Adiós a las chanclas

Publicado por el oct 16, 2014

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chancla

Con las primeras frescas, Madrid se desprende de sus chanclas, herencia socialdemócrata de la Europa de Bruselas, la capital del vacío “par excellence”, en definición de Peter Sloterdijk:
Bruselas encarna la voluntaria inoperancia de la política europea en la época de la tenaza. Con su mezcla de opulencia e inoperancia, era el mejor punto de convergencia para una Europa que todavía no veía ningún camino para superar su modorra.
Toda la mitomotricidad europea está en esas chanclas abandonadas a la puerta de un bar madrileño con vermú de grifo (el vermú, por cierto, que hace dispararse a los bocachanclas) en la noche de Santa Teresa, la santa andariega.
Véase, y no iré más lejos, la diferencia entre el chócolo-chócolo chancletero de nuestros jóvenes, anónimos y amodorrados transeúntes y, en su día, la travesía a gatas de la plaza de la Cibeles, para demostrar su despreocupación nietzscheana, del joven Maeztu.
¡Adelante, mis niños, el mar tiembla ante vosotros! –grita Vasco de Gama a su tripulación en trance de naufragio durante una tormenta en el Índico.

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