Armas de los Oteyzas

Publicado por el ene 8, 2015

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Qué consternación, la mía, al sacar hoy al perro a la calle y tropezar con uno de esos carros de chatarrero que en Madrid empujan los dacios (¡el carro alegórico del igualitarismo democrático!) lleno de escudos heráldicos.
“Armas de los Oteyzas” rezaba una leyenda.
Y leo que sus armas heráldicas consisten en escudo de plata con una cruz de gules llana que lleva todo el escudo, y en cada uno de los ángulos una cabeza de moro.
El único Oteyza que uno ha frecuentado es Luis de Oteyza, autor de un gracioso libro de viajes (“De España al Japón”, hace poco reeditado) y de una entrevista a Abdelkrim, el caudillo rifeño.
Gente, en fin, capaz de morir, según Foxá, en el bosque solamente por aquello que Cyrano de Bergerac llamó enfáticamente “el Penacho”.
Y dice Foxá que Napoleón, con impertinencia de recién llegado a los penachos, preguntaba en Roma al príncipe Massino si era cierto que descendía de los Massinos de la República romana, y éste, ateniéndose a la antigüedad, le respondió:
No lo creo, señor; en todo caso éste es un chisme que se crepite en Roma desde hace dos mil años.
Cuando la Segunda República, no teniendo mejor cosa que hacer, abolió la aristocracia, lejos de quitarles nada a los duques, lo que hizo, dice Camba, fue añadirles la partícula ex.
¡Manda huevos, con la Revolución!
A Ruano el pueblo le es simpático en las aldeas y antipático en las ciudades, como la aristocracia le es simpática en su teoría y le suele fallar y defraudar en la práctica y el trato: “En cuanto a la burguesía, cuando no se desquicia un poco, es insufrible en todas partes y a cualquier edad. Yo recordaba la de España, casi horrorizado, y luego la fui encontrando con otro idioma, en Portugal, en Suiza, en Italia, en Alemania, en Austria, en Francia, idéntica, con su misma sordidez, su misma limitación, sus mismos problemas ridículos, su ausencia de imaginación y de todo atisbo de grandeza”.
¿Pero iba a ser, por eso, revolucionario?

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