Operación Integración

Publicado por el Oct 9, 2006

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Todavía no me he repuesto de La dársena de poniente. Hacía tiempo que no veía una cosa tan ridícula. La producción de Linze (los mismos de Arrayán) parece, por todo lo que se ha publicado, que se mira en Falcon Crest. A ver, con las cosas de comer no se juega. Falcon Crest es de una época concreta. Si viéramos ahora a Ana Alicia haciendo de Melissa o las sábanas negras de seda de Richard Channing nos partiríamos de risa (como nos partimos con el conjunto de liguero de la amante de Sancho Gracia). La dársena de poniente bebe más bien de Belleza y poder o  de recientes telenovelas venezolanas. De esas de enormes casas blancas y secretarias con indescriptibles minifaldas. Y paro de contar porque en el fondo entiendo que incluso una serie como esta lleva detrás un montón de trabajo para que venga una gilipollas y diga lo que le parece. Y luego está la cuestión de que cuanto más absurda e irreal sea una producción así, más puntos.  Además, qué más da. El sábado pasado se podían ver los dos capítulos finales de la cuarta temporada de El ala oeste de la Casa Blanca. Sólo una cosa. Me parece bien que pongan dos capítulos seguidos, pero no creo que por eso se deba renunciar al letrerito de executive producers. Vale que cortaron para publicidad justo cuando se acabó el capítulo (cuando Leo va corriendo hacia la residencia para decir al Presidente que han secuestrado a Zoey), pero era un final anómalo, de los de continuará (aunque no lo pusiera), de los que enlazan con el siguiente sin ningún salto en el tiempo, y el espectador se habría sentido más tranquilo con el fundido en blanco del capítulo y con los nombres de los tres productores. Por lo menos es mi impresión. También es mi impresión que Operación Triunfo es este año Operación Integración. Es verdad que con los castings ya sabíamos que Encarna, la encantadora chica sorda (la de la foto), iba a entrar. Y también Jorge, el gitano. Memorable el momento en que el chico dice ‘Yo vengo de una familia humilde, trabajadora’ a la vez que se ve el plano del padre, la madre y los hermanos. Les faltó ponerse a bailar. Eso sí, a la pobre Claritzel lo de ser mulata no parece ayudarle. Ya es la segunda vez que se queda fuera. Mientras, en Cuatro, Peñafiel contaba cuando vio un ovni (acabáramos, ahora todo cuadra) y Raquel Sánchez Silva se convertía en el blanco de las envidias de todos los chiflados por House. Qué tía, hasta se tumbó en la chaise longue. Ahora, lo de las promos con el doblaje a lo Sabrina o a lo Cosas de casa se lo podían haber ahorrado. 

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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