy en carteles por todas las calles. La gente les mira y aparta la mirada. No se puede hacer un censo de mentira, no se puede jugar al teatro de la votación en zonas en las que sólo manda la ley talibán, no se puede exponer a todo un país por el ansia de hacerse una foto y de publicar estadísticas diciendo que todo ha ido fenomenal.
Antidisturbios en la puerta de la Universidad de Kabul.
Mentira. Es todo tan ridículo que duele incluso tener que usar la palabra democracia para referirse a esta farsa. Aquí no ha existido nada de eso, ni ahora, ni en agosto. Aunque los observadores, funcionarios internacionales, periodistas y demás personas que vivimos de esto –algunos no sólo viven, sino que se hacen millonarios- hayamos usado palabras como ‘elecciones’ o ‘democracia’, es mentira.
Vamos a ver qué ocurre el sábado, pero como ya hemos visto muchas veces en este país, todo es posible hasta el último minuto. Al menos, sólo espero que muera la menor cantidad de gente posible.
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Un pequeño trofeo en manos insurgentes
30 Octubre 2009, 07:27La insurgencia de Badghis tiene en su poder uno de los Mini AUV Raven con los que España trabaja en Afganistán y espera hacer negocio con el tema. Se trata de un aparato que se lanza con la mano y casi se puede guardar en una mochila. Dotado de un sistema de cámaras para visión nocturna y diurna este ‘avioncito’, como le llaman algunos militares, es tan pequeño como importante para las misiones de reconocimiento de terreno. Antes de que los vehículos se adentren por alguno de los valles afganos, se lanza y así se puede ver con un margen de diez kilómetros lo que depara el camino.
El Searcher, hermano mayor del Raven, en la base de Herat.
Además de la vigilancia, su zumbido, que los insurgentes reconocen inmediatamente, es un arma disuasoria que indica que alguien está por encima de sus cabezas. El aparato está en manos de un mulá que pide dinero a España para devolver los restos del Raven. Por parte española no se reconoce ningún tipo de contacto, negociación, ni recompensa por la obtención del avión. Fuentes policiales afganas consultadas aseguran que el mulá pide más de dos mil euros por su pequeño tesoro.
Mientras que los americanos, a través del manual del general Petraeus, hablan abiertamente del uso del dinero como arma de contrainsurgencia, el resto de países de ISAF cierran filas respecto a este tema y repiten una y otra vez que “no se negocia con la insurgencia”. Aunque Hamid Karzai y su adversario político Abdulá Abdulá, los dos candidatos a la presidencia por cuya elección se están jugando la vida miles de soldados extranjeros, hablan abiertamente de la necesidad de negociar con los talibanes, sentarlos en el gobierno incluso y alcanzar la ansiada unidad nacional. Habrá que esperar a la nueva estrategia Obama para ver si realmente la negociación es bendita o maldita. De momento, los americanos ofrecen recompensas, pagan a confidentes y demás con dinero de los impuestos americanos, igual que lo hicieron en Irak para comprar a las milicias del Surge.
El Searcher, hermano mayor del Raven, en la base de Herat.
“Más que los restos del aparato, lo que preocupa en estos casos es que la insurgencia lo use como trofeo”, me confesaba un miembro de la fuerza internacional destinado en Kabul cuando le comenté la historia. Por encima del valor económico del avión, el efecto mediático de ver fotos o vídeos del mismo en manos del enemigo jugaría “un papel muy negativo en la moral de la misión”. El mismo militar ponía el ejemplo de Black Hawk derribado a los americanos en Mogadiscio en 1993, o los más recientes de la emboscada a los franceses en Sarobi y las posteriores fotos de insurgentes con uniformes del ejército galo. “Este tipo de imágenes no pueden salir de ninguna forma”, repetía en conversación telefónica.
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La guerra asimétrica llega a Kabul
28 Octubre 2009, 21:4623.30 horas. Se acaba un día largo. Acabo de salir a dejar fuera del cuarto la bandeja de mi cena y me he encontrado con un guardia de seguridad que paseaba por las habitaciones de mi guest house. Uno de los cuatro hombres armados de refuerzo que se han contratado ante la alarma creada por el ataque de esta mañana contra la casa de Naciones Unidas. Pobre hombre. Con el frío que hace en Kabul y paseándose con su viejo Ak47 tapado con una chaqueta impermeable azul.
A las seis de la mañana los disparos han despertado a la ciudad. Un tiroteo de más de una hora que ha dejado al desnudo la mentira de la seguridad en esta ciudad. Vigilantes a 50 euros al mes, barreras azules y blancas, muros de hormigón y búnkeres no pueden con una insurgencia cada vez más radicalizada. En el fondo, no pienso que al afgano de a pie le importe demasiado que la ONU se haya convertido en objetivo. Para ellos no es más que un aparato extranjero más de los muchos que en los últimos años han llegado a Afganistán.
Mientras acudíamos al espectáculo de la retirada de cadáveres, llegaba la noticia de los cohetes contra el hotel Serena. Un poco más tarde, las primeras imágenes de los bombazos en Peshawar. ¿Qué está pasando? Los políticos occidentales se empeñan en justificar la guerra en Pakistán y la intervención en Afganistán en la seguridad de nuestros propios países, una actitud egoísta y, sinceramente, que no termina de cuajar.
La sangría diaria y el terror al que se ven sometidos los ciudadanos del frente “Af-Pak” van a tener a la larga un efecto mucho más negativo que otra cosa porque la aversión a Occidente crece con cada ataque. Así es, las bombas las pone la insurgencia, pero el odio de los ciudadanos de a pie no es para ellos, es para el hombre blanco que vive a miles de kilómetros y se cree que a base de dólares y euro se puede comprar su seguridad.
Todos los periodistas, cooperantes, diplomáticos y demás personal expatriado en este país sabemos que lo de esta mañana es un aviso muy claro de que la próxima nos puede tocar a nosotros. Se trata de una estrategia antes casi no empleada en esta guerra asimétrica, pero que una vez estrenada seguro tiene continuación. Un día intenso. Un día menos para esa segunda vuelta de las elecciones que los talibanes tienen en su punto de mira. Tan innecesaria como falsa y surrealista, las elecciones están resultando demasiado caras. Hasta ahora costaban vidas afganas, pero ahora le ha tocado a la comunidad internacional. Entonces quizás cambien las reglas del juego.
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