Orquídeas trotskistas en las rebajas de agosto

Publicado por el Aug 4, 2011

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Mi florista mexicano de la calle de Lista ha colgado para agosto este cartel: “Todas nuestras orquídeas están con descuento”.
    Y al leerlo se me ha llenado de cosas la cabeza.
    La primera novela que recuerdo haber leído es “La Orquídea”, de Rafael Barón y Guillermo Sautier Casaseca: debió de resultarme tan turbadora que perdí para siempre la afición por la ficción. Aunque luego he sabido que la orquídea sale del griego y que significa testículo, lo que justifica que los doctores digan orquitis a la hinchazón de huevos.
    No volví a tener contacto literario con las orquídeas hasta el maravilloso “Trotsky y las orquídeas silvestres” de Richard Rorty.
    La historia de Rorty es que él creció con el compromiso público de pensar que la gente decente era trotskista y que las buenas personas serían oprimidas mientras el capitalismo no fuera superado.
    En cuanto a su compromiso privado, éste se centró en el Tíbet hasta que en las montañas del noroeste de Nueva Jersey descubrió las orquídeas silvestres: «Estaba seguro de que nuestras orquídeas silvestres, nobles, puras, castas y estadounidenses eran moralmente superiores a las llamativas e híbridas orquídeas tropicales que se exponían en las floristerías.»
    Pero al mirar hacia atrás, Rorty sospecha que en todo ello debía de haber un montón de sexualidad sublimada, y que su deseo de aprender todo lo que había que saber sobre las orquídeas estaba ligado a su deseo de comprender las palabras difíciles del libro «Psycophatia sexualis», de Karft-Ebbing. Sin embargo, a los quince años, consciente, además, de que había algo dudoso en ese interés por flores socialmente inútiles, se temía que Trotsky no habría aprobado su interés por las orquídeas.
    En resumidas cuentas: Rorty anhelaba un marco intelectual o estético que le permitiera fundir en una sola imagen realidad y justicia. ¿Qué entendía por realidad? «Aquellos momentos wordsworthianos en los cuales (especialmente en presencia de ciertas orquídeas de raíz coralina y de las más pequeñas y amarillas «lady slipper») me había sentido tocado por una inspiración». ¿Y por justicia? «Aquello por lo que luchaba Trotsky: la liberación de los débiles de la opresión de los fuertes». Buscaba, dice Rorty, un camino para ser al mismo tiempo un intelectual esnob y un amigo de la humanidad, un ermitaño solitario y un luchador justiciero.
    Y todo eso por una orquídea con descuento.

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