Calor y sexo (s)

Publicado por el Jun 30, 2015

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Cuarenta y dos grados en Madrid comienza a ser lo que se llama un “calor omeya”.

Y no sé si en las coincidencias de la ola de calor con el estallido del Orgullo Griego y la celebración del Orgullo Gay habrá algún intríngulis.

En La Ilíada, frente a la ciudad amurallada de Troya, que entonces se decía Ilión, los dos griegos más famosos, Agamenón y Aquiles, se pelean por celos. Agamenón se niega a devolver a la hija de un sacerdote troyano que ha tomado por esclava, y Aquiles, que canta en la lira y es supersticioso, se levanta y exige a Agamenón la entrega de la esclava a su padre… “para que se acabe la peste de calor que está matando a los griegos”, y que es tanta que no se ve el cielo, por el humo de las piras en que arden los cadáveres. El resto lo hace el orgullo (griego, por supuesto) y lo cuenta preciosísimamente a los niños José Martí: Agamenón contesta que devuelve a su esclava si Aquiles le compensa con la suya, Aquiles llama “borracho de ojos de perro y corazón de venado” a Agamenón y saca la espada de puño de plata para matarlo delante de los reyes, pero Minerva, que está invisible a su lado, le sujeta la mano. Así empieza la cólera de Aquiles, que llega hasta Varoufakis.

En cuanto al Orgullo Gay, hay que decir que Tomás de Aquino elige el calor para metáfora de la homosexualidad “innata”: aunque el agua no sea “naturalmente” caliente, puede ser “natural” que, en determinadas condiciones, se vuelva caliente. Boswell, que se ocupa del asunto, recuerda que para los teólogos primitivos el calor, además de “natural”, era parte de la verdadera esencia de la “naturaleza”:

Una de las definiciones que Alain de Lille dio de “naturaleza” fue “calor”. Y Thierry de Chartres veía el calor como “el poder creador y la causa eficiente”.

La vida, concluye Bertrand Russell, es un fenómeno poco importante, pues son muy pocas las estrellas que tienen planetas y muy pocos los planetas que pueden sostener la vida.

Durante la mayor parte de la pasada existencia de la Tierra, el calor era excesivo para que pudiera surgir la vida, y durante la mayor parte de su futura existencia hará demasiado frío.

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