Obsesión por Encarna

Publicado por el Apr 7, 2006

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Con la tabarra que dan, el título tendría que haber sido La obsesión por Encarna. Es un personaje que si hubieran pasado más de diez años desde su muerte aparecería en la serie de malos malísimos de El País Semanal (junto a la mamá de Hildegard Rodríguez, Louella Parsons y otras piezas de colección). El promocionadísimo programa (me niego a llamarlo reportaje de investigación) de Telecinco y Salta tuvo como principal protagonista al chófer de Encarna (era mejor El Junco, sosias de la doctora Zira pero un tío enamorado). La obsesión se supone que era la cantante peluda, pero tampoco es que se dijera nada especialmente nuevo, salvo la insinuación de la autoría del robo de unos milloncejos en la habitación de Encarna. Lo de las fotos de la playa en la que el Hola había suprimido la imagen de la locutora era un poco de chiste. Dos tías en biquini (un poco gordas, eso sí) acompañadas de Paquirrín tampoco son escenas eliminadas de The L word (hombre, es que en el caso de las fotos con la que canta sevillanas, mira quien baila y ahora hace monólogos por lo menos se daban la mano). Probablemente lo de las fotos fue la excusa para que saliera Diego Arrabal (el monaguillo), que es como Judith Anderson en Rebeca: te das la vuelta y ahí está. Me pareció destacable el testimonio de María Eugenia Yagüe, una de las víctimas de Encarna y que venció su maledicencia judicialmente (dijo cosas muy sensatas, por ejemplo: ‘La relación entre ellas era muy chocante pero quizá no fuimos todo lo respetuosos que debimos haber sido’). También algo de Hilario López Millán. Sobre todo, cuando dijo que después de la entrevista con la Milá (en Buenas Noches) llegó a la radio poniéndola verde, en privado y en antena. Faltaron las declaraciones de Mercedes Milá, que supongo que tendría algo que contar, pero, claro, seguro que no se ha prestado.  Si hubo algo que sí mereció la pena fue el sketch completo de Martes y Trece en la nochevieja del 91 (ese en que las dos amigas se van de viaje), y la posterior venganza contra Ramon Colom (contada por Jorge Javier, que aquí, chófer aparte, estábamos entre amigos). El Rolls, la comunión de Paquirrín, el programa mexicano (Aplauso se llamaba), unas cintas con conversaciones supuestamente tórridas, secuestros de moribunda, la tonadillera amiga (otra), el ama de llaves que forma parte de un trío de bandidos, la llave de un armario… Demasiada dispersión. Demasiados ingredientes para un sólo capítulo. Un programa sensacionalista y del todo previsible. Al final, como si se tratara de una tv movie basada en hechos reales, se rotuló qué es de los protagonistas de la historia. Menuda obsesión de pacotilla. No se pueden tomar una palabra así en vano. Como obsesión, me quedo con la de Rock Hudson y Jane Wyman en Magnificent Obsession. También me quedo con Jane Wyman as Angela Channing, un angelito al lado de Encarna. Del dedo, nada de nada. La audiencia, estratosférica (2.757.000 y 38% de share).

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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