El mendigo de Cioran

Publicado por el Apr 13, 2012

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    Se conduce por la calle de Lista con una cortesía conmovedora mientras carga con todos los pecados del mundo (financiero): otro caracol de la crisis sacando los cuernos al sol de la indigencia, cuyas espirales ya no tienen que ver con Chirino, herrero de Mircea Eliade, sino con Diógenes, filósofo de Émile M. Cioran.
    Herreros de Eliade y filósofos de Cioran.
    Eliade es rumano, y Cioran, también.
    En París, durante años, Cioran recibió la visita de un mendigo que no era Savater y que le planteaba preguntas sobre Dios, el mal y la materia.
    –Un día, en un momento de desaliento, me confesó que merecía su condición, que sólo era un mendigo y nada más, y que tanto su modo de existencia como sus obsesiones le parecían igualmente despreciables. Para levantarle el ánimo, le dije: “Para mí eres el mayor filósofo de París en este momento”. Me miró atónito y creyó que me burlaba de él. Después, desapareció. Desaparecer sin dejar huellas es el privilegio del mendigo.
    Pensaba en abordar al mendigo de Lista para hablarle de Cioran, pero me acordé de Bonifacio, el pintor, que era amigo de Ibarrola, el escultor. Ibarrola andaba dándole vueltas al lío de acercar el arte al proletariado, y en Bilbao, muy en serio, propuso a Bonifacio acudir a la salida de los Altos Hornos y entregar grabados suyos a los obreros.
    –¡J…, Agustín, que nos van a tomar por m…!
    Y se terminó la historia.

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