Correr tras el propio sombrero

Publicado por el jun 6, 2013

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Beneficencia 2013 127

Así tituló Chesterton uno de sus agudísimos ensayos.
¿Por qué se tiene la impresión general de que es desagradable tener que correr tras el propio sombrero?
Y observaba que la misma gente corre con mucha más pasión tras un pequeño y anodino balón de cuero de lo que correría tras un bonito sombrero de seda.
Se tiene la idea de que correr tras el propio sombrero es humillante, y cuando la gente dice que es humillante lo que quiere decir es que resulta cómico.
En Las Ventas hay un mexicano que todas las tardes pondera lo que más le gusta arrojando su sombrero.
La tarde de la Beneficencia el sombrero del mexicano cayó sobre la raya roja del tercio, que en Madrid siempre es blanca, menos cuando actúa Morante de la Puebla, que desea (y se le concede) ese capricho como extravagancia reveladora de status.
El mexicano sigue la lidia al frente de sus paisanos sin sombrero, como Aníbal marchaba al frente de sus tropas, o sea, “vértice nudo”, en palabras de Silio Itálico.
Ni siquiera ha de correr tras su propio sombrero, pues a la muerte de cada toro siempre hay un peón solícito que restituye la prenda a su legítimo dueño.
Entre bromas y veras, el propio Chesterton se sintió inclinado a creer que, en el futuro, que somos nosotros, el deporte de las clases altas sería la caza del sombrero en los días de viento, que en nosotros son los de toros.

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