La historia más grande jamás contada

Publicado por el May 7, 2006

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Esta noche a la una menos cuarto ponen la primera parte de Shoah en La 2. La primera vez que yo vi Shoah también fue en La 2. Varias madrugadas me tuvo pegada a la pantalla sin dormirme. Quizá porque era lo más impresionante que había visto y oído hasta entonces en la televisión. Después tampoco ha sido superado. Años más tarde compré el DVD en París. Lo tengo entre los de El ala oeste y Los Soprano, pero quizá debería guardarlo en la caja fuerte que no tengo. El documental de Claude Lanzmann es muchas cosas. Para Amos Oz tiene una dimensión tolstoiana, joyciana y proustiana. Según Simone de Beauvoir es una obra maestra pura. Según Paul Attanasio, del Washington Post, la película acontecimiento del siglo. La película, el documental, es de 1985 pero Lanzmann empezó a rodarlo en 1974 con supervivientes del Holocausto. (Shoah es la palabra hebrea usada después de la Segunda Guerra Mundial. Significa cataclismo, desastre, catástrofe.) La película, las nueve horas y diez minutos, no tiene música (con la excepción del principio y el niño al que los alemanes hacían cantar mientras se cargaban a la gente, niño de 47 años al que Lanzmann encontró en Tel-Aviv y llevó a Chelmno). Sólo hay palabras de los supervivientes y testigos (incluso de verdugos) o el ruido del tren de Treblinka. En las dos horas de esta noche se puede ver por ejemplo el testimonio de Michaël Podchlebnik, que reconoció a su mujer y a sus dos hijos en un camión de gas (el método de matar usado en Chelmno) que tenía que descargar. O el de Henrik Gawkowski, conductor de la locomotora de un tren de Treblinka, que dice que sin el vodka que los alemanes le daban como sobresueldo no habría podido soportar los gritos de los judíos en los vagones. O el de Richard Glazar, un campesino polaco que cuando veía pasar los cómodos  trenes de pasajeros que llevaban a los confiados  judíos checos les hacía la señal de cortarse el cuello. En la segunda parte de la primera época (y esto ya no sé si se verá esta noche) tendremos la comparación entre la cadena de muerte primitiva de Treblinka y la moderna fábrica de Auschwitz. No me gusta demasiado estar de acuerdo con Simone de Beauvoir (y no olvido que el Holocausto es una tragedia con un prestigio del que carecen otras que no son menores) pero Shoah es una obre maestra. Y La 2, emitiéndola, es esa cadena que debe ser.

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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