“Ceaushima” burgalesa

Publicado por el Oct 24, 2012

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    Los rumanos designaron a la remodelación comunista de Bucarest con el término “Ceaushima”, resultante de combinar el nombre de Ceaucescu con la catástrofe de Hirohsima.
    Se nos dice que en el tercer milenio la arquitectura, huyendo de la pesadez y de la masa, busca el aire (de ahí, entonces, tanta ventana).
    Menos lobos.
    La nueva Biblioteca Pública de Burgos, que ha costado un Perú, es obra del tercer milenio, y, sin embargo, compite estéticamente con la joya de la “Ceaushima” en el París del Danubio, Bucarest, ese Palacio del Pueblo en el corazón del Centro Cívico.
    Yo fui niño en esa plaza: ayudaba a misa, por las propinas, a don Fermín, mi primer Dómine Cabra, en la iglesia de San Lesmes, y merendaba pan con chocolate “Lacasa” en la función de títeres de Karraskedo en el convento de San Juan. En la plaza había unos tilos viejos. A su sombra estacionaban las camionetas con las vacas del mercado. Un mal día los niños pinchamos con un palo en las pezuñas a las vacas, que se vinieron arriba, derribaron la puerta de la camioneta y escaparon. La comisaría estaba enfrente y los guardias nos pegaron algunas tortas. Sobre ellas la Democracia levantaría luego una Casa de Cultura donde te prestaban libros de Cicerón, que era un autor que gustaba mucho en Burgos, y mis amigos, que hoy son todos catedráticos de latín, lo traducían como fieras. Aquella Casa de Cultura duró hasta el Segundo Renacimiento Español, traído por Zapatero, que derribó el absurdo edificio para levantar en el solar ese espantoso falansterio molinero (del ministro Molina, que lo presupuestó) que vemos desde el puente de San Lesmes y que tiene de arquitectura “aérea” (de arquitectura del tercer milenio) lo que tenga de hangar.
    Y así es como hemos pasado de la entrañable arquitectura árabe a lo Aníbal González, con la que se construían todas las cosas que los árabes no tuvieron nunca (urinarios, cervecerías, teatros, estaciones, plazas de toros) a la terrorífica arquitectura comunista a lo Ceaucescu, abrevadero estético de la triste izquierda española.

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