El primer reality psicológico

Publicado por el ene 28, 2009

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Óscar Cornejo y Adrián Madrid (Aquí hay tomate, La noria, Hormigas blancas) son los creadores de La caja, un formato español con proyección internacional gracias a la compra del mismo por Endemol. Es que es ‘el primer reality psicológico del mundo’. Nada menos. Me temo que me va a salir Unamuno. Para esto, mira, que inventen ellos.


Ante un programa semejante (entre Confesiones y terapia de choque), el primer sentimiento es el de perplejidad. No tanto porque se haga y se emita sino porque encuentren clientela. Es decir, ¿por qué va la gente a esa cosa?  (y parto de que son personas de verdad, no actores). ¿Por qué va un tipo que ha perdido un hijo, una hija, un nieto y una nuera en el accidente de Spanair a revivir la tragedia enfrente de España? ¿Por qué va una chica que tiene pánico a las cucarachas? U otra que trata de recuperarse de una ruptura y, en general, de una vida desdichada que comenzó con las palizas de su padre.


Los protagonistas están solos metidos en un cubo gigante sin techo (los planos cenitales se suceden). Sentados en una chaise longue de Eames de la que siempre les cuelgan las piernas y rodeados de paredes que son cuatro pantallas gigantes (como en esos pabellones de las Expos con tanto éxito: sin ir más lejos, el de Japón en la de Zaragoza), se les proyectan imágenes que pueden ser fotos de los familiares perdidos o las cucarachas temidas salidas como aliens del cuerpo de un viejo. Y también puede haber olores (el perfume del tipo con el que se ha cortado). La voz de una mujer en off va guiando a los de las piernas colgando. Parece que detrás de La caja hay asesoramiento de psicólogos y un trabajo previo al momento caja (al principio, un cartelón avisa que no lo hagamos en casa, amiguitos).


Todo es muy serio.  Por los cojones (perdón, pero no me sale otra expresión). No lo puede ser cuando a la pobre Estefanía, la de las cucarachas (que ni siquiera puede con la palabra), la subititulan con un ‘Cada vez que ve una cucaracha, su primer impulso es desnudarse’ (pero con las que le ponían en la pantalla no hizo ademán) o ‘Nunca ha utilizado un lavabo público por el temor a encontrarse con una cucaracha’ (aquí me acordé de Jenna en 30 Rock cuando dice a Liz que ‘el amor es ir a cagar al Burger King de la esquina’). O cuando Coral, que ha sufrido las continuas palizas de su padre, cuenta por qué les zurró en una ocasión (‘Una vez mi hermano y yo quemamos un coche’).


 No sé si las terapias sirven de algo pero un programa que me incita a reírme de las desgracias ajenas no me lo recomiendo a mí misma. Además, es tardísimo. Y además bis, podían haber elegido otro sillón, que ya tengo yo bastantes discusiones sobre si está muy visto o es un clásico del diseño. Ahora ya no me quedan argumentos. Es el fucking sillón de La caja.

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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