Para mis indiferencias

Publicado por el nov 30, 2005

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Sólo faltó La Veneno. Los “Digo…” de coda en los discursos de Krispin Klander me hicieron echar de menos al ordinario travesti pre Carmen de Mairena. Si Ruffus & Navarro Unplugged (¿qué se había tomado Navarro cuando puso el título?) fue el programa más visto del día en su franja horaria y superó el 20 % de cuota de pantalla, el extraño suceso obedecería a que era el primero y pilló al personal por sorpresa. Si esta cosa sigue atrayendo habrá que llamar a Grissom para que lo investigue. Voy a intentar decirlo finamente. Bueno, qué demonios, para qué dar rodeos, el programa de Pepe Navarro es una auténtica mierda.


Lo de la lectura de guión para-que-se-note (como los tirantes del sujetador de Florence Griffith) es un recurso que cansa, además de resultar inexplicable (¿es difícil memorizar semejantes tarugadas?). Que apareciera Pepelu y el público aplaudiera como si Groucho Marx  hubiera entrado al plató para presentar You bet your life me deprimió mucho. Sí, ya sé que los aplausos no son del todo espontáneos pero es que hicieron mucho ruido, Paspas. Y si todos los reportajes de investigación van a ser como el de las pastillas de Viagra compradas en la calle voy a empezar a pensar que lo de 7 días 7 noches es un programa de calidad. Y está la escenografía. Pepe se sienta en una mesa como de trabajo o de comedor y la colaboradora de turno, enfrente, dando los temas. Falta que diga “Siguiente”. Después de la de las pastillas llegó otra con un análisis de la familia. Cómo eran las familias antes y cómo ahora. Las de antes ganaban premios de natalidad (menudo lío se hacían, la locución del NODO llamaba a la familia Alcayde y ellos la llamaban Olayo). Las de ahora…. Un ejemplo. Una gorda inmensa (miren, no sirven sutilezas si se quiere dar a entender cómo era de gorda) llamada Espíritu (sin comentarios) que vivía con su marido y con su amante. Del marido y delante de él (literalmente, porque aunque estaban ambos sentado en el sofá, al pobre se le veía por detrás, aplastado) decía: “Yo no me acostaría con él por nada del mundo”. Que digo yo que el marido pensaría lo mismo de acostarse con semejante montaña de carne, pero allí estaba, callado, mirando a su tremenda esposa. Había otro miembro en la familia. Un hijo de ella que no era ni hijo del marido ni del amante sino de una relación anterior, que habló  de la convivencia en la Casa de la Ramona: “A veces discutimos, tenemos nuestras indiferencias. Eso es lo que voy a tener yo con el programa de Navarro, mis indiferencias”. Al final salieron todos los artistas invitados (Rambo, Igor, Pepelu, Krispin…) y Navarro se despidió hasta hoy “supongo que más tarde”. Encima.

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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