Un barco llamado Koppon

Publicado por el Oct 26, 2010

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Mientras esperamos el estreno de Museo Coconut, previsto para la semana que viene en Neox (y donde según Joaquín Reyes va a haber “tontunas a tutiplén”), tenemos la miniserie de Felipe y Letizia pa jartarnos de reír. Cualquier cosa que nos pudiera resultar ridícula de Hispania (por ejemplo, la melena de Lluis Marco, el Dávila de Hospital Central) era superada con nota por lo de los Príncipes. Que si Mark Zuckerberg no está muy contento con su retrato en La red social, lo de la miniserie es para que nuestros royals se suban por las paredes o tomen rehenes en Telecinco.

Mientras veía ambos estrenos tuve que hacer apresuradamente una columna para la edición de Madrid. Pero por cuestiones de espacio me dejé mucho fuera. Y además, ahora tenemos las audiencias. Que ha ganado Hispania con un 22,7 de share y 4.768.000 espectadores. El Principesktech tuvo 20,9 y 4.270.000, aunque el total con los extras de después alcanzara un 28,2 y 2.860.000). Frente a las tetas de Hispania, los eggs de lo de Telecinco. Que tuvo muchos. Quizá de lo poco cierto, en un retrato familiar en el que parece que Don Juan Carlos y Doña Sofía estén siempre juntos, es que el Rey lee La Vanguardia (como lee ABC).

Vamos a ver, ya sabemos que la estupenda Marisa Paredes no es Meryl Streep en su dominio de los acentos impostados, ¿pero en qué habla la Reina? ¿Por qué se empeñaron en dejar a los monarcas a la altura del betún? Una dominante; el otro, bobalicón. Por no hablar de lo chistoso de ver de pronto a José Luis Gil, o sea, el Juan Cuesta de Aquí no hay quien viva como secretario de la Reina o algo así (una figura indeterminada entre Aza o Cabrera). La Princesa, pese a ser la mejor parada en la historia (y pese a ir de listilla), tenía grandes frases: “Acabo de venir de New York” (¿de New York?). O “Tengo curiosidad por ver cómo te mueves en 80 metros cuadrados”. O “Me estoy haciendo pipí”. A la altura de otras de Hispania. De Natalie Poza: “Ocúpate de lavarlas, no me quiero poner joyas con sangre hispana”. O de Lluis Homar (que dejó con el Rey el listón muy alto): “Todo hasta donde alcanza vuestra vista será tuyo”.

Es verdad que Hispania ha tenido mejor audiencia (y me alegro, que ahí hay un esfuerzo de producción) pero no cabe duda que es mucho más jugoso hablar de Felipe y Letizia. Porque en Hispania ni siquiera están buenos (a lo 300, a lo Troya), lo que daría pie a unas risas a costa de los muchachos. Pero a lo que iba, es que hasta el documental (o lo que sea) de después tuvo su miga chanante. Salvo Mariángel Alcázar, que sabe de qué habla y estuvo allí en los momentos de los que habla, el resto es de una desfachatez que provoca sarpullidos. Y eso dejando aparte la pierna de Consuelo Font. Que Paloma García Pelayo tiene licencia para opinar de cualquier cosa (de cualquier cosa de la que podemos opinar cualquiera, claro) es conocido, pero recurrir a Isabel Rábago… Hombre, por Dios. “Jamás volví a ver ese brillo en los ojos y esa naturalidad de Letizia”, dice sobre la presentación de la Princesa en la Casa del Príncipe. De verdad, que parecía que había estado alumbrando.

 Lo que más me gustó de todo fue ese barco que sale en el noviazgo y que se llama Koppon. Es que es una serie del koppón.

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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