Camellos en la playa de Karachi
- 20 Noviembre 2009, 22:48
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Cinco de la tarde, la playa de Karachi presenta un ambiente animado. Familias y jóvenes acuden cada atardecer a este lugar para despedir al sol, pasear en camello o caballo, cenar algo en los chiringuitos o simplemente caminar sobre la arena. Más que arena se trata de una especie de lodo de color negro sobre el que los pies se levantan con dificultad. Los lugareños se excusan de la suciedad y echan la culpa a un buque petrolero griego que, como el Prestige en Galicia, perdió su carga en la bahía de la capital ffinanciera paquistaní hace varios años.
Entre camellos, caballos, encantadores de serpientes, y domadores de monos, la playa hace también las veces de zoo urbano. Los extranjeros no suelen acercarse por aquí, prefieren las playas privadas situada al más al sur y que están bien limpias y aptas para el baño. Aquí nadie se baña y eso que, aunque sea noviembre, la temperatura es propicia para pegarse un chapuzón. Sólo los camellos se atreven a meter sus patas en la orilla. Resulta increíble experimentar la paz y calma que transmite este mar, justo en la otra punta de lugares como Waziristán del Sur, sobre cuya guerra escribimos cada día sin haber puesto nunca un pie allí.
Islamabad es el centro político, Lahore el cultural y Karachi el económico. Esta ciudad de más de doce millones de habitantes es una especie de Bombay a la paquistaní. La popular Benazir Bhutto tenía aquí su cuartel general y su partido, el PPP (Partido del Pueblo de Pakistán), es el más popular. Camino de la playa se pasa por una de sus casas en la capital, de la que sólo se ve la enorme muralla que le rodea.
“Mister, mister, 50 rupee”, gritan los camelleros una y otra vez. El negocio no parece pasar por sus mejores momentos. Los atentados no llegan a Karachi, la ciudad más al sur del país, de momento se están centrando en Peshawar, capital de la NWFP (siglas en inglés de Provincia de la Frontera Noroeste). En Karachi también hay una bolsa importante de pastunes, pero las autoridades aseguran que la situación está bajo control. “Son unos locos, siempre había pensado que en el fondo tenían algo de razón en su lucha, pero esa idea ya va desapareciendo de mí y de todos los pastunes”, lamenta un joven de Peshawar con negocios en Karachi que no puede creerse lo que está sucediendo estos días en su ciudad. Siete atentados han golpeado la principal ciudad pastuna del país en las últimas dos semanas y sus autores han sido también pastunes, la etnia de los habitantes del cinturón tribal.
Baja el sol. Menos rojo de lo esperado por culpa de la bruma y de la contaminación en el aire. Los precios de los paseos en camello bajan a la misma velocidad que el astro rey, pero el extranjero se resiste. Con tanta cámara a cuestas no debe ser fácil subirse, mejor precaución. A la salida el Goretex de las zapatillas ha cumplido su trabajo, pero el olor es intenso. Camino y camino por el malecón, pero el hedor no desaparece, creo que será el su último viaje.
Comentarios | 2 comentarios
Me ha sorprendido lo de Karachi, realmente parece ser muy distinto al resto de Pakistán. Muy chulo todo el rollo que tienen montado con los camellos por la orilla, parece sacado de Lawrence de Arabia cuando toman Aqaba. Siento lo de tus zapatillas Mikel :(
Sl2
por fin! algo light y mundano.zorionak!
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