Truculento ahora es complicado

Publicado por el Nov 13, 2006

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Porter o Portero, qué más da. Las dos me dan más miedo que perder una apuesta y tener que ir a pedir un autógrafo a Fernando Fernán Gómez. Ya veo Dolce Vita como Cuarto Milenio. Con cague y con un cuchillo jamonero a mano (lo malo es que también tengo a mano el jamón y me voy a poner como el Kiko, que es una expresión adelantada a su tiempo). En realidad, lo de Telecinco me da mucho más miedo. Las historias son truculentas en cualquiera de los dos programas (truculentas, que según Marisa Martín Blázquez, significa complicadas). Televisión de investigación paranormal para ambos. Tan paranormal como que A tu lado haya mandado a Diego Arrabal a Moscú (qué gran momento el del indescriptible gorro y la nieve; vamos, que no había un techo bajo el que cobijarse, pero, claro, si se había comprado el absurdo tocado…) y que Dónde estás corazón conectara con Chelo García Cortés, que también había acudido al concierto de la Panto. Y aprovechando que la fiera estaba en Rusia, en Dolce Vita  sacaron a la ex prostituta Lulú, que había denunciando al former Paquirrín por amenazas. Está aquí IP y llama por teléfono a Telecinco como aquella vez a Canal Sur (‘que me deje en paz la familia Rivera’). O se presenta, con razón, con una ametralladora. Claro, que primero tendría que haberse enterado de qué demonios estaban hablando y en qué consistía exactamente el vídeo en el que salía el hermano feo de los Rivera (luego está el hermano locuaz). Entre que la invitada farfullaba el español y que los otros la liaban más, tuvieron que pasar horas para saber por lo menos que el vídeo estaba grabado en su casa y que no era cosa de sexo ni de putas (al menos eso entendí yo, pero ni caso). O sea, no podemos poner el vídeo porque nos llevan al trullo pero vamos a hablar del mismo lo que nos salga de los eggs (claro, que suponiendo que los llevaran a juicio, me río yo del juez que tuviera que ver lo del sábado;  se queda como Fernando Chinarro en Los simuladores cuando le dan la yema de Santa Teresa). Eso sí, antes nos habían entretenido con cosas como ese acoso al que someten a Gina Lollobrigida y su novio. Los siguieron al notario, te puedes cagar. Y como Gina tiene una especie de María Navarro pues les preguntó quiénes eran. ‘Periodisti, periodisti’, va y dice uno. Ay, si no fuera por estas cosas sería imposible aguantar. Si te quedas sólo con lo grotesco y lo truculento (complicado, ya saben) no se disfruta de la vida. De la dolce y de cualquier otra. Ni tampoco de Cuarto Milenio. El canguelo me dio con la historia de los niños fantasmas de Los Alfaques (como si necesitáramos fantasmas para que nos dé algo con semejante historia, que hace un par de semanas recordó  Juan Ramón Lucas en Elegidos; a mí lo del agua hirviendo es que me produce pesadillas). La risa me la produjo la posibilidad de que quien muriera en el bunker de la cancillería no fuera Hitler sino su doble más famoso. Porque el cadáver llevaba agujeros en los calcetines. Y cómo iba a llevar agujeros don Adolfo. Pero todo lo paso porque anoche pusieron  Te querré siempre en La 2 (81.000 espectadores y 3,3% de share). Título absurdo en español para una de mis películas favoritas.

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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