Españoles febriles… y manufactureros

Publicado por el May 30, 2012

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    Ayer, a eso del cuarto toro (la hora de la merienda, cuando el crítico de Telemadrid se transforma en un Heliogábalo), unos forasteros en la Andanada pidieron a grandes voces al mozo de las coca-colas tres fantas de limón.
    Florito, el boyero laureado por la Comunidad, andaba con sus bueyes por el ruedo, él con su medalla, ellos con su esquilón, porque el presidente había devuelto, por inválido manifiesto, el becerro titular de Aparicio, y tenían que sacar en su lugar a un “graciliano” que sesteaba como sobrero.
    –¿Me da una factura, por favor?
    Eso dijeron al mozo de las coca-colas los forasteros de las fantas de limón, y el run-run de la andanada, la expectación ante la impredecible reacción del pobre Aparicio a los malos modales de ese “graciliano” que no venía en el guion, calló como callan los grillos a poco que la vibración del airecillo les avise de algo extraordinario.
    Tres tíos con su corbata y su crudillo exigían factura por tres fantas al mozo de la lima y el limón.
    –¿Factura? ¿De las fantas?
    –¡O un tique!
    –¡Si es que no llevo papel!
    Los forasteros eran administradores de fincas provinciales y venían de un almuerzo en la capital a base de rodaballo y rabo de toro. Nuevos españoles, partidarios de las cosas bien hechas. Gritones en los toros y estrictos con los gastos. Es decir, febriles… y manufactureros (de los de factura en la mano).
    Desde que una madrugada asistí a la acometida de un recaudador de la Sgae que, bajito y enchancletado, interrumpió la conquista de una reina de la barra que llevaba a cabo un epígono de Pablo Abraira para abrirse paso hasta el encargado que debía pagarle el diezmo por las notas de “Je t’aime… moi non plus”, no había visto tamaña perplejidad a mi alrededor. Y quise pensar que en el incendio del Windsor, en los archivos de las firmas auditoras que allí fueron pavesas, bien pudo estar la factura del mozo de las coca-colas por tres fantas de limón que unos forasteros se tomaron en la Andanada del 9 la tarde que Julio Aparicio se cortó la coleta.

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