Sé dónde vives

Publicado por el Jan 8, 2007

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Estaba muy preocupada Isabel Gemio porque los niños no la iban a conocer. Lo dijo varias veces. Que como llevaba ocho años  (¿tanto tiempo?) sin programa en televisión no iban a saber quién era. Bueno, creo que podrían haber seguido viviendo sin eso.  Pero vaya, me ha enternecido la chica, qué le voy a hacer. Había un montón de niños en la vuelta de Sorpresa, Sorpresa (¿y pa qué vuelve?). Niños que hablaban y niños de teta. Y me he acordado del especial del  Un, dos, tres con críos que se hacía en Navidad. Eso si molaba (vale, eran otros tiempos, otras edades y otras teles;  de hecho,  estoy hablando de la época de Kiko Ledgard).  Pero el SS del domingo no era ni chicha ni limoná.


 El nuevo Sorpresa Sorpresa es el de siempre (que no es que yo quiera que cambie). La misma **** de siempre (rellénese con la palabra que se prefiera). Eso sí, le han quitado mi parte favorita, esa en la que Isabel Gemio bajaba las escaleras con la sencillez de Norma Desmond. Ya nadie baja escaleras (tampoco Mayra).  Abogo por que a los Telediarios se llegue por escaleras. Y a los polígrafos, para que por lo menos sea un espectáculo de revista. Paréntesis.  A continuación.


(Lo de Dolce Vita del sábado con la máquina de la verdad a Consuelo Alcalá fue, no sé cómo decirlo, la desfachatez del detector llevada al circo.  Si alguien creyó que lo de los polígrafos televisivos había alcanzado las más altas cotas de la miseria que no cambie de canal. Me pregunto si no habrá tomas falsas en las que se parten de risa. Esos primeros planos con fondo negro de Santi Acosta y de Consuelo Alcalá. Esa camisa de Santi, que parecía El Junco. Esos silencios prefabricados… Porque vamos, si te preguntan, esto es verdad, si tu hijo ha querido tener relaciones sexuales contigo, contestas que no antes de que terminen de formular el disparate, no dejas ahí un silencio dramático para que nos la imaginemos retozando con ese tío raro que tiene por hijo.)


  Pero me había desviado. Ya no hay escaleras para Isabel como las de antes (aunque otra Isabel, Pantoja, todavía sin esguince, bajó por unas y luego cantó Perfidia, que no Porfiria). El escenario de ahora es como el de Martes Fiesta o Esta noche, fiesta (lo de Íñigo) pero a lo grande. Y con chapas que cambian de color. Y con unos letreros en todo lo alto como los del Radio City Music Hall.  El primero en salir fue Iker Casillas, que a esas horas no había vuelto de La Coruña, claro.  Enlatado, o sea. Por lo demás, lo previsible. La Gemio, que se pasea entre el público con su micrófono y su rosa asustando a la gente (sé quién eres y sé dónde vives). Los famosos que salen para dar una sorpresa (y promocionarse) y ellos mismos se llevan otra. Pero todo muy light, sin que dé mucha vergüenza ajena. Una excursioncilla a Memphis (ese momento del “esquiusmi” de la Gemio), un nieto que abraza a su abuela, un extreme makeover... No me extraña que el marido no la conociera. La tía era una especie de mujer de las cavernas que, atención, se depilaba las piernas con una cerilla: “Huele un poco a pollo, pero bueno”.  Me parece que yo vería un programa que siguiera el día a día de este simpático ejemplar.

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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