Infanta de España

Publicado por el may 23, 2013

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Prensa2013 196
A la Corrida de la Prensa asistió, desde una barrera de sombra, donde los caballeros aplauden con copa, como en el sol, la Infanta de España, Doña Elena de Borbón.
El toreo, nos dice Foxá, es casto y sensual; pueden ir a él los frailes y los niños, “pero jamás una mujer es más apetecible que ensangrentada de claveles en una barrera de sol”.
El toreo está fuera de nuestro tiempo; es un drama de capa y espada en el siglo del cinemascope. Y cuando una espada brinda a una bella mujer de anhelante pecho la muerte del toro, revive un piropo de hace veinte mil años.
En la Corrida de la Prensa ninguna espada brindó a la Infanta de España porque vivimos donde la vulgaridad ha hecho su obra maestra.
A Foxá le contaron que una niña francesa, en las arenas de Nimes, feminizando al toro y al torero (¡antes de la festivalización  por José Tomás de aquel coñliseo!), y con una visión modisteril del traje oro y seda, del vuelo de la capa y no comprendiendo la embestida, le dijo a su madre:
La vaca quiere comerse la falda de la señora.
Que tiene que ver con algo que Cocteau contaba de Sevilla, donde oyó de una chiquilla este resumen de la corrida:
Han matado a la vaca porque quería comerse el vestido de la dama.
Pero los heideggerianos sostienen que el entendimiento vulgar no ve el mundo a causa del puro ente.
¿Qué fue de la elegancia de un Cúchares cuando tuvo que ir a París a matar toros en la corrida que la emperatriz Eugenia organizó en la capital del Imperio?
Cúchares –refiere Madariaga– observó que en Francia a todo el mundo se le llamaba “vous”, que él oía “Bu”; y cuando se paró, montera en mano, para brindar el toro al Emperador, a la Emperatriz y al heredero, aún niño, que en el palco imperial formaban grupo, éste fue su discurso inmortal: “A Bu, a la señora de Bu y al Busito chico”.
Si no alcanza para brindis a una Infanta de España, ¿para qué queremos esta Tauromaquia?

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