Bolívar en Madrid

Publicado por el Sep 16, 2014

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Llegué a Edward Gibbon por su “Autobiografía” en Austral, de un papel como de barquillo madrileño, que me llevó a Turner por los tomos de su “Decadencia y caída del Imperio Romano”, que sería una de mis lecturas de juventud más gozosas, aunque luego acabé tomando cierta manía al autor en “Cambio 16”, donde, invariablemente, cada vez que lo citaba, una correctora creativa me sustituía su negrita por la de Ian Gibson, el zahorí lorquiano, que a ella le sonaba más.
Gibbon tuvo la ocurrencia de su monumental, pero entretenida historia en Roma, estando de visita en el Capitolio, mientras oía el rezo de los frailes franciscos.
Y en ese mismo lugar tuvo Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Ponte Palacios, Simón Bolívar para el mundo, la ocurrencia de liberar de españoles a la América española, razón por la cual Chávez, un militarón de zarzuela de estío, se encomendaría a él para sus cuartelazos posmodernos como forma de extender el marxismo a los pobres.
Marx recibió en 1858 el encargo de glosar para la Enciclopedia Británica la figura de Simón Bolívar, de quien en el mejor de los casos anota: “Como la mayoría de sus coterráneos, (Bolívar) era incapaz de cualquier esfuerzo prolongado; y su dictadura no tardó en convertirse en una anarquía militar, dentro de la cual los asuntos más importantes estaban en manos de favoritos, que esquilmaban la hacienda pública y luego recurrían a medios odiosos para restaurarla”.
¡Que Viva Bolívar! ¡Patria Socialista o Muerte! ¡Venceremos! –fue desde el principio el grito de Chávez.
En Colombia, mediados los 50, el presidente Gustavo Rojas Pinilla se negó a recibir a Pemán con el pretexto de que en un libro suyo se había metido con Bolívar, y cuando se aclaró que el libro era de Madariaga, Pemán ya estaba en Cádiz.
Hoy, de paso por la calle de Gravina (¡nuestro hombre en Trafalgar!), he visto en una fachada la placa ante la cual las muchedumbres de Podemos entornan los ojos como bolitas de alcanfor. Dice así: “El 26 de mayo de 1802, en la parroquia de San José que se levantaba en el solar que ocupa esta casa, Simón Bolívar contrajo matrimonio con María Teresa del Toro. Mayo de 1969.”
Y a ese Del Toro conyugal hay que atribuir, digo yo, el hecho de que la tauromaquia fuera respetada en la América bolivariana como no lo fue en la sanmartiniana.

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