Marrón sobre blanco

Publicado por el feb 28, 2007

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El soso de Cayetano Rivera (ay, hijo, con lo mono que estás callado) le decía a Jesús Quintero (a propósito de la prensa mala, que es algo así como el colesterol malo) que vivimos en un país el que parece que todo vale, y que el periodismo a veces se sale de madre. Por la tarde en Channel nº 4 ponían imágenes del último capítulo de Aída, ése que fue un monográfico con chistes sobre la monarquía (o sea, lo mismo de 7 vidas pero concentrado en un episodio). Eso sí, se olvidaron de toda la trama de Marisol Ayuso (adoro a Marisol Ayuso), que no paraba de hablar de su Juancar, con el que supuestamente tuvo una relación en su pasado de revista (“Después de actuar vino a verme al camerino y me llenó de orgullo y satisfacción. Dos veces”). Y también del cuelgue de Fidel con Jonathan, que si yo tuviera que elegir me parecería lo más burro del guión.


 Aseguraban en la mesa que a los guionistas de la serie les habían recomendado sujetarse un poco y suavizar los chistes. Enanos, curas, inmigrantes y todo lo que ya sabemos. Ignoro si con el último capítulo ha pasado algo (acababa con una frase de Luisma: “Yo tengo mucho de Borbón. No trabajo, me voy de los sitios sin pagar y me paso horas sentado en el trono. ¿Y no soy yo campechano?”). Es verdad que siempre habrá alguien que se moleste con algo, pero suelen pagar los que menos deben. Unos minutos después En Antena daba cancha a ese personaje llamado Fernando Gracia (el rubio con gafas transparentes que lleva los ojos pintados) que acaba de escribir un libro sobre Érika Ortiz. Shit yourself little parrot.  Lo llama “el libro más respetuoso” (como si hubiera muchos más, touch you the eggs) y supuestamente desvela “los secretos que Érika se llevó a la tumba”.


 La capacidad de este ser para la publicación de mierda (marrón sobre blanco) es increíble (el tío ha escrito hasta unas memorias de la Infanta Leonor; por lo menos le llevaría poco tiempo). Con respecto al de Érika, en una bazofia que ha escrito en tres días (confesado) asegura haber investigado mucho y, además, utiliza su formación como psicólogo para soltar que la familia no ayudó a Érika. Me llevan los demonios. Vamos a ver, yo podré no tener mucho criterio políticamente correcto, pero los chistes sobre los enanos, los inmigrantes, las mujeres, los abogados, los que escriben blogs,  el cáncer, los accidentes de tráfico, la familia real o lo que sea normalmente no me molestan. Podrán tener más o menos gracia, más o menos gusto. (Y habría que recordar lo que el otro día contaba el director de El Jueves, que una vez recibieron una carta desde Zarzuela donde les invitaban a reflexionar sobre lo que publicaban, y ya está.) Pero dejar a ese tipo salir en la tele (aunque Miguel Temprano y Jesús Mariñas lo pusieran a caldo) y hacer publicidad de sus barbaridades  es una de esas cosas a las que Cayetano se podría referir. Vale todo. Menos mal que la indignación me bajó con el polígrafo al que sometieron a la hija de una envenenadora. La chica tenía tal contorno que pensaba que las correas no iban a dar de sí. Creo que tuvo que pedir un extensor como los de los cinturones de seguridad de los aviones.

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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