Y si la catenaria fuese plano… (Historia de los géneros)

Publicado por el Jun 23, 2015

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Mi infancia son recuerdos de dos best-sellers que me volvieron tarumba: primero, El mono desnudo, de Desmond Morris, que te hacía venirte arriba, y luego, El varón domado, de Esther Vilar, a la que los sábados entrevistaba en su magazine Íñigo, y que era como si te dijeran que el mono son los padres.

Este titubeo entre un mono desnudo y un varón domado ha sido el “moonwalk” de mi generación, de la que ya me iba olvidando, hasta que salió la comisaria europea de Igualdad de Género a decir que su modo de conocer a la mujer española es ver las películas de Almodóvar (en la imagen, la fachada de su estudio, esta mañana), y yo me quedé en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón.

¡Pobre Vera (la comisaria), que sabe de géneros por lo que lee en los labios de Chus Lampreave!

Y si la catenaria fuese plano

Así arrancaba una página de un matemático a cuyo discurso de ingreso en la Academia contestó don José María Pemán. Se llamaba Julio Rey Pastor, era de La Rioja “y su charla tenía cosas de pimentón y cosas de mermelada”.
Almorzaban en Horcher, y dice Pemán que la mayor preocupación del matemático era el problema lexicográfico de los géneros masculinos y femeninos otorgados a tantas cosas sin sexo, y él decidió anticiparle las líneas de su discurso de contestación.

Las lenguas indoeuropeas, le explicó Pemán, no tenían división de géneros por sexos, sino de cosas animadas e inanimadas.

(De aquí, quizás, el “hoy no nos vamos a animar” con que el Rodríguez aguafiestas rechaza las ofertas en la barra americanas de agosto.)

El sexo, quería decir Pemán, carecía de importancia. Los animales domésticos (en los que el sexo interesara) eran pocos, y los atendía la lengua por un procedimiento de heteronimia, con palabra distinta para el masculino y el femenino (caballo y yegua, toro y vaca).

Es la domesticidad la que exige la distinción del género.

El poeta hizo ver al matemático que los primeros poetas romanos dicen columbus, lo mismo para el palomo que para la paloma; pero que Virgilio dice columbus, columba, porque ya se utilizaban los palomares e interesaba el sexo de las aves.

El aumento de la domesticidad animal hizo que resultara demasiado gastosa la heteronimia y empezara a distinguirse el masculino y el femenino por un cambio de desinencia con la misma raíz: perro, perra. La prueba, según Pemán, es que los animales no domesticados (el ruiseñor, la liebre, la perdiz) no tienen masculino y femenino, porque sus sexos no son utilizados por el hombre en ninguna función doméstica. Pero al crear la desinencia los dos grandes grupos, masculino y femenino, quedaba en el centro una zona neutra y asexuada que había de ser afectada por la distinción de género. ¿Cómo? Por la creación poética. Las lenguas imaginativas ampliaron a todo la distinción de género. Fue masculino el Sol y femenina la Luna, por correspondencia de magnitud; y por fuerza y vigor, masculino el viento y femenina la brisa… Etcétera.

Pero Vera, la comisaria, que es checa y por obra de la partidocracia cobra una fortuna, viene ahora a traernos, en nombre de la socialdemocracia, la Igualdad de Género, es decir, la Distinción del Género que exige la domesticidad socialdemócrata.

Todo cuanto ha de hacer es ponernos a ver películas de Almodóvar.

La poshistoria –tiene dicho Sloterdijk es el milenario reino de la confusión sexual y del erotismo cómico.

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