¿Quién quiere casarse con la perla de mi hijo?

Publicado por el Jan 31, 2012

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Hijos

Cuando  hace unos días soltaron a Mar Segura en La Noria y en Sálvame, la ahora rubia no tuvo tanta gracia como en Mujeres Ricas. Porque además de las propias virtudes y melonadas de cada una, el programa de La Sexta contaba con mucho de artificio. Del televisivo. Es decir, de montajes y planos que enriquecían la nada. Aunque Mar ponía su granito: “Soy más de verbo que de sustantivo”, decía sin saber que con ello se manifestaba azoriniana (“Yo soy hombre de acción, no de palabras”, clamó el escritor en el Ateneo). En ¿Quién quiere casarse con mi hijo? pasa algo parecido.

Los contraplanos de Toya cuando una chica monísima decía que su padre trabajaba en la Universidad, “en seguridad”, eran un numerazo buscado y encontrado. Luego ella añadía: “Podía bajarse un poco la falda”. Pero el nuevo programa de Cuatro es una conjunción entre especímenes de zoo humano y gente que sabe hacer televisión. Una especie de Mujeres, hombres y viceversa con madre y postproducción. La naturaleza del reality permite que David sea alumno aventajado de la Academia Asnal (muy por encima de Rafa Mora, que a su lado es Bernard-Henry Levy).

Las candidatas de David eran Supervixens. Y le suelta a una: “Ponte al lado de mi madre… Tienes las mismas tetas”. Mientras, la madre se las abanicaba. Y así todo el rato. Toya y José Luis resultan un estereotipo rancio y buscado. Ella, un poco Rosa María Sardá con su Honorato. Y los dos, un sketch andante. José Luis: “Soy exclusivo, me puedo permitir el lujo de elegir”. Toya: “A esta no hay que pulirla” (después de que la belga se definiera: “Soy católica, religiosa, del Real Madrid y del PP”). O “Menos mal que hacía fitness”, después de que pasara por el sofá una chica un poco gorda.

La madre de Luis Ángel, el gay ordenado, y a la que no le gustan “los mohamed”, es junto a su hijo la pareja más homologable. Rubén, otro musculitos, es “una persona muy extrovertida, muy speaker” y también “guarrete en la cama”, cosa que asegura delante de la madre. Y luego está Daniel, de quien su madre pregona que es informático y virgen. El tipo es un intento fallido de Sheldon Cooper.

 Frente a la voluntad de estilo plano en la actual edición del veterano y resabiado Gran Hermano (con gente, inicialmente, tirando a normalita), en ¿Quién quieres casarse con mi hijo? (tonto) se ha buscado a lo mejorcito de cada circo. Y hacía tiempo que no teníamos un muestrario semejante. De momento, obtuvo casi un 11% de cuota de pantalla. La gran Crematorio, un 8%.

De estos atolondrados no esperamos más que unas risas. Ya lo decía Susan Sontag cuando los freaks se hicieron públicos gracias a Diane Arbus y a la recuperación de Tod Browning. Se trata de “la vida como espectáculo de horror en oposición a la vida como aburrimiento”.

 

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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