Más grasa que el tío de Wikileaks

Publicado por el may 15, 2011

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Azerbaiyán

 

“Llevas más grasa en el pelo que el tío ese de Wikileaks”. La frase, claro es de Glee, de Sue Sylvester dirigida a Will Schuester. Pero lo mismo podría estar dedicada a Amoury Vasili, el concursante francés de Eurovisión, ese que parecía que estuviera cantando un musical. Los Miserables, con toda su épica. También le podría haber dicho lo de “Me ha parecido oler las galletas que los duendes hacen en el horno de tu pelo”.

Sue Sylvester se habría puesto las botas en el Festival de Eurovisión. Con el francés  y con los pelos parados del danés y los gemelos irlandeses. Hairspray. Ponte laca (o pegamento) si eso. Estaba yo por la tarde ojeando y hojeando Cultura Mainstream. Cómo nacen los fenómenos de masas, el ensayo de Fréderic Martel, y me parece que a Martel le falta un capítulo dedicado a Eurovisión (salvo error por mi parte, que acabo de empezar con el libro). Vamos, que el tío habla hasta de la música en el Líbano, la televisión en Dubai y el cine en El Cairo y se deja nuestro Eurovisión. ¿Es que no es mainstream? Aunque sea para darle palos.

Vale que lo veo por obligación, pero como parte de mi educación cultural y sentimental, le sigo viendo la gracia, siempre y cuando la balanza se incline más por el lado del petardeo. Es decir, que el rumano que no es rumano (superafavor de sus hoyuelos) se ponga esos pantalones de sans culotte. O que la húngara tenga ese aire entre Ann Coulter y Helen Hunt. O por el parecido de la canción islandesa al Enséñame a cantar de Micky. O porque el francés sea como Mark Paul Gosselaar (sobre todo cuando llevaba aquel pelo asqueroso en Raising the bar). O por Lucía Pérez pareciéndose tanto durante su actuación a Yolanda Ramos. Da que pensar. ¿Era un sketch?

 

Bueno, no me voy a excusar, pero escribir a toda marcha sin pensar ni retocar, es malo para la reputación, en el caso de que se tenga alguna. Quiero decir que dejo aquí lo que he expressescribí sobre el Festival de Eurovisión de anoche anoche:

 

 

Corriendo asustados para Azerbaiyán, que ha ganado Eurovisión.

Viva Francia y los doce puntos (cardinales) de mi España. Que vivan los doce juntos, que podría cantar Manolo Escobar.  Como a los amigos que son tuertos los miro por el ojo bueno, no pienso decir nada del pelo sucio de Amoury Vasili, ni de su épica canción a lo Bocelli, ni de que se parece a Mark Paul Gosselaar, el de ‘Salvados por la campana’. Salvados por los vecinos, que Portugal también nos echó la manita para no acabar en el fondo. Por lo demás, un sindiós.  Al pobre Íñigo le ha tocado el año de las votaciones al tuntún. “¿Pero qué les ha dado hoy a todos por Azerbaiyán?”,  se preguntaba.  Los ganadores Ell & Nikki, nombres azerbaiyanos de pareja prefabricada, fueron con ‘Running scared’, de un compositor sueco, los últimos en presentarse a Eurovisión tras una selección complicada. Una balada resultona que sonaba mejor en estudio. Lástima, con lo grande que era la canción italiana (segunda). Y encima sacaron a la Carrá en la gran rentrée para los votos.

El escenario es grande (un campo de fútbol reconvertido), la cita es grande, la escenografía es grande (y una para cada uno), los fans son grandes, Jose María Íñigo es… el presentador. Un amor, todo le parecía bien. Pero ya que los comentarios del magno acontecimiento anual se suelen encomendar a glorias de TVE en contrato de obra, que algún año le toque a Beatriz Pécker. Nos lo deben. El Festival de Eurovisión es una excursión a algo diferente, aunque todos los años nos parezca lo mismo, aunque Lena haya repetido (precioso lo de esas chicas de mono plateado entre ‘Metropolis’ y coreografía de Busby Berkeley). Es un sarao distinto. ¿Dónde vamos a ver al sueco (tercero) encerrándose como Houdini y luego rompiendo el cristal? Pues en cualquier teatro español. A Raphael, que participó dos veces a Eurovisión, lo he visto yo en el escenario romper un espejo con una silla.

Demasiado blanco todo. Metafóricamente y de verdad. Blancos la lituana Evelina y sus acompañantes. Blancos los de Azerbaiyán. Era un poco ‘Always’ de Spielberg. Pero es que los acompañantes de nuestra Lucía también iban de blanco. La actuación de España con los Sonny Crockett bailando y las palmeras de fondo era Corrupción en Miami con gaita. Enorme la chica con semejante copla, pero ya sabía que iba al matadero (al 23 con 50 puntos). Viendo a las serbias, lo mismo podríamos haber mandado nosotros a la Julieta Serrano de ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’. De todas maneras, un festival donde la canción del yogur griego llega tan alto tiene un gusto dudoso. Un festival donde los hombres van más escotados que las mujeres resulta rarito (y qué cantidad de actuaciones ‘todotíos’). Salvo por el canalillo de la lituana Evelina, las demás eran de lo más modosito. Ni la espectacular Maja (Eslovenia) con sus botas, guantes y vestido metálico enseñaba chicha. Para eso estaba el danés (por detrás) y los británicos (por delante). Por no hablar de la mucha laca de los irlandeses y el danés con sus pelos parados.

 En fin, en momentos como este me alegro de no ser eurofan. A Azerbaiyán iba a ir Rita.


 

 

 

 

 

 

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