Higiene revolucionaria

Publicado por el jul 22, 2011

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La burguesía, decía Ruano, cuando no se desquicia un poco, es insufrible en todas partes y a cualquier edad:
    –Yo recordaba la de España, casi horrorizado, y luego la fui encontrando con otro idioma, en Portugal, en Suiza, en Italia, en Alemania, en Austria, en Francia, idéntica, con su misma sordidez, su misma limitación, sus mismos problemas ridículos, su ausencia de imaginación y de todo atisbo de grandeza. ¿Pero iba a ser, por eso, revolucionario? ¿Para qué? ¿Es que estos pobres empleados, estos abogados matalones, estos médicos sin ciencia, estos enemigos naturales del espíritu amplio y fuerte (o débil, es lo mismo) del artista, del hombre de imaginación, del ser dramático y de vida intensa, no sobreviven de toda revolución con sus mismos asquerosos ahorros, con su misma hipocresía, con sus mismos vicios y su mentalidad de chorlitos pretenciosos?
    Todavía no he leído un diagnóstico más certero de la situación revolucionaria que vive la Puerta del Sol, uno de cuyos líderes de guardia se hacía muy de mañana su “toilette” en el cubo de agua del futuro Estado popular de los indignados.
    –Yo “un Estado popular” –decía el Séneca– lo concibo como un reino maravilloso, con muchos uniformes, y galones, y plumas, y unas ceremonias muy complicadas, y unas cortesías muy largas. Los médicos harían siempre confusas recetas y nunca mandarían específicos; y para que la gente se lavase no se hablaría nunca de “higiene”, sino de religión, como dicen que hizo Mahoma, que ése conocía a su gente.
    Y un último consejo de Ruano:
    –La Humanidad no cambia nunca y no van quedando, en fin de cuentas, más que dos grandes caminos para los que pensamos y sentimos contra todos los demás: el misticismo, esto es, la renuncia admirable a todo lo que esta vida miserable ofrece, o el cinismo, esto es, el aprovechamiento alegre y anárquico de todo lo que se pueda sacar de una sociedad depravada e imbécil en beneficio de nuestros sagrados caprichos, del culto de nuestra individualidad desesperada y fantástica.
    Y en ésas estamos.

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