Columnas de humo

Publicado por el Jul 1, 2013

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fuego seseña

Igual que todas las pompas son fúnebres, todas las columnas son de humo.
El periodismo ideal sería un campo incendiado lleno de columnas de humo.
Y el lector ideal, un Ethan Edwards interpretando con entereza en el paisaje las señales de ese humo.
Nosotros vemos, pero no entendemos, y tenemos que ir a Internet para saber que la columna de humo que ayer teníamos delante eran las pavesas de una nave industrial en Seseña.
Julio varonil, alegre y fecundo: se frotan dos maderas y nace un dios danzante.
Mas no es lo mismo, para el ánimo danzarín de julio, un fuego de trigal que un fuego de nave industrial.
Llegado el caso, del campo uno espera lenguas de fuego lamiendo la maleza, y en fuga, sierpes y alacranes con llamas en los ojos, roedores perplejos, pájaros enloquecidos, perrazos atrapados y una vecina vieja haciéndose pasar por Madre Shipton, la hechicera de Yorkshire que predijo el supremo incendio de Londres.
Todo el campo juliano temblando de promesas y lo que arde es, en un polígono industrial, una fábrica de plásticos, con sus bocanadas de humo negro y sus tufos de química del demonio que nos arruinan la siesta, que es la vida.
De ahí el aforismo, de maligna sabiduría, del Séneca:
Todos los pueblos que duermen siesta son prolíficos.

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