La Reforma Laboral

Publicado por el Dec 7, 2011

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Hoy está en un museo particular, pero hace años, al entrar en ABC, era lo primero que te llamaba la atención: ese aviso a navegantes del fundador de la Casa, don Torcuato Luca de Tena, el editor que sacó a los periodistas de la calle y les puso una Redacción y un piso, setenta y cinco años antes de la Constitución del 78 y ciento nueve de la Reforma Laboral que, según todos los sacamuelas, se necesita para alcanzar el pleno empleo en España. En ese azulejo está el secreto del mejor relato de la historia del periodismo español que uno haya leído. Éste:
       “Yo supe algo del nacimiento del periódico moderno en España –se titula la nota que Azpeitua escribe a los veinticinco años de la aparición de ABC, del que llega a ser un formidable corresponsal de guerra–. En aquel invierno se instaló el Centro de Reporters Judiciales en la calle de Santo Tomé. Era el Centro una habitación con apenas seis metros cuadrados de superficie y poco más de un metro sesenta centímetros de altura de techo. Una mesa y algunas sillas formaban todo el mobiliario. Pero teníamos luz eléctrica y teléfono. Y un brasero. Y un chico para los recados.
    ”Para llegar al Centro habíamos de pasar por una cuadra y trepar por una escalera de madera podrida, cuyos peldaños no guardaban la misma distancia equidistante, acaso porque faltaban algunos de ellos. Y al pasar por cerca de los caballos era prudente tranquilizarlos con el ‘güeno… güeno’ que, según creíamos, les haría desistir del par de coces.
    ”Desde nuestro Centro acechábamos la salida del juez de guardia, primera noticia de un suceso. ¡Cuán a gusto nos encontrábamos en aquel cuartucho! Ya no teníamos que pedir asilo en el cuchitril de los alguaciles, huyendo del frío tan frío de la plaza de las Salesas. Desde allí podíamos comunicar con las Redacciones sin buscar la limosna telefónica en los cafés y otros raros locales abiertos en esas horas absurdas que eligen los criminales, los ladrones, los suicidas y los diablos que prenden fuego a las casas. Aquel Centro nos dignificaba y libraba del tiritón. Se creó por iniciativa de los reporters de sucesos al servicio de los ‘grandes periódicos’, y la contribución mensual de cada Empresa se fijó en quince pesetas. El Globo, a cuya Redacción pertenecía yo entonces, era miembro… en precario. Verdad que quince pesetas representaban la cuarta parte del sueldo ‘señalado’ –con el dedo, como decía Julio Camba– al redactor-jefe. Aunque El Globo no pagaba, yo tenía un sitio cerca del brasero, con Ribera, Rosón, Jardiel, redactores de El Imparcial, El Liberal, La Correspondencia…

    ”Cierta noche se detuvo un carruaje en la puerta del Centro. Al principio no dimos importancia al acontecimiento: supusimos que era un coche de los que allí encerraban, de vuelta de un servicio extraordinario. Oímos luego llamar al sereno. ‘Un señorito juerguista’, pensamos entonces. Pero la misma voz preguntó: ‘¿Es aquí el Centro de Reporters Judiciales?’ Nos asomamos al balcón y sólo pudimos ver dibujada por la luz vacilante del farolillo la silueta de un hombre y, más devorada por la noche obscura, la del carruaje. ‘¿Quién será? –nos preguntábamos–. ¿Acaso uno de nuestros directores, en visita de inspección? ¿O bien un asesino fino y amable, que viene a darnos todos los detalles del suceso?’
    ”El sereno abrió la puerta de la cuadra al tiempo que le advertía: ‘Tenga el señorito cuidado con la escalera. ¡Agárrese a la maroma que hace de pasamano!’ Todos salimos a recibir al que llegaba. Subía con miedo, asegurando bien el pie en cada escalón. Por fin alcanzó la puertecita del Centro. Fue Ribera quien lo conoció: ‘¡Hombre, Muro! ¿Tú por aquí?’ Rómulo Muro tardó algún tiempo en reponerse del susto de la ascensión. Lo acosábamos a preguntas: ‘¿A qué vienes? ¿Traes alguna noticia? ¿Y ese coche? ¿Es que ha habido algún suceso fuera de radio?’ Muro, sin querer humillarnos, pero un tanto orgulloso, dijo: ‘Es el coche de ABC. Como hago los sucesos y la Redacción está tan lejos… Me traerá y vendrá a recogerme…’ ¡Un vehículo con ruedas de goma para el reporter de sucesos…! ¡Y yo que había de ir trotando detrás del coche del juez de guardia…!
    ”Todas las noches llegaba Rómulo Muro en su berlina y de madrugada se iba de la misma manera. Y Muro tenía un buen gabán y bufanda de lana. Para mí era el representante de aquella sociedad elegante que se reunía los lunes de moda en la Princesa y vivía en el barrio de Salamanca, el primer barrio de Madrid que olió a cera de parquet. Y mi envidia admirativa creció de punto cuando Muro dijo una noche: ‘El sueldo mínimo establecido por el director de ABC es de cincuenta duros, y se cobra puntualmente el día último de cada mes… La Casa de ABC se ha construido expresamente para Redacción y talleres del periódico… Hay cabinas telefónicas, taquígrafos para tomar conferencias que duran un cuarto de hora o más… ABC tiene corresponsales de verdad en París, Londres…’ Un compañero le interrumpió: ‘Es un periódico de monos (aludía a la información gráfica) y no da un artículo de fondo cada día.’
    ”No había comprendido que acababa de nacer el periodismo moderno en España.”

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