Jimbo Smokehouse, el lugar de la carne ahumada durante 15 horas

Jimbo Smokehouse, el lugar de la carne ahumada durante 15 horas

Publicado por el feb 8, 2017

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Todo empezó viendo la tele. Echaban Chef, de Jon Favreau y, en un momento determinado, empezaron a hablar sobre «barbacoas texanas»: que si se usa carne de pecho, que si está más de diez horas haciéndose a baja temperatura y con el humo de la leña, que si sacaban unas imágenes de la carne increíbles… En fin. Pues descubrimos que existía una de esas en Madrid. Jimbo Smokehouse, se llama el restaurante, por la zona de Chamberí. Y un adelanto: hay que probarlo.

No tardamos ni 24 horas en ir. Pero no todo podían ser buenas noticias. No se puede reservar, y eso de esperar en la barra parece bastante habitual. Veinte minutos nos dijeron, que acabaron siendo casi cuarenta. Además, la mayoría son mesas corridas de madera, por lo que acabamos comiendo con un trío de desconocidos que no paraban de hablar de Netflix. Mientras, para entretenerse en el local de aspecto industrial y amplios ventanales existe toda una gama de cervezas artesanas, perfecto para quienes sean fans de esta modalidad.

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La barra de cervezas, en una foto un poco de postureo

Además, pudimos averiguar que la especialidad de la casa es el brisket, un corte típico americano que se corresponde con la carne del pecho de la vaca. Se macera en sus jugos y especias (nada de salsas) y luego se ahuma durante 15 horas. Al parecer, en Jimbo Smokehouse dejan la carne por la noche en el ahumador, con madera de roble y gas, a baja temperatura. A la mañana siguiente, una cocinera entra a las 8 de la mañana para controlar el proceso, además de echar otras carnes al fuego, que requieren de menos tiempo.

Así que por fin en la mesa, pedimos. De entrante, nachos con brisket (6,90 euros). Llevaban crema de queso, jalapeños, crema agria, pickles (rodajas) de rábano y brisket. Yo, sinceramente, no los volvería a pedir y tampoco los recomendaría. Les faltaba gracia por todas partes. La crema de queso era plasticosa y algo insípida. No eran unos nachos, como un plato en conjunto, sino «cosas» puestas unas encima de otras…

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En eso estábamos cuando trajeron los segundos. Nos había llamado la atención que en la carta avisaban de que la carne sale a temperatura media. «Al estar cocinadas con antelación, debido a la gran cantidad de tiempo que requieren, las mantenemos a la temperatura más alta posible», ponía. No hubiera supuesto ningún problema de no ser porque entrante y segundos salieron casi a la vez. Pero también es cierto que con los segundos llegó la gloria.

Pedimos una bandeja de brisket  (11,90 euros), acompañada de  patatas gajo, aunque se podía elegir también con puré, ensalada de col, baked beans, media mazorca de maíz y alguna cosa más. Eran dos sencillos cortes de carne. Y, perdonadme si me enrollo, pero tuve un profesor de periodismo que decía, cuando alguien se ponía a explicar su texto antes incluso de leerlo que «el texto debe justificarse por sí mismo». Pues algo así pasa con esta carne. Se presenta sola, con unas pocas patatas al lado, sin salsas, ni nada. Y estaba muy sabrosa, con ese sabor ahumado y a especias, nada seca (tampoco cruda, claro) pese a lo que los prejuicios pudieran decir de una carne que ha estado 15 horas al fuego. Un sabor tremendamente particular, más aún para quienes, como yo, no habían probado esta forma de hacer la carne.

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Tampoco nos equivocamos con las patatas. Se ve que también las hacen por el mismo proceso que la carne y, qué delicia. No os esperéis unas patatas crujiente, sino más bien tipo asado, pero muy sabrosas.

El otro segundo era el Pulled Pork (8,90 euros): «Corte Boston Butt, carne de cerdo deshilachada, adobada con azúcar moreno y especias. Ahumado durante 10 horas». La carne va deshilachada, dentro de un pan de hamburguesa tipo bollo, con ensalada de col y salsa Barbacoa. PSF defendía que era la mejor hamburguesa que había probado con una vehemencia pasmosa, yo no estoy tan segura, aunque hay que reconocer que estaba realmente buena y que era muy diferente a otras hamburguesas que han pasado por el blog. Aunque la carne, por separado, me parecía algo seca, en el conjunto de la hamburguesa quedaba perfecta. Digamos que, al probarla, cobraba sentido la salsa barbacoa no como una salsa para tapar el sabor, sino para realzar el regusto a ahumado.

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De postre, no pudimos menos que probar el helado casero de donut (2,50). El sabor era clavado.

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En resumen: si vais a  Jimbo Smokehouse, id con tiempo, no esperéis una cena íntima o romántica y pasad de los entrantes, centraos en la carne.

 

¿Has estado en Jimbo Smokehouse? ¡Danos tú opinión!

Plaza Descubridor Diego de Ordás, 4 (Junto a Santa Engracia, 120 – Metro Ríos Rosas)

De domingo a jueves 13:00-00:00; viernes y sábados 13:00-1:00

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